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Las Mil y Una Noches

  • Título / Denominación : Las Mil y Una Noches

Las Mil y Una Noches son hoy en día una obra maestra de la literatura universal. Las imágenes relacionadas con el relato contado por la princesa Scheherazade al Rey Shahriar, arriesgando su vida, están actualmente presentes en todas las culturas y todo el mundo ha oído hablar de sus héroes.

Estas historias, intercaladas las unas con las otras, nos cuentan, entre otras cosas, la Bagdad del califa Harun al-Rashid, el Cairo fatimí, la Damasco medieval…

Sin embargo, el estatus de la obra es complejo y, a pesar de la antigüedad del texto, las Mil y Una Noches han sufrido durante mucho tiempo, por ser consideradas como una obra popular de cara a la élite intelectual del mundo árabe, lo que explica su tardía fijación.

Paradójicamente, las Noches deben su celebridad a la traducción en francés que hizo Antoine Galland[1], entre 1704 y 1712, y que sirvió a la primera edición impresa, a partir de relatos contados por un maronita de Alep llamado Hanna Diab. Su enorme éxito, que implicó diversas continuaciones literarias en Europa, suscitó igualmente a lo largo del siglo XIX dos impresiones en árabe: en Calcuta primero y, posteriormente, en el Cairo – en Boulaq –, ediciones que fueron establecidas con textos árabes diferentes del de Galland.

En realidad, esta obra polimorfa nos ofrece una síntesis de la imaginación oriental, en tierras donde se sucedieron las civilizaciones: el imperio bizantino, el imperio sasánida, los califatos omeya y abbasí. A través de seis géneros literarios – los cuentos maravillosos, las epopeyas, las novelas, los cuentos de humor, las anécdotas y los cuentos morales - las Mil y Una Noches nos permitieron conservar las tradiciones orales de cuentos que se habrían perdido irremediablemente.

Si creemos la tradición árabe, la fuente sería persa. Es lo que afirma al-Mas’udi, a mediados del siglo X, en sus Prairies d’or (Praderas de oro), que confirma Ibn al-Nadim en el Fihrist, especie de catálogo literario redactado a finales del mismo siglo: «los primeros que compusieron cuentos (khurafat) fueron los persas… Este género se extiende y alcanza una gran fama bajo los reyes sasánidas… Los árabes trasponen esta literatura en su lengua y sus escritores más puros y elocuentes la pulen y le aportan un toque elegante, componiendo incluso en este género. El primer libro de este tipo fue el «Hazâr Afsâna», es decir Mil Cuentos».

La herencia persa no deja pues lugar a dudas y, en la versión traducida por A. Galland, se hace referencia inmediatamente a los reyes sasánidas. A lo largo de los relatos, Persia, India y China no dejan de evocarse. Los orientalistas del siglo XIX, como Sylvestre de Sacy, establecerán que los temas del Prólogo y el sistema que consiste en encajar los cuentos unos dentro de otros denotan una influencia india. R. Khawam, que retraduce el texto árabe sobre el que había trabajado Galland, emitió incluso la hipótesis de que el autor de esta versión habría podido ser un erudito de la ciudad de Kachgar (Turquestán chino), que la habría compuesto en vísperas de las invasiones mongolas del siglo XIII.

Sin dejar de lado la influencia persa, algunos investigadores más recientes, como A. Chraibi[2], insistieron igualmente en los aportes propiamente árabes. Numerosos cuentos toman efectivamente como punto de partida al califa Harun al-Rashid y a su visir Djafar, disfrazados de mercante y deambulante en las calles de Bagdad. Otros relatos de carácter más realista hacen referencia al Cairo y a Egipto y mencionan el nombre de grandes personajes fatimíes, ayubíes y mamelucos. Todavía más, se han descubierto en el texto tradiciones beduinas muy antiguas, provenientes de la península arábiga, como en el cuento del Mercader y el Genio. Se ha demostrado que bajo lo maravilloso se esconde, a menudo, una literatura de sabiduría del tipo de los Espejos de los Príncipes[3]. Por otra parte, se han encontrado recientemente dos pliegos de las Noches, que datan de principios del siglo IX y hacen alusión menos a historias sorprendentes que a historias árabes «ejemplares», procurando ilustrar la grandeza beduina.

¿Cuáles eran exactamente esas versiones antiguas que pasaron gradualmente de la parábola edificante (amthal) al relato sorprendente (‘aja’ib), tal y como se supone, concediendo un amplio espacio a los personajes de Scheherazade, Shahriar y Harun al-Rashid? Una de estas versiones la señala al-Qurti a finales del siglo XII, bajo el reino de al-Adid (1171), último califa fatimí. Se conoce también una versión resumida y arcaizante, titulada las Cien y una noches. En cualquier caso, estas versiones debían diferir sensiblemente del texto tal y como lo conocemos actualmente. Éste añade efectivamente el Libro de Simbad el marino y, a continuación, hacia el final, la Historia de Aladino o la lámpara maravillosa, que es un cuento sirio, y Ali Baba y los cuarenta ladrones, que es un cuento turco. Estas versiones antiguas no podían mencionar, como se encuentra en Galland, al ayubí Malik al-Nasir, al abbasí al-Mustansir o al mameluco Baybars (siglo XIII). Pero nos atendremos a las suposiciones. Todas las copias que sirvieron para las ediciones impresas - la de París, traducida al francés a principios del siglo XVIII y, posteriormente, la de Calcuta y la de Boulaq en el siglo XIX - no son anteriores al extremo final de la Edad Media. Están redactadas en un árabe que se llama «medio», es decir medio-clásico, medio-popular. Y, contrariamente a lo que se ha dicho, estas copias nunca dejaron de reproducirse en Oriente, mientras que incluso los textos impresos iban a desaparecer en poco tiempo. Por tanto, la elaboración de este corpus que reúne decenas de relatos (35 en Galland), divididos en mil noches, sigue siendo misteriosa, al igual que el origen de los cuentos, cuyos motivos, catalogados por los folkloristas, recurren a toda clase de tradición.

De cualquier modo, la obra fue y sigue siendo una fuente de inspiración fundamental para las artes. Grandes escritores como Proust, Edgar Alan Poe o Borges, cineastas como Lubitsch o Pasolini, o compositores como Rimsky-Korsakov se inspiraron de su fantástico universo.

Como hemos visto, las Mil y Una Noches se elaboraron sin duda a orillas de Mesopotamia o en Asia central, a partir de imágenes con fuentes diversas y variadas y, a continuación, enriquecidas con el paso del tiempo para constituir el texto que conocemos actualmente. El Mediterráneo sirve de base y constituye bien la interfaz que va a permitir la difusión de la obra, primero de sus orillas orientales hacia Occidente y, a continuación, en un segundo movimiento, de Europa hacia el mundo árabe y el mundo entero.

 


[1] A. Gallant (1646 – 1715) es un orientalista, anticuario del rey, especialista de los manuscritos. Habla griego, latín y hebreo, a los que añadirá el árabe, el persa y el turco, a raíz de los viajes a Oriente en torno a 1670.

[2] Aboubakr Chraibi, Las Mil y Una Noches, Historia del texto y clasificación de los cuentos, París, 2008.

[3] Género literario aparecido durante la Antigüedad, que se desarrollará verdaderamente en la Edad Media occidental y oriental. Especie de manual de buena conducta redactado en honor a los reyes, constituido de consejos y preceptos morales que describen las cualidades necesarias para el soberano perfecto.

Nota

[1] A. Gallant (1646 – 1715) est un orientaliste, antiquaire du roi, spécialiste des manuscrits. Il parle le grec, le latin et l’hébreu auxquels il adjoindra l’arabe, le persan et le turc suite à des voyages en Orient autour de 1670.

[2] Aboubakr Chraïbi, Les Milles et une Nuits, Histoire du texte et classification des contes, Paris, 2008.

[3] Genre littéraire apparu durant l’Antiquité qui se développera véritablement au Moyen Age occidental et oriental. Sorte de manuel de bonne conduite rédigés à l’intention des rois fait de conseils et préceptes moraux décrivant les qualités nécessaires au souverain parfait.



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