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El ladrillo

 

El ladrillo ocupa un puesto privilegiado como material de construcción en la historia de la arquitectura bizantina. Su producción, abundante bajo el Imperio romano, perdura en Constantinopla, en los Balcanes, en Italia, pero también en la costa occidental de Asia menor. En estas regiones, los ladrillos y mampuestos se utilizan principalmente para las construcciones, contrariamente a otras regiones del Imperio bizantino donde la piedra de sillería predominaba. La elección de un material más que otro se explica por su disponibilidad, pero también por el peso de las tradiciones.

 

La fabricación de ladrillos es un proceso muy largo. Primero se extrae la arcilla y luego se transporta hasta el lugar de fabricación. El emplazamiento de las fábricas de ladrillos se elegía por razones prácticas. Debían situarse cerca de los lugares de extracción de la arcilla o de los sitios donde se utilizaba y/o se vendían los ladrillos. La proximidad de un río o de un puerto para facilitar el transporte también era importante; de hecho la fabricación de ladrillos requiere grandes cantidades de agua. La arcilla era tratada y mezclada con agua. Se moldeaban luego los ladrillos en unas estructuras de madera y sobre una superficie cubierta de arena para que no se pegue la arcilla. Los ladrillos se quitaban de los moldes y se dejaban secar hasta cuatro semanas. Luego se cocían en unos hornos cerrados. El fuego era alimentado al mínimo durante doce horas. Se necesitaban varios días para que el horno se enfriara y para que se pudiera descargar. Desde el horneado hasta el momento en el que se sacaban los ladrillos, una ó dos semanas, incluso hasta tres según las dimensiones y la cantidad de ladrillos, eran necesarias. Así era el proceso de fabricación de los ladrillos en Constantinopla a partir de la Antigüedad tardía. Esta técnica evolucionó poco a continuación.

 

Estos ladrillos eran cuadrados con una cara lisa y otra arenosa. Llevaban a veces huellas de dedos, de pasos e incluso de animales, lo que atestigua que secaban fuera. Los ejemplares estándar miden entre 32 y 38cm de lado y entre 3,5 y 5cm de ancho. Aunque estas dimensiones evolucionaron con el tiempo, no son suficientemente constantes para constituir un criterio válido de datación de las construcciones. Debido a la composición de las arcillas utilizadas y a los modos de cocción, los ladrillos bizantinos son generalmente de color marrón anaranjado o rojo. Como en la época romana, los ladrillos llevaban a veces marcas. Estos ladrillos se fabricaban en las provincias, pero la mayoría de los que hemos hallado proceden de la capital y de sus alrededores. Una parte solamente de la producción era marcada. Las formas de las marcas eran variadas y generalmente formadas con uno o dos nombres de personas abreviados. Estas inscripciones mencionan a veces la función de los individuos, pero esto no nos da ninguna información acerca de su implicación en el proceso de fabricación. La interpretación de estas marcas sigue difícil. La producción de los ladrillos marcados continúa hasta el siglo VII. El final de esta práctica coincide con el declive de la actividad arquitectónica de este periodo. Estas marcas, cuya función es relacionada con la gestión de las existencias y de los pedidos, dejan de ser necesarias a partir del momento en el que las cantidades producidas disminuyen.

El coste de producción de un ladrillo era bastante elevado; así, como para los otros materiales, los constructores bizantinos recurren a menudo al reempleo. Los ladrillos se utilizaban tanto para construir edificios religiosos como para las construcciones públicas, los palacios ó también las casas.

 

La albañilería bizantina utilizó varias técnicas de aplicación del ladrillo. La más corriente, utilizada del siglo V al siglo XIV, consistía en alternar cimientos de mampuestos y cimientos de ladrillos. Existen otras variantes de esta técnica. Generalmente, consistía en erigir con mampuestos los dos paramentos de una pared hasta cierta altura y de llenarlo de forma desordenada con mortero y mampuestos, según una técnica antigua heredada de los constructores romanos. También se mamposteaban unos cimientos de ladrillos sobre toda la anchura de la pared de forma que la cohesión de la pared era reforzada por estos cimientos. La edificación del resto de la pared seguía según el mismo proceso.

Entre el siglo V y el siglo XII, se utilizaba muy poco el ladrillo sólo. La iglesia de San Vital de Rabean, consagrada en 547, ó la de Myrelaion en Constantinopla, datada aproximadamente de 920, se construyeron según esta técnica.

 

Una tercera técnica, llamada “tabicado”, se extendió en Grecia y en los Balcanes a partir del siglo X. Los ladrillos eran mamposteados alrededor de cada piedra de forma a enmarcarlas sobre todos los lados; la iglesia de Daphni en Grecia, alrededor de 1100, ilustra éste método. El proceso, que se designa habitualmente por la expresión inglesa recessed-brick technique, consistía en mampostear un cimiento de ladrillo sobre dos hacia atrás con respecto al paramento de la pared. Los cimientos hacia atrás se disimulaban debajo del mortero de forma que las juntas parezcan ser varias veces más gruesas que los ladrillos, como podemos ver en las murallas de Nicea.

El ladrillo también se utilizaba para realizar decoraciones. Podían poner en relieve el contorno de unas zonas del edificio; marcos de ventanas, de puertas, bordes de tejados… Se disponían los ladrillos de diferentes formas para crear toda clase de motivos, como líneas sinuosas, en forma de olas o en dientes de sierra, cruces o medallones aislados. También se utilizaron para realizar inscripciones, y hasta para imitar la escritura cúfica con fines esencialmente ornamentales. Encontramos por ejemplo inscripciones seudo-cúficas en las paredes de la iglesia de Panagia en el monasterio de Hosios Loukas en Grecia. Bastante sobrias hasta el siglo X, las fachadas de los edificios bizantinos son cada vez más decoradas, en particular bajo el reino de los Paleólogos (1261-1453).

Excepto en algunas regiones donde la piedra de sillería era privilegiada, las cúpulas, las bóvedas y los arcos se realizaban exclusivamente con ladrillos. La facilidad de aplicación y la ligereza de este material son los motivos obvios de su utilización. El ladrillo se empleará bastante tarde para realizar grandes bóvedas en la arquitectura romana y su utilización puede que proceda de la arquitectura persa sasánida.

L. B.

Bibliografía

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