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Los idrisíes (789- 974)

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La historia de la dinastía idrisí comenzó con la llegada a Marruecos de su fundador epónimo Idris I, en su huida de la persecución abasí. Descendiente de Alí, Idris I tomó parte en las rebeliones contra los abasíes protagonizadas por los miembros del clan alí, en particular su hermano Muhammad al-Nafs al-Zakiyya y su primo Husayn. Los rebeldes, que proclamaban el derecho de los alíes al califato, eran de obediencia zaidí, una de las principales ramas shiíes. A raíz de la masacre de Fakh en el 786, Idris partió hacia el Magreb, precedido de misioneros zaidíes. En el Magreb central y en Volubilis, fue apoyado por bereberes mutazilíes. A su llegada a Volubilis en el 788, fue recibido por los bereberes awaraba y proclamado imán. Inició la consolidación de su poder expandiendo su territorio por el Magreb hasta Tremecén. Pero su asesinato en el 791, organizado por los abasíes, puso fin a su proyecto. Idris II, nacido tras la muerte de su padre, heredó el poder en el 803, después de una regencia asegurada por los compañeros de Idris. El nuevo soberano prosiguió con la obra de su padre, mandó ejecutar al jefe de los awraba y se dotó de una guardia árabe.

El hecho histórico más destacado del reinado de Idris II fue sin duda la finalización de la fundación de Fez. Una tradición historiográfica, transmitida desde la Edad Media, le atribuye a él solo la fundación de la ciudad, pero las investigaciones históricas y numismáticas, han demostrado que Fez fue fundada en dos etapas. Primeramente, bajo Idris I se creó un primer núcleo a partir del 789 en la orilla este del oued Fez, que se denominó Madinat Fas, nombre que aparece en monedas acuñadas en los años 801 y 805. En el 808, Idris fundó en la orilla opuesta un segundo centro, denominado al-Aliyya hasta mediados del siglo IX. El poblamiento de los dos núcleos se reforzó con la llegada, en el año 814, de refugiados andaluces que huían de la represión subsiguiente a la Revuelta del Arrabal (Rabad) de Córdoba, así como de poblaciones originarias de Kairuán. Esta aportación demográfica fue la que dio nombre a las dos orillas: al-Ándalus (orilla de los andaluces) y al-Qarawiyyin (orilla de los kairuaneses). Fez sería una ciudad doble, con dos núcleos separados dotados de sendas murallas, hasta su unificación por los almorávides en el siglo XI.

A la muerte de Idris II en el 828, sus hijos se repartieron el territorio de la dinastía y el mayor, Muhammad, heredó Fez. El poder idrisí, dividido a partir de entonces, no volvería a reunificarse jamás. Los territorios gobernados por los descendientes de Idris II estaban esencialmente concentrados en el norte de Marruecos, con algunas posesiones en la región de Tadla o en el extremo sur del país. Los idrisíes siguieron cohabitando con otras dinastías locales: los salihíes de Nakkur, los barguatas de las llanuras atlánticas y los midraríes de Siyilmasa. Otros poderes efímeros, mutazilíes y jariyíes, fueron igualmente conocidos por la acuñación de sus monedas.

Debido a la fragilidad de su poder, los idrisíes no lograron constituir un aparato estatal e institucional elaborado. El principal atributo de soberanía que nos legaron fue su abundante acuñación de monedas de plata. Las leyendas de los dírhams idrisíes revelan claramente la obediencia zaidí de la dinastía y contribuyen a la legitimación de su poder insistiendo en su ascendencia alí. Las monedas acuñadas en una veintena de talleres conocieron una gran difusión en Oriente y fueron descubiertas hasta en tesoros monetarios de Rusia y los países bálticos.

La urbanización del Magreb extremo también conoció un desarrollo notable durante la época idrisí. Primeramente, se ocuparon las ciudades donde difícilmente se mantenía una vida urbana desde finales de la Antigüedad. Volubilis, la ciudad que acogió a Idris, es la que mejor conocemos: la ocupación islámica se concentró en el tercio oeste del lugar. Se han excavado dos sectores: por un lado, se han hallado casas monocelulares de tradición bereber, que datan probablemente del siglo VIII. Por otro lado, en el exterior del recinto romano, se han descubierto unas termas de época islámica asociadas a unidades residenciales, probablemente organizadas en torno a patios centrales; parece que este último sector fue abandonado durante el siglo IX. Otras ciudades antiguas, Sala (Chellah) y Tánger por ejemplo, siguen ocupadas.

En época idrisí, nacieron nuevos centros urbanos. Basra, cuyo nombre recuerda el de la famosa ciudad iraquí, y Asila, construida sobre el Atlántico, fueron talleres de acuñación de monedas a partir de principios del siglo IX. Cerca de las minas de plata, surgieron nuevas fundaciones, como Wazaqqur, que controlaba la mina de Jebel Awwam, o Tamdult, al sur de Marruecos, que fue fundada por Abd Allah, hijo de IdrisII. La extensión de la urbanización del Marruecos idrisí fue frenada en el siglo X debido al conflicto entre omeyas y fatimíes. En este contexto, al-Qasim b. Ibrahim, llamado Gannun, se estableció en Hajar al-Nasr, lugar defendido naturalmente donde mandó construir una fortificación inexpugnable.

Se conoce poca cosa acerca del arte idrisí. Los idrisíes, constructores de ciudades, nos dejaron algunos monumentos de importancia, sobre todo en Fez, como la mezquita al-Qarawiyyin, cuyo estado inicial fue totalmente transformado por las sucesivas restauraciones.

La mezquita de al-Qarawiyyin fue fundada por Fátima, hija de Muhammad

ibn Abd Allah al-Fihri, un inmigrante originario de Kairuán. El oratorio original, formado por cuatro tramos paralelos al muro de la qibla, se construyó a partir del 857. La mezquita debió de ser restaurada bajo Dawud b. Idris en el 877, como da a entender una inscripción esculpida sobre una viga de madera. Esta pieza única es el primer ejemplo del arte de la madera de Fez. Contiene caracteres angulosos en cúfico arcaico, cercano al estilo aglabí.

En época idrisí, la mezquita de al-Qarawiyyin fue un simple oratorio donde no se celebraba la oración semanal del viernes. Sólo adquirió esta función durante la presencia fatimí en la ciudad.

Según la tradición, la mezquita de al-Ándalus, en la otra orilla de Fez, se la debemos a la hermana de Fátima, que encargó su construcción a partir del 859-860. La planta inicial del edificio se desconoce debido a las sucesivas modificaciones y restauraciones.

El fin de la dinastía idrisí fue muy agitado. Tras el advenimiento del califato fatimí, Marruecos se convirtió en un terreno de enfrentamiento, directo o por aliados interpuestos, entre los fatimíes y los omeyas de Córdoba. Los linajes idrisíes, expulsados definitivamente de Fez en el 926, siguieron reinando en algunas ciudades del noroeste de Marruecos, como Basra o Hajar al-Nasr. Atrapados en el conflicto que oponía a los imperios fatimí y omeya, sus territorios acabaron cayendo en manos de los poderes zenetas y la victoria omeya sobre el último idrisí, al-Hasan ibn Gannun, aliado de los fatimíes, marcó el fin definitivo de la dinastía en el año 974.

El lugar de los idrisíes en la historia de Marruecos es sobrevalorado por la historiografía tradicional, sin duda en razón de la fundación de Fez. Su papel fue magnificado a partir de la época meriní, paralelamente a la emergencia de los linajes de shorfa, que reivindicaban un origen idrisí.

Y. B


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