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Qantara - El vidrio
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Qantara Qantara

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El vidrio

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La botella decorada de escenas cristianas

En Bizancio

En Bizancio, las primeras producciones de vidrio no se diferenciaban mucho de las tradiciones del Bajo Imperio. Aunque no se sabe nada de los talleres de aquellas épocas, es probable que algunos de ellos se ubicaban en Constantinopla, donde existía un barrio y una puerta de vidriería vinculados con la fabricación ó el comercio del vidrio. En 438, el Código Teodosiano precisa que los artesanos vidrieros que fabricaban piezas de forma, debían estar exonerados de impuestos. Si el descubrimiento de importantes cantidades de vidrio para vino y de lámparas en las excavaciones de Santo Polyeucte (Saraçhane Camii) en Constantinopla, atestigua la existencia de una producción local en los siglos VI-VII, el papel de la capital en la industria del vidrio es difícil de definir. En aquellas épocas, las producciones que mejor se conocen son las de las provincias del Imperio: los frascos de vidrio soplado con decoración moldeada o grabada adornada con símbolos judíos o cristianos de Siria o de Palestina, y los objetos de vidriería común encontrados en Sardes en Anatolia y en Caricin Grad en Serbia. La producción de vidrio en la capital parece haberse mantenido en los siglos IX-X – los Milagros de Santa Photinia cuentan que un incendio nació en un taller de vidriero situado en una calle que iba del strategion a la iglesia Santa Sofía.

En Corinto, dos talleres de vidrieros han sido descubiertos en 1937. Se identificaron primero como talleres bizantinos de los siglos XI - XII, pero aparece hoy que ya funcionaban cuando la ciudad pasó bajo dominio latino. Su producción de estilo franco se atribuye al final del siglo XIII, principio del siglo XIV. Los talleres se hallaban cerca de la plaza del mercado, dentro de un complejo de tiendas y de instalaciones artesanales. El vidrio era de excelente calidad, sin impurezas, y los escasos fallos de cocción demuestran el perfecto dominio de los artesanos vidrieros, probablemente italianos. Un horno, de plano cuadrado de 2,38 m de lado, fue descubierto. Se componía de tres niveles: una cámara de calentamiento coronada con una cámara de cocción, donde los componentes del vidrio entraban en fusión a una temperatura de 800 °C, separada por una pared espesa de la parte superior en la que los jarrones se enfriaban. El vidrio se componía de sosa, de cal y de sílice, coloreados con óxidos de hierro, de cobre y de manganeso. Cal, fragmentos de cuarzo, virutas de cobre y escorias de hierro se descubrieron de hecho en las proximidades del horno. Los jarrones con superficies lisas, encontrados en el sitio, han sido soplados sin ningún molde. En cambio, la mayoría de la vajilla era primero soplada dentro de formas con una decoración ahuecada, y luego soplada fuera de los moldes. La fabricación corintia correspondía esencialmente a una producción masiva de copas para beber – moldeadas y sopladas con una decoración imprimada o sin decoración – y de jarras de uso cotidiano. Algunos jarrones llevaban unas decoraciones estampadas, grabadas o pintadas, pero eran muy escasos. El Diversarum Artium Schedula, redactado en Occidente por el fraile Teofilo en el principio del siglo XII, contiene algunas indicaciones sobre los modos de fabricación de las piezas de lujo bizantinas. Según este texto “Los Griegos fabrican copas preciosas para beber que decoran con oro (...) [con] círculos, y en estos círculos imágenes, animales, pájaros, según un trabajo muy variado (…). También hacen copas para beber purpúreas o azul claro ».

En efecto, existe en Bizancio unos vidrios coloreados adornados con une decoración donde la pintura con oro y esmaltes policromos se asocian para dibujar follajes decorados con animales o personajes dentro de medallones. La pieza más famosa es la copa de vidrio purpúrea esmaltada decorada con una decoración mitológica, y conservada en el tesoro de San Marco en Venecia. Su atribución a un taller constantinopolitano de época macedonia es probable, aunque sin garantía. Otras piezas del mismo tipo, pequeños frascos cilíndricos con decoraciones zoomorfas y geométricas organizados en registros, se descubrieron en Corintio, en Chipre, en Novogrudok en el noroeste de Rusia y en Dvin en Armenia. Son datadas del siglo XI. Jarrones circulares, lámparas, copas y vasos de vidrio grueso y transparente, con paredes decoradas de discos en relieve, puntas o círculos cóncavos, parecidos a obras de cristal de roca antiguas o sasánidas, podían también haberse fabricado en los talleres de la capital en el siglo XI. De forma general, los jarrones de tierra eran copas más o menos profundas, platos ligeramente cóncavos, pequeños frascos cilíndricos, vasos para beber, botellas de largo cuello y también lámparas. Todas estas formas eran corrientes en la cuenca mediterránea. A estas producciones añadiremos jarrones simplemente decorados con un hilo aplicado que se desarrolla sobre toda la superficie de la barriga, o a veces erizados con picos organizados en bandas. En la época bizantina, cuando se utilizaban en un contexto eclesiástico, las patenas, los cálices y las luminarias de santuario ya no se diferenciaban de los demás jarrones por el empleo de símbolos cristianos, como era el caso en la época paleocristiana. Los amuletos de vidrio moldeado, las pulseras de vidrio hilado, las perlas en pasta de vidrio, las pequeñas joyas y los falsos camafeos constituían también parte de las producciones. Finalmente, en el siglo XV, los talleres de vidrieros descubiertos en Tesalónica fabricaban frascos relicarios destinados a acoger el myron de la tumba de san Demetrius.

El vidrio ocupaba un puesto importante en el arte del mosaico bizantino con la utilización de teselas de vidrio coloreado abundantemente empleadas en todo el Imperio del siglo VI al siglo XIV. Como una tesela pesa aproximadamente 5 gramos, se han necesitado más de 400 toneladas para realizar la decoración de los mosaicos de la iglesia de Santa Sofía en la época de Justiniano. Los descubrimientos, en las iglesias del Pantokrator (Zeyrek Camii) y de San Salvador en Cora (Kariye Camii) en Constantinopla, de fragmentos de vidrieras pintadas historiadas y de vidrieras coloreadas asociadas a numerosos plomos de engaste, ilustran perfectamente el arte de la vidriería bizantina en el principio del siglo XII. Las excavaciones en la iglesia de E. de Sardes han revelado otros ejemplos de vidriería, unos treinta trozos de vidrio coloreado datados del siglo XIII.

V. F.

 

En Islam

La cuenca mediterránea, a partir de la antigüedad, fue el lugar de numerosas innovaciones técnicas y artísticas, especialmente en el campo del vidrio. Los principales talleres vieron la luz primero en Mesopotamia y, a continuación, en Egipto, Grecia, Cartago, Roma y Bizancio. Descubierto a partir de la segunda mitad del III milenio a.C. en Mesopotamia, conocemos su composición gracias a Plinio el Viejo y su Historia Natural: se trata de silicio (arena), sosa (base alcalina también llamada natrón) y cal (contenida en la arena)[1]. Las primeras piezas fueron concebidas a baja temperatura, gracias a técnicas sofisticadas como el prensado en un molde, permitiendo producir perlas, el recubrimiento sobre núcleo o el vidrio de mosaico… En la época romana, el arte del vidrio alcanza un apogeo con un descubrimiento fundamental: el del vidrio soplado con caña, una invención muy probablemente hecha en Sidon en Fenicia, en el siglo I antes de nuestra era. Entonces, los artesanos vidrieros sabían construir hornos que permitían una fusión completa de los diferentes ingredientes que lo componen, es decir a 1420°C.

Los artesanos vidrieros de la antigüedad producían vidrio tintado y translúcido[2]. Tras la caída del Imperio romano de Occidente (siglo V d.C.), y la rarefacción de los intercambios entre Oriente y Occidente, los vidriados de Europa occidental ya no tuvieron los medios para continuar a producir objetos de calidad. Ya no podían importar las materias primas que tenían, en su mayoría, de la región del río Belus (Siria, Líbano) o Egipto. Los conocimientos se perdieron poco a poco. En el Mediterráneo oriental, por el contrario, los artesanos vidrieros hicieron evolucionar las técnicas heredadas de la antigüedad. El advenimiento del Islam no puso en entredicho las estructuras artesanales existentes: la mayoría de las técnicas que se encuentran en Islam tienen un origen antiguo; sin embargo, conocían considerables perfeccionamientos que condujeron a hacer de Oriente el primer productor de vidrio de lujo hasta el siglo XV[3].

Los omeyas (660-750) prosiguieron pues la producción vidriera heredada de la antigüedad, apropiándose algunos procedimientos como el del mosaico con fondo de oro, heredado del mundo bizantino y utilizado en la decoración del Domo de la roca en Jerusalén[4]. Aparte de los empleados corrientemente, conocemos pocos objetos de esta época. Los conservados demuestran la continuidad de la producción omeya, como un pequeño jarrón globular[5] soplado y decorado de una red puntuada y de cinco discos añadidos con decoración estampada de pájaro estilizado[6].

Bajo la dinastía abbasí (siglos VIII-X), la industria vidriera conoce un período fasto, diferentes procedimientos y objetos se ponen al orden del día, como la técnica del recubrimiento sobre núcleo. En la continuidad del pasado, el vidriero produce pequeños frascos moldeados a partir de un núcleo de arcilla que dará la forma interior del objeto. Introduce una barra metálica y sumerge el conjunto en vidrio en fusión. A continuación, hace girar el objeto para que la materia se reparta de forma armoniosa. Una vez el objeto enfriado, se retira la varilla metálica y se destruye el núcleo[7].

Se encuentra igualmente, en la decoración arquitectónica o en piezas de forma, la utilización del vidrio de mosaico (llamado a continuación millefiori por el efecto multicolor producido)[8]: los objetos se crean gracias a la fusión de segmentos o secciones de varillas de vidrio ensambladas en frío. Entre los más bellos objetos que ilustran esta técnica, tenemos el fragmento de pavimento que proviene del sitio de Samarra[9] y un bol sorprendente de la colección al-Sabah[10].

El vidrio lustrado vuelve a aparecer. Se obtiene gracias a una pintura a base de plata o de cobre aplicada sobre el objeto enfriado, que se cuece a continuación para fijar el color que varía según la temperatura, yendo del amarillo al marrón. Una copa de la colección al-Sabah, realizada con esta técnica, presenta en su superficie una decoración que parece representar una caza de grifo[11].

Se han encontrado en Israel vidrios soplados grabados o tallados con motivos geométricos, que datan de este mismo período. El Corning Museum of Glass posee una botella completa[12].

Otro período fasto para el arte del vidrio es el de la dinastía fatimí (siglos X-XII)[13]. En algunos casos, el vidrio se sopla y se trabaja como cristal de roca, según la técnica de la talla en relieve, con ayuda de una muela y de polvos abrasivos. Los vidrieros combinan este conocimiento romano con el del vidrio camafeo, del mismo origen. Crean así objetos excepcionales, superponiendo dos capas de vidrio, la más clara colocada bajo la capa coloreada, más fina. La talla hace aparecer la decoración en relieve entre las partes talladas[14].

Se encuentra igualmente, sobre objetos de vidrio soplado, una decoración sorprendente con hoja de oro realzada de esmalte azul pálido, colocado entre dos capas de vidrio translúcido. Se trata del vidrio sándwich. Uno de los raros objetos que nos ha llegado casi intacto es una botella[15].

 Del siglo XII al XIV, bajo los ayyubíes primero y, a continuación, bajo los mamelucos, los frascos y recipientes con decoración jaspeada se ponen de nuevo a la moda. Colores variados pero la mayoría de las veces oscuros son soplados y, a continuación, enrollados en mármol. Durante esta operación, se incrustan y peinan redes de vidrio, a menudo blanco, con el fin de obtener diferentes motivos. Es lo que se puede admirar en la «botella de Durighiello»[16].

Se desarrolla también, hasta el siglo XVI, la famosa producción de edificios dorados y exaltados. Estos objetos excepcionales se destinan a una clientela de alto rango. Se trata de copas, botellas, frascos, jarrones y lámparas (de mezquitas, mausoleos o madrasas), como la del Metropolitan Museum[17]. Esta técnica, proveniente de la utilización de esmaltes sobre metales preciosos, existía ya en Egipto y Siria en la época romana. El objeto se sopla primero y, a continuación, se pinta al pincel con esmaltes. Estos últimos se fabrican con polvos vitrificables muy finos, coloreados con óxidos, que tienen la particularidad de cocer y fundir a baja temperatura, gracias a la presencia de una base fusible. A estos polvos se añade una especie de aceite, que ayuda a su fijación. La siguiente cocción es delicada y no debe sobrepasar los 600 °C. Estas piezas prestigiosas conocieron un gran éxito en Occidente, traídas especialmente en el momento que las cruzadas.

En 1453, la toma de Constantinopla permitió que llegaran a Europa, a través de Venecia, diferentes objetos y técnicas vidrieras, que enriquecieron los conocimientos de los artesanos cristianos. Venecia y sus artesanos de la isla de Murano se convirtieron entonces en una referencia en la fabricación de objetos utilitarios y de prestigio. Fue en este periodo cuando comenzó la producción de «vasos Aldrevandin»[18], inspirados en los objetos de vidrio esmaltado orientales[19]. A partir de esta fecha, se invirtió la tendencia a la exportación de Oriente hacia Occidente y, después de Venecia, fueron las vidrierías de otras naciones europeas las que encantaron a los sultanes del Imperio otomano. Entonces sólo quedarán en el Mediterráneo oriental talleres para objetos corrientes, con algunas excepciones sin embargo.

V. de W.

Bibliografía

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http://www.ethnologie.culture.fr

Nota


[1] Arveiller, V., «El vidrio en el imperio romano», en Pour la Science, «el arte del vidrio en Roma», agosto de 2006, p. 55

[2] El cobre permitía teñirlo del color turquesa al rojo oscuro, el cobalto lo volvía azul oscuro, el hierro lo hacía pasar del oscuro al ámbar y al azul pálido, el manganeso lo descoloraba...

[3] Si el vidrio fue descubierto en Oriente Medio, este saber viajó, a partir de la antigüedad, más allá de la única zona mediterránea. En Asia central y en particular en Irán, vieron la luz decoraciones diferentes, contribuyendo a su vez a enriquecer la gama ya bien surtida de los artesanos vidrieros islámicos.

[4] Stierlin, H., El arte del Islam en el Mediterráneo, de Estambul a Córdoba, p.26-27

[5] Toledo Museum of Art, inv.1923-2215. Cf. Du Pasquier , J., Historia del vidrio, las obras maestras del Islam, p. 18-19

[6] Este motivo, testigo de los intercambios y de la emulación que se operaron más allá del área mediterránea, parece inspirado de las representaciones de pájaros sasánidas, se citará a título de ejemplo en el catálogo de exposición Sasanian silver, late antique and early medieval arts of luxury from Iran, Ann Harbor: The University of Michigan Museum of Art, august – september 1967, p.121-123, n°39, una copa de plata perteneciente a una colección privada, la de Nasli y Alice Heeramaneck de Nueva York, cuyo fondo está adornado con un motivo similar. Numerosos objetos islámicos, concebidos en otros materiales, retomarán este tema.

[7] Entre los objetos conservados, un pequeño frasco del museo del Louvre, inv. AA144, cf. Bernus-Taylor, M., «El vidrio en las colecciones islámicas del Louvre», p. 45

[8] Este término se utiliza para los vidrios venecianos que emplean esta técnica a partir de finales del siglo XV in Tait, H., Five thousand years of glass, Londres: British Museum Press, 1995, p.163

[9] Berlín, Islamische Kunst Museum, inv. sam.309. in Whitehouse, D., Glass of the Sultans, p. 148. Este fragmento se relaciona con los más pequeños conservados en el museo del Louvre (inv. OA 735/44 et OA 7735/45)

[10] Probablemente fabricado en Irak, este bol data del siglo IX. Es original por la disposición de sus colores y su motivo. Kuwait City, Dar al-Athar al-Islâmiyyah, inv . LNS 63 G, in Whitehouse, D., Glass of the Sultans, p. 150

[11] Copa de vidrio soplado, inv. LNS 319 G, in Carboni, S., Glass from Islamic Lands, the Al-Sabah Collection, p. 54-55

[12] Inv. 68.1.1., in Whitehouse, D., Glass of the Sultans, p. 167

[13] Paralelamente a estas creaciones lujosas se prosigue una producción más modesta, la de los frascos con decoración pellizcada, que combina formas originales y a veces colores variados. Una pequeña botella del Metropolitan Museum (inv. 08.138.2.), constituida de dos partes, es un buen ejemplo de ello: la base es verde pálido, con una decoración pellizcada, y la parte alta es azul oscuro, cf. Carboni, S., Glass of the sultans, p. 102

[14] L.A. Mayer Museum for Islamic Art, Inv. G.25-69, in Whitehouse, D., Glass of the Sultans, p. 182

[15] Londres, British Museum, inv. no precisado, Du Pasquier, J., Historia del vidrio, las obras maestras del Islam, p.101

[16] Londres, British Museum, inv. 1978.10-11.2, cf. Du Pasquier, J., Historia del vidrio, las obras maestras del Islam, p.80

[17] Inv. 17.190.991, cf. Carboni, S., Glass of the Sultan, p.232-234

[18] Este nombre se inspira de uno de los primeros artistas que firmaron su obra: Aldrevandinus, cf. Du Pasquier, J., Historia del vidrio, p. 130-135

[19] Como el del Museum für Angewandte Kunst de Francfort-sur-le-Main, inv. 6770



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