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Qantara - La madera
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Qantara Qantara

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La madera

En el Mediterráneo

La madera es un material orgánico, de origen vegetal, presente en la vida del hombre desde sus orígenes. Es uno de los elementos de construcción más antiguos, pero también, cuando hay producción de frutas, una fuente de alimentación importante. La madera y el carbón vegetal son unos combustibles, una fuente de energía calorífica cuya utilización puede ir más allá del ámbito domestico: son entonces uno de los eslabones esenciales de la cadena de producción de la mayoría de actividades artesanales y de técnicas que han ocupado al hombre (el trabajo del metal, la cerámica, el vidrio, etc.). Podemos entonces estudiar la madera bajo diferentes aspectos, pero sea cual sea el que elijamos, tendremos que tener en cuenta las relaciones existentes entre sus diferentes facetas y sus numerosos usos.

El tema tratado aquí pertenece esencialmente al campo de la arqueología; a través de esta ciencia multidisciplinar, podemos hacer una síntesis de los datos que han llegado hasta nosotros e interpretarlos a fin de poner en evidencia los diferentes usos de este material en el transcurso del tiempo, y a fin de cuentas, las realizaciones tecnológicas y artísticas a las cuales el hombre ha llegado gracias al trabajo de la madera en la cuenca mediterránea. La antracología, la dendrocronología y la datación por carbono 14, han permitido obtener en las últimas décadas datos fiables en cuanto a las especies utilizadas y a la edad de los fragmentos de madera descubiertos en diferentes sitios, construcciones antiguas y excavaciones arqueológicas. Estos datos han sido revelados fundamentalmente por la interpretación de vestigios.

En cuanto al espacio geográfico que nos interesa, el Mediterráneo ha sido la principal vía de comunicación y de intercambios culturales de todos los países bañados por sus aguas. Describir la historia, la circulación de personas, de bienes, de fenómenos sociales, políticos y culturales generados en el Mediterráneo desde la Prehistoria, sería evidentemente muy complejo; pero al menos podemos llamar la atención sobre los puntos neurálgicos donde se han desarrollado los acontecimientos más importantes para toda esta zona.

Las grandes civilizaciones que nacieron en la Edad de Bronce en Egipto y en Mesopotamia, y los Imperios greco-romanos que dominaron la época antigua, han asentado las bases del mundo actual, elevando sitios tan alejados como Cádiz en España y Jerash en Jordania, al rango de actores de las mismas primicias. El desmembramiento del Imperio romano y el nacimiento de entidades políticas de menor envergadura, han conducido progresivamente a las múltiples regiones a diferenciarse, cada una haciendo su entrada en la Edad Media dotada de matices propios que acabarán casi siempre siendo características de estas nuevas realidades. La huella greco-romana que se afirmó en estos territorios en el curso de la Antigüedad, no desaparecerá sin embargo de ninguna de las regiones del antiguo imperio, así hasta nuestros días.

Entre las tradiciones ancestrales, encontramos la que ha tratado del trabajo y de la utilización de la madera : de hecho, hay que conocer bien los comportamientos de este material para alcanzar excelentes resultados, a veces tan conseguidos que han podido sobrevivir en buenas condiciones durante miles de años a pesar de su fragilidad. La práctica ha permitido a los hombres saber que para sacar el mejor partido de la madera, hay que ser cuidadoso en su corte, en sus condiciones de almacenamiento y secado, y también con los diferentes tratamientos a los que se la puede someter para mejorarla. Evidentemente, no podemos poner todo esto en práctica, ni llegar a tales conclusiones, sin tener acceso a la materia prima, la madera.

Las condiciones medioambientales han evolucionado considerablemente a través del tiempo; ciertas regiones presentan todavía un aspecto totalmente diferente del que tenían anteriormente. Las alteraciones de las superficies boscosas son debidas a las actividades humanas. Además del olivo, diferentes tipos de coníferas prosperaban en la cuenca mediterránea, también en condiciones que no les eran muy favorables, y abastecían a las poblaciones que las explotaban en madera, en frutas (piñones) y también en resina. Parece a veces bastante extraño pasar revista de las diferentes especies con las que siempre hemos vivido y darse cuenta que por un fenómeno de enrarecimiento, parecen ser elementos exóticos que se utilizan sin justificación aparente en la repoblación de los bosques. El pinus halepens ó pino de Alepo (también llamado pino carrasco) situado en el Sur de España, es un ejemplo muy claro de lo que acabamos de mencionar; su presencia es constatada en las zonas boscosas secas típicas del clima mediterráneo, de Europa y Asia Menor hasta África del Norte donde crece a nivel del mar. El cedrus es originario del Oriente Medio y del Himalaya; sus representantes más cercanos a nosotros son el cedro de Chipre, el cedro del Atlas y el cedro del Líbano. La importancia de este árbol ha sido tan importante para este último país que figura en el centro de su bandera. El último ejemplo que mencionaremos es el ciprés, cuoressus sempervivens, originario de las regiones del Este del Mediterráneo, entre ellas Chipre, el sur de Grecia, el sur de Turquía y África del Norte. Es un árbol cargado de historia asociado a varios símbolos, tanto para el mundo griego y latino como para el judaísmo y el cristianismo. Además de sus propiedades medicinales, ha sido utilizado desde los tiempos antiguos para la construcción naval por su dureza y su resistencia a la humedad; Alejandro el Grande lo utilizó para construir la flota del Éufrates, y el Imperio otomano redujo a nada una gran parte de madera de ciprés de Anatolia y de África del Norte para construir y reparar sus barcos.

Sin embargo, todas las regiones que baña el Mediterráneo no disfrutaban de zonas boscosas suficientemente extensas para poder ser explotadas. La escasez de madera en ciertas zonas fue compensada por la importación, que nunca fue un problema, incluso en las épocas más antiguas. Egipto es quizás el ejemplo más evidente: desde el tercer milenio antes de J.-C, parece que mantuvo relaciones comerciales marítimas constantes con el resto del Mediterráneo mediante el puerto de Biblos. Desde este puerto, y en estrecha colaboración con Tiro, se importaban cedros del Líbano utilizados para la construcción naval, para fabricar muebles, para decorar los templos y las tumbas esculpidas, como la tumba llamada « El alcalde del pueblo » (Cheikh-el-Beled, siglo XXIV antes de J.-C), ó adornadas de relieves, por ejemplo la mastaba de Hesire (dinastías V y VI). Los cedros se explotaban también para fabricar los ungüentos y las resinas indispensables para los ritos funerarios y el embalsamado. A cambio, Biblos recibía de Egipto vajilla y joyas de oro, granito, rollos de papiro y telas de lino.

Para el mismo periodo, se conservan indicios de utilización de estanterías de madera en los archivos reales de la ciudad de Ebla, situada a unos 55 km de Alepo, que era uno de los centros urbanos más importantes de la Antigüedad.

Las construcciones erigidas en los palacios minoicos (Cnosos, Festos, Malia y Zakron) ilustran los antecedentes de la arquitectura griega; aquí, la madera desempeña un papel en los elementos verticales y horizontales. En los pórticos, se utiliza como elemento de apoyo vertical de forma troncónica; al interior, los pilares, las vigas de los techados y las armaduras de los muros eran de madera policromada. Por lo que se refiere al arte romano, ciertos autores, como Vitruvio, han redactado tratados que describen los modelos adoptados para la construcción de templos, de teatros, de termas, y de palacios en todo el imperio. En Pompeya y Herculano, ciudades petrificadas por la lava del Etna, quedan pocas obras de madera que no han sido afectadas por las llamas. Entre ellas figura el trono de madera de la villa de los papiros en Herculano recientemente descubierto. Otros rastros de realizaciones de madera han sido conservados, como la huella de las vigas utilizadas en los edificios que, junto a las pinturas murales, aportan datos esenciales para el estudio de la arquitectura y del mobiliario romano.

Así, no es sorprendente que los Omeyas que llegaron a Occidente dominaban las calidades y los diferentes usos de la madera. A la contrario de lo que se pudiera pensar, los musulmanes que llegaron a España, además de su conocimiento de los usos de las estructuras propias al arte de todo el Imperio romano, ya habían trabajado la madera de coníferas, a pesar de que fueran originarios de zonas semidesérticas que se consideran generalmente como poco arboladas. A pesar de que demostraron ampliamente sus facultades de asimilación y de adaptación, el peso de la romanización, que se hizo sentir tanto en Oriente como en las tierras donde se asentaron, dejó una huella muy evidente en todas las nuevas obras realizadas en la península, como lo atestigua la famosa mezquita de Córdoba. Tampoco debemos olvidar que materiales arquitectónicos procedentes de edificaciones antiguas han sido reutilizados a lo largo de toda la Edad Media, tanto en territorios cristianos como musulmanes, a pesar de los problemas de conservación de la madera. No más en esta época que precedentemente, el abastecimiento en madera procedente de países lejanos no era un problema. Formaba parte de una corriente de intercambios económicos mucho más amplia de lo que pensamos, por lo que se ha podido comprobar en cuanto a la época nasrí a través unos estudios recientes, y en particular los que realizaron el equipo del profesor Almagro Gorbea en el Cuarto Real de Santo Domingo de Granada (siglos XIII-XIV).

En las épocas modernas y contemporáneas, la madera sigue siendo la materia prima esencial en los campos de la producción, de la construcción de edificios, del mobiliario y de las decoraciones. Esta preponderancia ha sido puesta en cuestión recientemente, con la utilización de nuevos materiales, en parte favorecida por la carencia de madera. Sin embargo, el uso de la madera no fue olvidado, y proyectos tan importantes y de alcance universal como puede ser la nueva Biblioteca de Alejandría, han recurrido a la madera. Si la madera se encuentra en nuevas creaciones artísticas, también aparece en bellas realizaciones de carácter tradicional, a veces en provecho de restauraciones pasadas ó actuales de obras antiguas, por ejemplo los edificios mariníes de Marruecos; o también en las creaciones contemporáneas de techos de madera esculpidos que han sido ensamblados estos últimos años en España, tomando como modelo los tratados antiguos redactados en el siglo XVI. En definitiva, la madera sigue importante en los países de la cuenca mediterránea. Además, las actividades relacionadas con la supervivencia de las antiguas tradiciones en el campo de la ebanistería y de la carpintería siguen muy preciadas, sin olvidar las posibilidades que ofrecen los nuevos tratamientos y las nuevas tecnologías.

C. L. P.



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