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Qantara - La piedra
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Qantara Qantara

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La piedra

En Bizancio

En el Imperio bizantino, coexistieron varias tradiciones diferentes en lo referente a las técnicas de construcción. Sin embargo, lo que caracteriza su historia es un cierto conservadurismo.

 

La tradición central de la arquitectura bizantina consistía en alternar capas de mampuesto y capas de ladrillo. Fue utilizada de los siglos V al XIV. Otra técnica mixta, llamada «tabicada», se extendió en Grecia y los Balcanes a partir del siglo X; se mamposteaban ladrillos alrededor de cada piedra, de forma que quedaban enmarcadas por todos los lados. Por el contrario, la construcción de edificios con sillares emparejados era característica de los edificios de Siria-Palestina, de gran parte de Asia Menor, así como de Armenia y Georgia. La utilización de un material en lugar de otro debe explicarse no sólo por su disponibilidad, sino también por la persistencia de tradiciones locales.

 

En Georgia y Armenia, se desarrolló una arquitectura original. Muy productiva, esta región dejó numerosos monumentos que datan del siglo V o del siglo VI al siglo XIV. En el siglo VII, mientras que el Imperio bizantino declina y su actividad arquitectónica parece prácticamente terminada hasta el siglo IX, estas regiones parecen menos afectadas por la crisis. Estos territorios, unas veces integrados en el Imperio y otras autónomos, conocieron todavía periodos de dominación persa, árabe o turca.

 

La construcción con sillares convenía bien al levantamiento de los muros; poseía una cualidad estética y clasicista bastante evidente y, además de ello, permitía desarrollar en la fachada motivos esculpidos. El famoso monasterio establecido en el emplazamiento donde se erigía la columna de San Simeón el Estilita, en Siria, llamado actualmente Qal‘a Seman, es un buen ejemplo de esta tradición. Se utilizaron otros dispositivos, algunos absolutamente modestos, como se encuentran en los pueblos bizantinos de Siria, por ejemplo. La utilización de la piedra tenía sus límites; era difícil alcanzar distancias y alturas muy importantes para las bóvedas y las cúpulas.

 

La utilización de la piedra no se limita, sin embargo, a la construcción de los muros o las bóvedas de los edificios siro-palestinos, armenios o georgianos. En todo el Imperio, columnas, capiteles y dinteles de puertas se realizan con piedra, al igual que las instalaciones litúrgicas de las iglesias, los pavimentos y los revestimientos murales. Para estos diversos elementos, cuando se tienen los medios, se utiliza mármol. Muy a menudo, se trata de reutilización de objetos o materiales antiguos o paleocristianos.

 

La escultura arquitectónica bizantina heredó formas del repertorio clásico. Sin embargo, los bizantinos no se contentaron con modular o reutilizar elementos antiguos, sino que también fueron capaces de importantes innovaciones artísticas, como lo demuestra la escultura arquitectónica de la iglesia de San Polyeucto de Constantinopla, que data del siglo VI. Ésta desarrolla un estilo nuevo, inspirado de formas orientales y destinado a una gran posteridad. Aunque se siguen encontrando algunos raros ejemplos de escultura en altorrelieve, ésta desaparecerá prácticamente después del siglo VI.

 

Los revestimientos de opus sectile, decoración hecha con piezas de piedra talladas, de formas y colores diferentes, se utilizaban para adornar los muros. La iglesia de Santa Sofía de Constantinopla, construida entre 532 y 537, conservó tres hermosos ejemplos de ello, que reproducían motivos vegetales estilizados. Estas decoraciones van a desaparecer prácticamente, una vez más, después del siglo VI. Para los suelos, se empleaban baldosas de mármol o piedra más modesta. También se podían ensamblar piezas de mármol, según el mismo principio que el opus sectile, pero en un estilo y según una puesta en obra diferentes. Se encuentra este tipo de revestimiento de suelo en el monasterio del Cristo Pantocrátor en Constantinopla, construido entre 1118 y 1136. Se utilizaron placas de mármol policromas para adornar la parte inferior de los muros de las iglesias durante toda la historia de la arquitectura bizantina. Se disponía a menudo de tales placas, provenientes de un mismo bloque, juntas y de manera simétrica, para crear, por una especie de efecto espejo, formas abstractas. El gusto muy pronunciado de los bizantinos por este tipo de decoración, como por los mármoles en general por otro lado, queda demostrado no sólo por los ekphrasis, que se entretienen muy a menudo en describirlos, sino también por su imitación en pintura, que se encuentra en edificios más modestos.

 

La palabra «mármol», del latín marmor, ésta misma heredada del griego μρμαρος, designa desde un punto de vista geológico calizas o dolomitas metamorfoseadas, es decir transformadas a temperaturas y/o presiones altas. Sin embargo, los antiguos, así como los arqueólogos bastante a menudo, llaman mármoles a todos los tipos de otras piedras duras y de calidad susceptibles de ser pulidas, como por ejemplo los pórfidos, las serpentinitas o los granitos.

 

Para la decoración de los edificios de lujo durante la Edad Media bizantina, se recurría a mármoles de colores variados, provenientes de toda la cuenca mediterránea. Sin embargo, la arqueología a menudo tiene dificultades para encontrar indicios de persistencia de la actividad en las canteras de mármol después del siglo VI; algunas parecen incluso cesar su actividad más temprano. No obstante, los textos y algunos indicios arqueológicos muestran que la extracción del mármol se prosiguió más allá. Aun así, la producción de mármoles a escala de lo que se hacía durante la Antigüedad, por el declive económico y demográfico del Imperio, ya no era posible y probablemente no tan necesario. Efectivamente, la fuerte disponibilidad de materiales de reutilización provenientes de construcciones inutilizadas o deterioradas, así como la disminución de la actividad arquitectónica, quizás hacían superflua la extracción de nuevos mármoles. De manera general, la extracción del mármol en el Imperio bizantino después del siglo VI fue, se podría decir, anecdótica, y lo esencial de las piezas de mármol utilizadas fueron reutilizaciones. En Europa occidental, la actividad en las canteras de mármol retomará con vigor a partir del siglo XII, cuando se desarrolla la arquitectura gótica. En el Imperio bizantino, a pesar de la renovación que conoce a partir de finales del siglo IX, nada indica un fenómeno idéntico.

 

El mármol de Proconeso[1] es el más característico de la arquitectura bizantina. Se trata de un mármol de bastante buena calidad, polivalente, gris claro, con venas gris oscuro y a menudo azuladas. Extraído en cantidad a partir del siglo I d.C., se extendió ampliamente en todo el Mediterráneo y, en particular, en Constantinopla a partir del siglo IV. En la Edad Media, este mármol se emplea sobre todo en reutilización, ya que la actividad en los periodos meso- y tardo-bizantinos no se había establecido para las canteras de Proconeso.

 

La extracción de piedras de construcción más modestas está algo mejor demostrada que la extracción del mármol. Para la construcción, de manera general, se prefería utilizar piedras fáciles de extraer y trabajar, como las calizas o los gres. Tales rocas siguieron pues extrayéndose localmente, incluso si la reutilización desempeñaba entonces aquí un papel importante.

Las técnicas eran sensiblemente las mismas en la Edad Media que en la Antigüedad, pero los medios eran claramente inferiores. Tanto la cantidad como el tamaño medio de los bloques extraídos eran menos importantes. Además, durante el periodo bizantino, al parecer no se extraía de manera sistemática, sino más bien en función de necesidades puntuales. La utilización muy importante de ladrillo en la arquitectura bizantina es otro elemento que puede explicar el declive de las canteras, a menos que sea una consecuencia.

L. B.

 

Bibliografía

Asgari N., « The Proconnesian Production of Architectural Elements in Late Antiquity, Based on Evidence from Marble Quarries », in DagronbG.

 

Mango C., Constantinople and its Hinterland. Papers from the Twenty-seventh Spring Symposium of Byzantine Studies, avril 1993, Oxford, Cambridge University Press, 1995, p. 263-288.

 

Ćurčić S., « Marble », Oxford Dictionary of Byzantium, 2, New York / Oxford, 1991, p. 1295-1296.

 

Cutler A., « Marble Trade », Oxford Dictionary of Byzantium, 2, New York / Oxford, 1991, p. 1296.

 

Krautheimer R., Early Christian and Byzantine Architecture, Londres, 1986.

 

Mango C., Byzantine Architecture, Londres / Milan, 1986.

 

Ousterhout R., Master Builders of Byzantium, Princeton, 1999.

 

Sodini J.-P., « Le commerce des marbres à l’époque protobyzantine », in Hommes et richesses dans l’Empire byzantin. IVe-VIIe siècle, Paris, 1989, p. 163-186

Sodini J.-P., « Le goût du marbre à Byzance : sa signification pour les Byzantins et les non-Byzantins », Etudes Balkaniques. Cahiers Pierre Belon, 1, Paris, 1994, p. 177-201.

 

Nota


[1] La isla de Proconeso se encuentra en el mar de Marmara, situada entre los estrechos del Bósforo y de los Dardanelos y, por tanto, cerca de Constantinopla.



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