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Los ducas y los comnenos (1057-1185)

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Al no dejar Basilio II descendiente varón, le sucede su hermano Constantino VIII (1025-1028). Tras el breve e inconsistente reinado de éste, toma el poder su yerno, Romano III Argiro, casado con la hija primogénita de Constantino VIII, Zoé. Es asesinado en 1034 por su esposa y el amante de ésta, Miguel IV el Paflagonio. Tras la muerte de éste en 1041, el trono pasa a Miguel V el Calafate, hijo adoptivo de Zoé, que intenta alejar a ésta del poder encerrándola en un convento. Pero, a raíz de la reacción de la población de Constantinopla, Zoé regresa triunfalmente al trono en 1042, en compañía de su hermana Teodora, pero reina poco tiempo, ya que su tercer esposo, Constantino IX Monómaco, se convierte en emperador ese mismo año.

El reinado de Constantino IX (1042-1055) resulta desastroso para el Imperio, ya que el emperador agota las riquezas del Estado y devalúa la moneda bizantina. Cuando fallece en 1055, Teodora, la hermana de Zoé, toma las riendas del poder durante un año antes de cederle el trono a Miguel VI Bringas (1056-1057), su hijo adoptivo. Un año después, Isaac Comneno derrotará a Miguel VI, que abdicará en favor de aquél. Aunque Isaac Comneno I no reina más que dos años (1057-1059), es sin duda el mejor emperador bizantino desde Basilio II. Vuelve a llenar las arcas del Estado al decretar la supresión de las exenciones fiscales, la reducción de los salarios y la anulación de las donaciones de tierras. Desaparece en 1059 sin dejar heredero.

Sin embargo, cuando Constantino X Ducas (1059-1067) toma el poder, el Imperio se halla en una difícil situación. Los normandos han conquistado casi todo el sur de Italia, y los turcos selyuquíes ocupan varias regiones de Armenia. Constantino X muere en 1067 sin haber logrado grandes victorias militares. Su viuda, Eudoxia, asume la regencia en nombre del hijo de ambos, Miguel VII Ducas. En 1068, contrae matrimonio con el general Romano IV Diógenes (1068-1071). Pese a contar con un nutrido ejército, Romano IV sufre en 1071 un sonado revés ante las tropas selyuquíes cerca de Manzikert, a raíz del cual es capturado por los turcos. Los ducas lo destronan y proclaman emperador a Miguel VII Ducas (1071-1078). Para afrontar a las poderosas tropas turcas, este último recurre a la ayuda de un joven comandante, Alejo Comneno, que en 1078 se ha unido al jefe de las tropas bizantinas del frente asiático, Nicéforo III Botaniates. Miguel VII abandona el trono y se recluye en un monasterio. Nicéforo III no reina más que cuatro años (1078-1081): su matrimonio con la esposa de Miguel VII provoca un escándalo, y Alejo Comneno, que entra en 1081 en la capital, lo obliga a abdicar.

Alejo I Comneno (1081-1118) es el fundador de una de las dinastías bizantinas más importantes. Este emperador centrará todos sus esfuerzos en eliminar la principal amenaza que pesa sobre el Imperio, los normandos, pero se enfrentará asimismo a los pechenegos, pueblo turco que ocupa el norte de Tracia, al que, pese a un primer fracaso del ejército bizantino en 1091, acaba derrotando en el monte Lebunion. Posteriormente, Juan II Comneno (1118-1143), el hijo primogénito de Alejo I, logrará apaciguar el motín de los serbios e imponer la paz en 1128.

Durante el reinado de Manuel I (1143-1180), hijo de Juan II, la dinastía comnena alcanza su apogeo. Manuel I da pruebas de gran audacia tanto en relación con Occidente como con Oriente. Para ganarse el apoyo del emperador del Sacro Imperio Romano Germánico contra los normandos, contrae matrimonio con una allegada de Conrado III de Hohenstaufen (1138-1152). Logra someter a Raimundo de Poitiers, príncipe de Antioquía (1136-1149). Se enfrenta a los serbios y los húngaros en 1149. En 1158, acepta la paz que le proponen los latinos, lo que pone fin a las expediciones bizantinas a Occidente. En 1159, entra de nuevo triunfalmente en Antioquía, y el rey de Jerusalén reconoce la supremacía imperial. Pese a sus numerosos logros militares, el reinado de Manuel I concluye con la abrumadora derrota ante el sultán de Rum, Kilij Arslan II, en Miriocéfalo en 1176.

La época marcada por los desafortunados reinados de Alejo II (1180-1183) y de Andrónico (1183-1185), muy sangrientos, se termina con el saqueo de Tesalónica por los normandos.

Con todo, la cultura bizantina sigue difundiéndose durante los siglos XI y XII a través de las obras de grandes intelectuales y la fundación de nuevas escuelas; la vida intelectual sigue resplandeciendo durante toda la dinastía de los comnenos.

La mayoría de los encargos de obras de arte que han llegado hasta nuestros días proceden de la aristocracia. A partir del siglo X, numerosas fuentes documentales mencionan la existencia de talleres especializados en orfebrería y joyería, pero también en confección de manuscritos e iconos. La imagen imperial figura a menudo en manuscritos de destacada calidad ilustrativa. En los siglos XI y XII, la producción es particularmente abundante. El número de iconos de madera se multiplica, por una parte, gracias a la técnica del temple y, por otra, gracias a la generalización de la utilización de iconos tanto para la devoción pública, en las diferentes partes del culto, como para la privada.

Durante este periodo, el arte monumental cobra verdadero auge. Pese a la acérrima oposición de los iconoclastas, los monasterios se han multiplicado y cuentan con ricas decoraciones. Las iglesias de la época mediobizantina, cuyas dimensiones son reducidas debido a su función monástica o privada, suelen construirse de ladrillo, con cimientos de piedra o mármol. El desarrollo de la planta «en cruz griega inscrita» y la difusión del modelo arquitectónico de la cúpula sobre pechinas o sobre trompas de ángulo caracterizan la arquitectura bizantina de la época. El interior de las iglesias bizantinas se utiliza abiertamente para introducir un programa iconográfico que resalta los principales valores preconizados por la Iglesia.

E. Y.