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Qantara - La caligrafía
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La caligrafía

En Bizancio

La caligrafía en Bizancio hereda directamente de la hermosa escritura de los manuscritos de la Antigüedad, redactados con la mayúscula griega, en scriptio continua[1], cuyos primeros testigos llegados hasta nosotros vienen de Egipto[2]. La caligrafía en el Imperio bizantino recubre prácticas relativamente diferentes, más o menos refinadas según el destino de cada texto. En el siglo IV de nuestra era, el arte de la bella escritura concierne a los textos literarios, diplomáticos, escriturarios, patrísticos o incluso litúrgicos. Del Imperio romano de Oriente nos han llegado, en su mayoría, documentos escritos en griego, ya que el latín se reservaba sobre todo a los textos administrativos y jurídicos.

A partir de los primeros siglos del Imperio bizantino, el interés manifestado entre la élite culta por los textos clásicos y teológicos favorece la transmisión directa de los textos antiguos, copiados en formatos lujosos. Conocemos estas ediciones cuidadas gracias a raros manuscritos conservados, como el Codex Sinaiticus, o fragmentos de papiro encontrados durante excavaciones en Egipto[3]. La uncial griega, llamada de tipo copto, es un ejemplo de escritura de librero particularmente refinada. Se encuentra en documentos datados de mediados del siglo VI al siglo X. Utilizada por la cancillería patriarcal de Alejandría, esta hermosa escritura la retoman los coptos para transcribir su lengua.

La uncial sigue usándose durante varios siglos, evolucionando con el paso de las modas en cuanto a su ornamentación. Tras la invención de la escritura minúscula, forma una escritura caligráfica de lujo, reservada a los manuscritos litúrgicos. Las letras iniciales, los títulos de los capítulos, algunas indicaciones litúrgicas o glosas marginales inscritas en esta uncial o semi-uncial llamada litúrgica utiliza la tinta de oro: la crisografía. Este uso del color y/o de tintas lujosas debe relacionarse con el contenido de carácter sagrado o precioso del manuscrito[4].

En el último tercio del siglo VIII y a principios del siglo IX, se forma una nueva escritura griega, la minúscula. Actualmente, se sigue empleando, tanto para los libros impresos como en la vida corriente. El nacimiento de la escritura minúscula marca un momento crucial en la historia del libro bizantino. Efectivamente, hubo que retranscribir todos los libros con esta nueva forma de escribir. Fue el caso del Salterio Chloudov, datado del siglo IX, cuyo texto escrito originalmente en uncial se retranscribió en minúscula en el siglo XII. Las scriptoria del monasterio de Studion en Constantinopla, del Patriarcado y del Palacio imperial estaban entre las más famosas y dejaron un número considerable de manuscritos transcritos en la nueva escritura. El trabajo de transcripción explica por qué los manuscritos caligrafiados del siglo IV al siglo VII se conservaron muy raramente. Se pueden encontrar leyendo palimpsestos.

La minúscula permite escribir más rápidamente y ocupa menos espacio que la mayúscula. Los orígenes lejanos de esta escritura pueden encontrarse en el siglo III antes de nuestra era, cuando la escritura del libro se hizo más flexible y, de la misma forma, se distinguió de la escritura de las inscripciones. La minúscula precisa igualmente una característica embrionaria de la escritura de cancillería[5], el sistema de cuatro líneas[6]. Esta flexibilidad permite escribir más rápidamente, sin perjudicar la legibilidad. Fue en esta época cuando empezaron a emplearse ampliamente los signos diacríticos (espíritus, acentos). Inventados por el erudito alejandrino Aristófanes de Bizancio (siglo III a.C.), estos signos permiten acentuar la diferencia entre letras que ya tienden a confundirse. Estos signos son nuevas ocasiones de ornamentación de la escritura. Es interesante apuntar que el fenómeno de la minúscula carolingia aparece en Occidente, en la misma época.

El pergamino es un soporte que cuesta caro. Algunas tentativas de braquigrafía también tuvieron como finalidad un ahorro de espacio en la página. Estas escrituras condensadas aparecieron, entre los años 960 y 1030, en Italia meridional. Difíciles de trazar, estas especies de silabarios pueden estar tan adornados de trazos de cálamo o pluma como los textos redactados. Estas experiencias gráficas siguen siendo, sin embargo, fenómenos muy limitados en el tiempo.

Esta reforma de la escritura modifica los cánones de la caligrafía. Las exuberancias caligráficas se remiten más a partes específicas de los textos, como las iniciales o los títulos de capítulo[7]. En el seno de la escritura minúscula, nacieron varios estilos a lo largo de los siglos. Citemos como ejemplo, entre otros, la eckige Hakenschrift, de uso en los siglos IX y X, la «minúscula redonda» utilizada durante todo el siglo X, la Perlschrift del siglo XI, o la «minúscula del monasterio de los Hodegon», utilizada en la segunda mitad del siglo XIV. La Perlschrift, por ejemplo, es una escritura arcaizante, que hace referencia a modelos de la segunda mitad del siglo VII. Elegante, refinada, pero muy legible, está en adecuación con el gusto ornamental que domina bajo los Paleólogos, tal y como se puede ver en los mosaicos, las joyas o incluso las decoraciones de cerámica que han llegado hasta nosotros.

La monokondylos es una forma de caligrafía muy sofisticada, que ilustra un gusto por la complejidad y una cierta forma de perfección. Se trata de una escritura hecha de rizos y curvas, cuya característica es la continuidad perfecta del trazo. Este estilo de escritura se asigna, la mayoría de las veces, sólo a algunas palabras al final de un documento o un libro y parece presentarse en el ámbito bizantino hacia el siglo X. Al parecer, el origen de este fenómeno gráfico se debe buscar en las firmas de actos administrativos o judiciales oficiales. La excentricidad del trazado garantiza la autenticidad de la firma y, por tanto, el acto. Esta función rinde cuenta, perfectamente, de las características principales de la escritura monocondilo. Virtualmente ilegible y, por tanto, inimitable, debe seguir siendo descifrable y visible. Empleada en el colofón, apéndice que clausura el libro manuscrito, el párrafo monocondilo se ha convertido así en un simple fenómeno decorativo.

Es interesante señalar el interés por las bellas escrituras de los manuscritos que tenían algunos humanistas, que reproducían fielmente estas escrituras manuscritas, elegidas como modelos para el grabado de los primeros caracteres de imprenta. Aldo Manucio (1449–1515), impresor veneciano, es el primero en rechazar las mayúsculas amaneradas de los escribas bizantinos: si opta por la minúscula bizantina inspirada de una obra del siglo XV para las minúsculas, prefiere recurrir a la mayúscula de las inscripciones antiguas para las mayúsculas.

E. Y.

 

Bibliografía

Irigoin, J., Le livre grec des origines à la Renaissance, Paris : Bibliothèque nationale de France, « Conférences Léopold Delisle », 2001

Nota


[1] La costumbre de separar las palabras es muy tardía. Parece presentarse al mismo tiempo que el uso de la minúscula.

[2] Algunos griegos de Mileto (Asia Menor) fundan un comercio en el Delta del Nilo hacia el año 650 a.C. A partir de entonces, los griegos tienen acceso al papiro como soporte de escritura. No obstante, los primeros testimonios de libros griegos conservados no se encuentran antes del siglo IV a.C. y provienen de Egipto, único lugar donde el clima seco permite esta preservación del vegetal. El P. Berol. 9865 es un fragmento de rollo de papiro entre los más antiguos encontrados, que data del último cuarto del siglo IV antes de nuestra era y presenta a los Persas de Timoteo.

[3] Esta fuente de información se agota a partir de los años 640, cuando Egipto pasa bajo dominación árabe.

[4] Así, los evangelios de Rossano (Codex Purpureus Rossanensis, Italia, catedral de Rossano, siglo VI) se redactan con una tinta de plata en un soporte de pergamino teñido de púrpura.

[5] Los documentos diplomáticos de prestigio, escritos por escribas acostumbrados a la redacción de misivas dirigidas por altos dignatarios o por el emperador, presentan una escritura cuya elegancia marca la diferencia con la de los textos administrativos más corrientes.

[6] Las cartas se escriben en una línea real, trazada en la página en el momento de la disposición de los pautados; su altura se regula con una segunda línea virtual. Las otras dos líneas del sistema cuadrilineal, también virtuales, corresponden a la regulación de la separación en la que los trazos verticales podían subir o bajar. La escritura uncial obligaba a los escribas a limitar todas sus letras entre dos líneas.

[7] Codex Phillipps 1583 (Berlín, Deutsche Staatsbibliothek), fol. 46, o también fol. 66; o el fol. 8 del Salterio de París (París, BnF, Ms. gr. 139, siglo X).



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