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Qantara - La cerámica no glaceada
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Qantara Qantara

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La cerámica no glaceada

En Bizancio

El estudio de la cerámica común producida y comercializada en el Imperio Bizantino en la época medieval ha sido durante mucho tiempo desatendida por los arqueólogos, más preocupados por la vajilla fina y decorada. Así pues, las tipologías de referencia que permiten distinguir por periodos cronológicos, por centros de fabricación y por tipos, la cerámica de cocina o la cerámica de almacén y de transporte, quedan incompletas. Sin embargo, gracias a las fuentes escritas y a la documentación arqueológica, se puede hacer el inventario de los principales tipos de objetos y especificar su función.

El coste de la cerámica de cocina queda sin duda alguna bastante bajo. Sin embargo, era importante cuidarla. Según Teodorio Estudita, cuando un monje rompe un cuenco de barro comiendo, su negligencia le condena a una penitencia de trescientas postraciones o a mantenerse de pié a la entrada del comedor, los trazos del cuenco entre las manos.

En Bizancio coexistían dos modos de cocción para las carnes de carnicería y las aves, unas sofisticadas como el asado y la parrillada y otras hervidas o en guisado. En el caso de las cocciones hervidas, las ollas de barro (tsoukka, tsoukalion, chytra) van cerradas con una tapadera (épikythrion) o precintadas herméticamente con una pasta. Eustacio de Tesalónica hace referencia a una receta de pollo hervido que cuece con une salsa dentro de una olla tapada. Para preparar los caldos, los peces y la verdura también se cuecen en unas ollas. Las tsoukalia incluyen los cuencos para guisar, sin asa o con una sola asa y sobre fondo plano, y las ollas con dos asas, con la barriga globular y sobre fondo abombado que son de tamaño superior. En Bizancio como en Europa, la capacidad de los cuencos de barro para cocer las sopas no sobrepasa el valor de una comida, como lo indica la casi ausencia de ollas de más de 5 litros en las excavaciones. En el hogar, las ollas sobre fondo lenticular están puestas en un trípode metálico (pyrostates) o directamente en el suelo. En los casos de los platos fritos, unas sartenes de barro (tegania) sirven para cocer los pescados frescos y los huevos como el sphoungaton, que es una clase de tortilla con cebolla. Los teganitaisaltsarion o gararion, un hornillo que permite mantener caliente las salsas, e incluso el garum a base de caldo de pescado que acompaña las carnes hervidas. Estos hornillos de mesa llevan a veces adornos aplicados y vidriados al plomo. En las cocinas se encuentran también embudos de barro, coladores, hervidores, morteros, cuencos, tazones, cazuelas y otras pequeñas botes para varios usos. son unos pasteles fritos en aceite dentro de una sartén que se pone encima de las brasas. Los bizantinos utilizan un

Los textos evocan también el empleo de varios contenedores de barro destinados a conservar los productos alimenticios. El cerdo salado se conserva todo un año en una vasija de almacén junto al pescado salado y ahumado. La verdura se conserva en salmuera en unos koureloi; las aceitunas, los quesos y la remolacha se guardan en unos kouroupia. Para conservar las manzanas en inverno, las amas de casa las ponen en unas vasijas perfumadas mientras que las peras se ponen en jarrones de conservación y los higos secos se guardan en jarrones de barro con hojas de laurel. Para los siglos X-XIV, se han identificado a cinco tipos de ánforas (magarika): ánforas con barrigas acanaladas, ovoides, piriformes o cónicas y bases redondas que sirven principalmente al transporte del vino y del aceite. Algunas de ellas han sido fabricadas en la región de Ganos en la costa norte de la Propóntide. Están vinculadas con la producción y el comercio del vino del monasterio que se ha establecido en aquel lugar en el siglo XI. Los restos del Tekmezar I contenía en sus calas más de 20 000 ánforas cuyo peso aproximativo era de 12 kg cada una. Los restos del Camalti Burnu I, datados del siglo XIII, estaban cargados de 800 ánforas de un peso medio de 70 Kg cada una. Muy pocas están timbradas y algunas llevan unos inscripciones pintadas o entalladas que permanecen enigmáticas.

A partir del siglo X, las ánforas entran en competencia con otros contenedores de barro como las giarra, vasijas con tres o cuatro asas sobre fondo llano, introducidas por los mercaderes italianos, y con las barricas de madera. Entre los bienes que el monje Teodulos lega al monasterio de Xiropotamou, entre 1270 y 1274, se encuentran barricas y toneles (boutsia). Estos toneles sirven para el comercio de los racimos de uva y otras frutas pero también para el transporte del vino – en el siglo XV, el vino de malvasía (Peloponeso) es enviado hacia el puerto de Londres en unas barricas. Muchos clientes compraban mediante los vendedores de vino de la capital pequeñas cantidades de este brebaje para el consumo doméstico, lo transportaban en unas phlaskia, una cantimplora de barro y lo conservaban en unas stamnia sobre fondo llano. Las lagenia son contenedores medianos, con barriga esférica u ovoide con el fondo convexo, destinados a transportar el aceite, el vino o el agua. A veces, sus paredes internas están cubiertas de yeso o de poso. Para el servicio, los bizantinos utilizan unas jarras con boquilla tubular, embocadura en forma de trébol o con filtro. Las excavaciones en la acrópolis de Pergamo han revelado que casi todas las casas del siglo XIII poseen una sala para el almacén, como lo demuestran los vestigios de grandes vasijas - sesenta pithoi han sido contabilizadas, algunas de ellas medían hasta 1,50 m de altura. Podían contener entre 100 y 1 000 litros. Las vasijas las más gordas se disponen antes de construir las paredes de la sala y las más profundas son semi-enterradas. Van cerradas herméticamente con unas tapaderas y los productos se ponen en el interior para preservarlos de los insectos y de los ratones. Restos de resina de pino y de ciprés aparecen a veces en la superficie interna de estos pithoi. Según los inventarios domésticos de los siglos X - XV, las vasijas y las barricas se encuentran esencialmente en los hogares rurales en los cuales conviene almacenar, a largo plazo, varios productos.

Para la higiene, se utilizan también unos utensilios de barro. En el hospital del Pantocrator, en Constantinopla, entre los objetos empleados para el baño de los monjes enfermos se encuentran unas albercas, jarros de agua, recipientes para el jabón y también unos orinales (klokion).

V. F.

 

En Islam

En los sitios arqueológicos, la mayoría de las cerámicas exhumadas son no glaceadas y no decoradas. Son todas de pasta arcillosa. Hasta una fecha reciente, eran muy poco estudiadas por los investigadores. Objetos utilitarios – barreños, vasijas, marmitas, aguamaniles, lámparas, pocillos de noria, etc. –, evolucionan menos rápidamente que los de decoración vidriada y están, en los primeros siglos del Islam, todavía muy cerca de los modelos pre-islámicos. Algunos conocieron un gran favor popular hasta nuestros días, por su capacidad para conservar el agua fresca por evaporación a través de sus paredes porosas.

Sin embargo, muchos son decorados; los utensilios de uso corriente, cuya pasta no ha sido bien amasada, presentan decoraciones bastante bastas, efectos de relieve obtenido sobre la pasta todavía blanda mediante diversos procedimientos que no son innovaciones de los alfareros musulmanes. Se trata muy a menudo de una simple línea, recta u ondulada, realizada con un instrumento puntiagudo, a veces muy rudimentario como un bastón, que desgasta la superficie de forma más o menos profunda.

Según la anchura y la profundidad del trazo, se puede hablar de una decoración grabada o, si es fino, tallada; si la superficie vaciada es importante, de una decoración champlevé. La decoración peinada, realizada con el peine, permite trazar varios trazos a la vez. Un motivo repetitivo, en hueco, en una banda continua vertical u horizontal, puede obtenerse por impresión de una ruedecilla o cuerdecilla. Esta técnica era frecuente en los primeros tiempos del Islam. Si la herramienta utilizada es un punzón o una matriz de barro cocido que se imprime sobre la pieza, se habla de estampado. El motivo en hueco o en relieve de la herramienta puede ser muy pequeño (ocelos, puntos) pero también más grande y, en ese caso, ofrece a veces una decoración epigráfica, animal o incluso figurativa. La pared del objeto puede igualmente tallarse más o menos profundamente, con el fin de obtener una red geométrica, incluso recortada y calada, como en algunos tinteros magrebíes o españoles[1] y algunas envolturas de lámpara. En el caso de una decoración aplicada, es un lazo o una banda de arcilla modelada, o bien motivos previamente realizados en un pequeño molde que se pegan con barbotina sobre el objeto. Por último, la decoración puede ser moldeada, utilizando uno o dos moldes de barro cocido grabados y estampados con motivos diversos como, en las épocas ayyubí y mameluca, para las jarras y cantimploras. Estas decoraciones son a menudo utilizadas conjuntamente sobre los objetos más refinados. En este caso, la tierra se trabaja mejor y las paredes son menos espesas. Pueden, en ciertos casos, como a finales del siglo IX y en el siglo X, en el mundo iraní y en Mesopotamia, ser de una fineza extrema (uno a dos milímetros), lo que participará a la estética del objeto. Las mismas técnicas decorativas se encuentran en cerámicas vidriadas, generalmente monocromas.

 Estos objetos no glaceados, cuando la decoración se hace con cuidado, no faltan ni de belleza ni de humor. Las vasijas, más o menos grandes, realizadas con arcillas de aluvión del Tigris y el Éufrates, ofrecen decoraciones múltiples, dónde son todavía perceptibles las influencias antiguas. Las de los siglos VIII-X presentan motivos realizados según diversas técnicas. El principal se constituye de lazos de barbotina aplicados sobre el cuerpo del objeto, con más o menos relieve y regrabados, mientras que el fondo está decorado con motivos en hueco. La herencia del Oriente antiguo se manifiesta en la presencia del árbol, que separa dos animales adosados[2]. Del período ayyubí datan grandes vasijas ovoides que, para permanecer rectas, necesitan la presencia de un soporte. El cuerpo está tapizado de finos motivos de barbotina, la espalda y el cuello están tratados con una gran fantasía. En algunos casos, las hornacinas con arcos lobulados sirven de marco a un príncipe en trono; se encuentran también caballeros, personajes esquemáticos pegados sobre la pared, máscaras humanas y muchos prótomos de felinos que evocan los de piedra de la Anatolia selyukida. Estos motivos son tratados en diferentes relieves, modelados en arcilla o realizados con barbotina[3]. A veces, se incrustan en los ojos de los felinos pequeños cascos tallados de cerámicas glaceadas de diversos colores y se disponen aquí y allá, acentuando todavía más el carácter «barroco» de esta producción[4].

De los principios del Islam datan también un buen número de lámparas de barro cocido, moldeadas, todavía muy cercanas de modelos antiguos pero que llevan a veces inscripciones en árabe[5], discos con decoraciones muy variadas y un orificio circular, al parecer tapaderas de tarros enganchadas al asa. La mayoría de los sitios de los siglos VIII-IX, como Suse, han proporcionado este tipo de piezas. También han proporcionado, al lado de cerámicas comunes, objetos con paredes muy finas – boles, tazas, aguamaniles – de forma elegante. Los aguamaniles, a veces apenas adornados, presentan también un modelo corriente en aquella época para el vidrio y el bronce, del Irán oriental a las orillas del Mediterráneo: panza globular sobre base plana, largo cuello cilíndrico paralelo al asa terminada con dedal, que se engancha a la espalda y al labio del objeto[6]. Sin duda, estos objetos eran considerados obras de arte por sí mismos, ya que varios mencionan un nombre de autor, y eran apreciados por la clase dirigente, ya que algunos llevan el nombre o el escudo de armas de los personajes importantes. Así, una copa fragmentaria con paredes de una extraordinaria fineza, encontrada en Raqqa, en el palacio abbasí A, está rodeada de una inscripción cúfica que da los nombres del artesano – Ibrâhîm el cristiano –, del lugar de fabricación – al-Hîrah – y del destinatario – el príncipe Suleymân, hijo del príncipe de los creyentes; sin duda se trata de Suleymân, hijo de Abû Ja‘far al-Mansûr, que vivió en el siglo VIII[7]. Muy elegante, un aguamanil de los siglos IX-X, también sirio, sobre pedestal, con panza globular moldeada en dos partes, largo cuello y asa alta, adornado de finas guirlandas donde se mezclan las flores y los pámpanos, demuestra la persistencia de formas y motivos decorativos en boga ya en el período romano en Siria y en Egipto[8]. Los objetos moldeados a menudo en dos partes, con decoración la mayoría de las veces diferente, son muy numerosos. Muchos son tarros sobre pequeña base, con panza globular, cuello cilíndrico algo acampanado y asa en cuarto de círculo, que en su mayoría datan de las épocas selyukida, fatimí y ayyubí. Los temas decorativos son extremadamente diversos: hileras de óvolos, animales que pasan, bandas epigrafiadas, algunos están juntos sólo en una pieza. En ciertos casos, por ejemplo en sitios arqueológicos que comportan un barrio de alfareros, no es raro encontrar el molde y el objeto moldeado correspondiente[9]. La mayoría de estos tarros presentan un filtro calado en la base del cuello, para evitar la intrusión de hojas o insectos. Extremadamente variadas, las decoraciones de estos filtros son a veces bastas y, a veces, por el contrario, refinadas, a menudo llenas de humor. Fustât (Cairo antiguo) ha proporcionado muchos de ellos[10]. A estos mismos períodos pertenecen los recipientes cónicos a menudo llamados eolípilos, de tierra refractaria y cocidos en hornos especiales, y cantimploras hechas en varias partes, dos moldeadas, pegadas entre ellas con barbotina. De forma algo diferente, las cantimploras de la época mameluca están también muy decoradas y presentan a veces el escudo de armas de un alto dignatario, como Tuquz Timur[11], escanciador del sultán Nâsir al-Dîn Muhammad, que se convirtió a continuación en gobernador de Hama y, después, de Alep y, por último, en virrey de Damasco antes de morir en El Cairo en 1345.

La cerámica no glaceada sigue utilizándose hasta nuestros días para objetos utilitarios, como las alcarrazas y las vasijas de almacenamiento. Pero con el desarrollo de las técnicas de vidriado, las piezas elegantes y refinadas desaparecieron.

Además de los efectos de relieve, los alfareros recurrieron, para adornar sus obras, a efectos de color. En los casos más sencillos, es un glaceado coloreado que esconde el color de la arcilla del soporte[12]. Pero el artesano puede también jugar con los efectos de contraste y colocar sobre objetos grandes, con paredes más bien espesas, decoraciones geométricas pintadas de rojo y negro. Este tipo de producción parece característico de la Siria central y meridional del siglo XIII al siglo XV. Pero también se utilizaron otros procedimientos. Una serie de objetos, la mayoría rotos, encontrados en Suse, se adornan con inscripciones cursivas a la tinta negra, muy difíciles de descifrar[13]. En algunas piezas sencillas, como lámparas de aceite con formas diferentes de las imitadas de los modelos antiguos, aparecen algunos tímidos goteos glaceados, amarillos o verdes. Por último, sobre la tierra dejada desnuda, algunos objetos presentan una decoración vidriada monocroma o policroma, rodeada de negro, técnica llamada de cuerda seca parcial, rápidamente reemplazada por la cuerda seca total, que no deja ver la arcilla del soporte. Esta técnica, cuyos ejemplos fueron exhumados en Suse, fue muy preciada en al-Andalus[14].

M. B. -T.

Nota


[1] Esta decoración también puede recubrirse con un vidriado monocromo.

[2] Por ejemplo, el cántaro con cabras montesas enfrentadas a ambos lados de un eje vegetal coronado de una media luna sasánida, los largos tallos frondosos que decoran los huecos realizados con ruedecilla (Nueva York, Metropolitan Museum of Art, 30.112.48), la del museo del Louvre (OA 7953), adornada también con animales enfrentados a ambas partes de un eje vegetal y de un gran rosetón que encierra el sello de Salomón, o incluso la vasija con animales que pasan de Iraq Museum de Bagdad (A 7705).

[3] Por ejemplo, las vasijas del Institut du Monde Arabe (AI 9104), del museo del Louvre (dos enteras: OA 5979 y MAO 619), del museo nacional de Damasco (A. 573). Toda la panza de esta última está cubierta de pequeñas siluetas masculinas.

[4] Muchos fragmentos de vasijas de este tipo se han encontrado en Bâlis-Meskeneh.

[5] Ver por ejemplo las lámparas

[6] por ejemplo, el aguamanil en el museo nacional de Damasco, el cántaro de cerámica y el de bronce en el palacio B en Raqqa, siglos VIII-IX.

[7] Damasco, museo nacional, 1726 1 A

[8] Damasco, museo nacional, 1041 5 A. Muy cercanos por su decoración, un pequeño bol y un expositor cuadrado, encontrados en Suse, se conservan en el departamento de las artes del islam del museo del Louvre (MAO S. 376 et MAO S. 377). El bol está rodeado de una inscripción en escritura árabe, un verso sacado de un poema árabe.

[9] Por ejemplo, en Bâlis-Meskeneh, donde fue descubierto todo un taller especializado en cerámicas moldeadas. Algunos ejemplos provienen también de Nîshâpûr y son conservados en el Metropolitan Museum de Nueva York.

[10] Las decoraciones son geométricas, florales, epigráficas, animales, figurativas. Algunas, por la fineza de su ejecución, son verdaderas torres de fuerza. Casi todas las colecciones públicas o privadas poseen decoraciones. La más importante es la del museo de arte islámico del Cairo, a la que se dedica un gran volumen del Catálogo General, cf. Olmer, P., Los filtros de alcarraza, El Cairo, 1932.

[11] Damasco, museo nacional, A. 1557

[12] Pequeña jarra proveniente de Suse, cuya forma se inspira de objetos de metal, cuyo engobe rojo evoca la terra sigillata romana y cuya base presenta una firma en árabe, desgraciadamente truncada (Museo del Louvre, departamento de las artes del Islam, MAO S. 231).

[13] Según W. Marçais, se trataría de correspondencias; según algunas teorías actuales, de magia. Existen, para los períodos anteriores, ejemplos similares, sobre todo tapaderas, con inscripciones en arameo.

[14] Ver, por ejemplo, la famosa jarrita con palmeras, MAO S. 383 del museo del Louvre, en amarillo y verde rodeado de negro.



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