Gracias a su clima, Egipto logró conservar fragmentos de tejidos de los primeros siglos de la Hégira. La mayor parte son tejidos de lino con inclusión de tapiz y ligamento tafetán: la trama cruza sucesivamente los mismos hilos pares e impares de la urdimbre. Durante el tejido, se incorpora con una aguja un tapiz decorativo: en lugar de ser la trama de lino la que cruza la urdimbre, son varias tramas de lanas de color. Este procedimiento de fabricación, inventado por los coptos (cristianos del valle del Nilo) en el siglo iii, aún se utiliza en el 641 cuando los árabes conquistan Egipto. El repertorio de motivos, que todavía conserva temas de la Antigüedad tardía, se enriquece asimismo con temas más estilizados, tomados de Asia Menor o de la Persia sasánida. No se observa una ruptura con los nuevos artesanos. Sin embargo, en la época tulunida, los motivos pasan a ser más amplios y vigorosos. Y con los fatimíes (969-1171) todo cambia. Los tejidos de lino, muy finos, están atravesados por bandas de tapiz de seda multicolor e hilos de oro, que forman motivos trenzados, medallones y pequeños animales y plantas, a menudo bordeados por inscripciones. El Santo Sudario de Cadouin y el Velo de Santa Ana de Apt, que al parecer llegaron a Francia en la época de las cruzadas, ilustran bien esta tendencia. Tras la caída de los fatimíes, este procedimiento desaparece de las producciones de los tiraz. Entretanto, llegó a difundirse en la España musulmana (probablemente como consecuencia de la llegada de artesanos venidos de Oriente), puesto que es el procedimiento empleado en el velo de Hixem II y en una franja de seda con motivo de pavos reales que conserva el Instituto Valencia de Don Juan.
Otra técnica heredada de la Antigüedad es el tejido de los samitos. Se trata de tejidos de seda con ligamento sarga (caracterizado por sus líneas diagonales): a cada pasada de la trama, el punto de ligadura se desplaza de dos hilos en la urdimbre (se habla de una sarga con relación de 2/1) para después volver a su posición inicial al final de la pasada de la trama, completando así un ciclo de tramas. Esta técnica empleada en Alejandría desde el siglo i de la era cristiana requiere el uso de un telar horizontal complejo llamado «telar de tiro». Los persas toman esta técnica de los sirios entre el siglo iv y el v. Y es el Irán sasánida el que aportará su repertorio a la mayoría de los samitos bizantinos y musulmanes de la Alta Edad Media. En esta época es una regla inmutable la disposición de los motivos en círculos tangentes o separados, combinados con elementos cruciformes en los rellenos. En cuanto a los motivos en sí, están relacionados con el antiguo fondo persa y mesopotámico: pájaros afrontados a ambos lados de un árbol de la vida, grifos o águilas bicéfalas cargando con personajes aureolados, fieras opuestas domeñadas por un paladín… Uno de los ejemplos más antiguos de samitos musulmanes es un fragmento que posee una inscripción con el nombre de Marwan, seguramente en referencia al califa omeya Marwan II (744-750), y la mención de Ifriqiya (Túnez). Los árabes llaman a estas telas siqlatun, mientras que los latinos las denominan pallia rotata. A partir del siglo xii, los motivos abandonan paulatinamente la disposición circular, tal como se observa en la capa con leopardos, de San Mexme, tejida en Egipto o en Siria, y en el fragmento con águila bicéfala que se conserva en el museo de Lyon, confeccionado en un taller andaluz.
Aunque algunas técnicas antiguas se perpetúan en los telares musulmanes —como los tafetanes de seda con brocado de oro o los taquetés, que son tafetanes sin anverso puesto que el decorado de una de las caras del tejido aparece en negativo de la otra cara—, la gran innovación del siglo xi son los lampás. Los lampás son tejidos de seda cuya decoración está realizada con bastas de trama ligadas regularmente por una urdimbre auxiliar o urdimbre de ligadura. Los motivos formados por las tramas por lo general destacan sobre un fondo de satén, es decir, un fondo en el que domina la urdimbre. Se supone que los talleres de Bagdad o de Shiraz son los que dieron origen a este procedimiento, en la época de los búyidas (945-1055). y que se adoptó muy pronto en los talleres de Antioquía, y algo más tarde en Egipto y al-Ándalus. Posteriormente llegará a emplearse igualmente en el norte de África y en Turquía bajo los otomanos. A partir del siglo xiii, los italianos ya conocen esta técnica. En Italia, como en los países musulmanes, al principio los lampás coexisten con los samitos, pero luego los sustituyen. Su predominio perdurará hasta el siglo xv, cuando gana terreno el terciopelo, tanto en Oriente como en Occidente. El siglo xiii marca, por tanto, un punto de inflexión en la historia de los tejidos suntuarios del Mediterráneo. El perfeccionamiento de las herramientas, la introducción del telar con pedales (conocido en Oriente desde la época de las conquistas árabes), la llegada desde Sicilia de los artesanos de la seda llevan a la región de Toscana y después a Venecia a rivalizar con los talleres musulmanes. La España cristiana que se apoderó de las manufacturas de al-Ándalus sigue la tendencia. Por otro lado, se observa en ese momento cierta división en los estilos decorativos. El Mediterráneo oriental —Siria y Egipto— adopta ampliamente el repertorio asiático difundido por los talleres persas en la época del Iljanato y más tarde durante la dinastía de los timúridas, mientras que la España musulmana y el norte de África prefieren composiciones más geométricas y abstractas. Las sedas mamelucas están sembradas de motivos de mandorlas que encierran flores de loto o de grandes inscripciones entrecortadas por medallones figurativos. En el mundo occidental, las estofas presentan motivos pequeños encerrados en complejas lacerías. Los talleres mudéjares y sicilianos, guardianes de las tradiciones musulmanas, siguen esta moda que a menudo evoca elementos decorativos góticos. Aunque se trata de un samito, la pieza con águilas inscritas en lacerías que forman motivos octogonales y cruces es un ejemplo de esta corriente (Museo de Lyon). Esta geometrización se consolida en la época nazarí, con el desarrollo de un estilo llamado «de la Alhambra». Bajo esta influencia, los lampás multiplican los polígonos estrellados, atravesados por bandas caligrafiadas y almenas. En Marruecos, los cinturones de Fez reflejarán esta herencia.
Los terciopelos turcos de la época otomana son contemporáneos del Renacimiento. En los terciopelos, el pelo se crea por medio de una segunda urdimbre o urdimbre de pelo, que se eleva sobre el ligamento básico gracias al uso de unas agujas especiales. De esta manera se forman bucles que después se cortan para crear el pelo. Bursa, que domina perfectamente esta técnica y está situada en el corazón de una región sericícola, produce terciopelos de seda con brocado de oro y plata. La decoración de estos tejidos se compone de granadas, tulipanes encerrados en mandorlas, así como otros motivos venidos de Asia como, por ejemplo, las tres bolas colocadas en punta sobre dos líneas onduladas. Génova, Florencia, Lucca y Venecia a menudo copian estos temas. A diferencia de los de Turquía, sus terciopelos suelen tener el pelo cortado a distintas alturas según la zonas del tejido o incluso alternan partes con bucles. La rivalidad comercial en el área del Mediterráneo suele generar estos fenómenos de imitación.
R.G.
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