Pueblo germánico de los entornos del mar Báltico, los visigodos dirigidos por Alarico I (r. 395-410) invaden Italia antes de alcanzar el sur de la Galia en 412. El emperador romano Constancio III atribuye un territorio en Aquitania a Teodoro I (r. 418-451) en 418. Los visigodos forman entonces un reino que se extiende rápidamente de los Pirineos al Loira, tomando Tolosa y Burdeos como capitales. La llegada de los Francos en Galia repele a los visigodos en España ; conservan la Septimania – el actual Languedoc-Rosellón – bajo el reino de Eurico (r. 466-484) en Castilla la Vieja. Instalan su capital en Toledo, en el medio de la Península. Atanagildo I debe ceder Andalucía a los Bizantinos en 556.
Integrados a Europa del Oeste que sigue bajo el dominio de los romanos, los visigodos se impregnan de la cultura antigua. Además de la escasez de los vestigios arqueológicos que atestan tres siglos de ocupación de la Península ibérica, ¿ cual fue la huella que dejaron de los visigodos ? ¿ Cuales fueron sus relaciones con el Mediterráneo ?
Al principio, los visigodos reutilizan y transforman los monumentos romanos civiles existentes. Tras haber buscado durante mucho tiempo unas referencias y una unidad, el rey Leovigildo (r. 567-586) restablece la autoridad real en la Península y asienta su legitimidad con la edificación de Recópolis, donde permanecen algunos vestigios.
El rey Recaredo I pone oficialmente término a las querellas de religiones en 589 reconociendo la noción de consubstancialidad. El reino visigodo será fiel a la Iglesia hasta 672 ; se abre entonces un periodo de sincretismos entre las antiguas tradiciones arias y el nuevo Credo.
Debido sin duda alguna a la proyección de los establecimientos bizantinos del sur-este de la Península, la actividad constructora de los visigodos más elocuente es la de las iglesias rurales. Además de una arquitectura simple y canónica, se destaca el uso del arco de herradura ; este “arco bizantino” será también utilizado por los musulmanes.
Las iglesias visigodas albergan otros tesoros que nos alumbran sobre lo que retienen los artistas de las producciones extranjeras o antiguas. El mejor ejemplo de escultura arquitectónica está conservado en la iglesia de San Pedro de la Nave (Provincia de Zamora), datada del siglo VII. Se trata de bajorrelieves esculpidos con trépano, biselados, estilizados y hieráticos, según las nuevas tendencias de representaciones, quienes a través un vocabulario antiguo persistente – frisa de palmetas, follajes vegetales, hojas de parra y pájaros picoteando uva – presentan unas escenas del Antiguo Testamento como la del Sacrificio de Abraham o la de Daniel en la fosa de los leones.
Las artes del metal son conocidas gracias al ritual de la inhumación vestida. Puede ser que los visigodos hayan recuperado esta costumbre de los ostrogodos que estuvieron presentes en la Península entre 472 y 474.
Los depósitos funerarios se generalizan en las necrópolis rurales, lo que nos informa a cerca de la cultura material del campesinado, y especialmente a cerca de la forma de vestir y de la orfebrería. Las técnicas del “cloisonné” y del engarzado en caja, muy apreciadas en los reinos bárbaros, proceden del contacto con los germánicos orientales y son introducidas en Occidente en los siglos V-VI. El mobiliario funerario no hace parte del ritual trinitario y las pocas piezas encontradas en las tumbas a partir de la conversión de Recadero I muestran en los motivos zoomórficos, vegetales o cristianos une influencia del Mediterráneo oriental.
La orfebrería áulica se conoce únicamente gracias al descubrimiento del tesoro de Guarrazar en 1858, regalo de los reyes visigodos a la catedral de Toledo, cuyo objeto más característico es el de la corona votiva con el nombre del rey Recesvinto (r. 653-672). Conservada en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid, esta corona de oro calado y repujado demuestra un gran dominio de estas técnicas. El concepto de corona votiva de iglesia proviene de los bizantinos. Será recuperado también en el mundo islámico, en un contexto principesco : la sala de audiencia del complejo de Khirbat al-Mafjar (Siria) presenta una exedra donde está colgada una corona gigantesca bajo la cual se sentaba el soberano.
A lo que queda de germánico, la cultura visigoda integra elementos de una Antigüedad romana omnipresente a las cuales se añade la simbología cristiana y las influencias formales bizantinas. Las factorías bizantinas de la Península son sin duda los únicos vínculos con el Mediterráneo ; el pueblo visigodo es ante todo un pueblo de tierra adentro.
El reino visigodo desaparece en 711 cuando los musulmanes de África del Norte invaden la España del rey Roderico (r. 709-711), el cual fallece en la batalla de Jerez de la Frontera bajo los asaltos del ejército de Táriq ibn Ziyad.
E. D. –P.
Collectif, Moyen Age : Chrétienté et Islam, Paris, 1996, Flammarion.
Durliat, M., Des Barbares a l’an Mil, Paris, 1985, Citadelles-Mazenod, coll. « L’art et les grandes civilisations ».
The Art of Medieval Spain (a.d. 500-1200), (cat. exp., New York, The Metropolitan Museum of Art, 1993-1994), New York, 1993, The Metropolitan Museum of Art.
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