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Qantara - Los macedonios (867-1056)
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Los macedonios (867-1056)

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Basilio I, nacido en Macedonia en el seno de una familia armenia de humildes orígenes, recurre a la intriga para acceder al poder. Contrae matrimonio con la amante de Miguel III (842-867), Eudoxia, que esperaba un hijo del emperador, y asesina a Bardas en 866, por lo que se convierte en coemperador junto con Miguel III. Esta situación dura apenas un año, puesto que Basilio I no vacila en asesinar asimismo al emperador para gobernar en solitario. El reinado de Basilio I (867-886) constituye el inicio de la que será la larga dinastía macedónica. Gracias a las conquistas del fundador de esta dinastía, el Imperio bizantino se extiende de forma considerable y llega hasta Armenia hacia el Este y hasta la parte oriental del Adriático y la Italia del Sur hacia el Oeste.

Cuando el hijo de Basilio I, León VI el Sabio, accede al poder (886-912), la situación en Bulgaria ha cambiado: pese a que durante el reinado del zar Boris (852-889) los búlgaros se habían convertido al cristianismo y la Iglesia búlgara había quedado bajo la tutela de Constantinopla, su hijo Simeón (889-927) invade las tierras fronterizas del Imperio y derrota al ejército bizantino. En cuanto al frente asiático, alrededor de 900, las tropas imperiales se despliegan hacia el oeste de Armenia y anexionan los territorios fronterizos, lo que les permite acercarse a los territorios árabes.

El legado de Léon VI será una importante obra legislativa, cuya iniciativa cabe atribuir a Basilio I, que deseaba renovar el Código de Justiniano. Tras un laborioso trabajo de preparación, aparecen las Basilica, versión griega de la compilación de leyes de Justiniano. La literatura en materia de derecho público también se enriquecerá posteriormente con la labor del hijo de León VI, Constantino VII Porfirogeneta, autor del De administrando imperio.

Constantino VII, cuya legitimidad es cuestionada por el patriarca Nicolás el Místico, es aún un niño cuando asciende a la dignidad de emperador (913-959). Romano I Lacapeno, responsable de la flota imperial, asume la regencia (920-944), durante la cual otorga especial importancia a la reconquista de Armenia y Bulgaria. Tras la muerte de Romano I en 944, Constantino VII accede al poder y prosigue la política de su predecesor, extendiendo las fronteras del Imperio hacia el Este. Hombre de amplia cultura, redacta el De Thematibus, descripción histórico-geográfica de las provincias (themas) bizantinas, así como el De Caeremoniis aulae byzantinae, sobre las ceremonias cortesanas, la liturgia imperial y diferentes monumentos de renombre de Constantinopla.

Es sucedido por su hijo Romano II (959-963), que, en 961, logra reconquistar Creta, que arrebata a los árabes. La victoria se debe en gran parte al general Nicéforo Focas, jefe de la expedición, que, a la muerte de Romano II, tomará el título de emperador (963-969) al desposarse con la viuda de éste, Teófano. El nuevo emperador cosechará incontables victorias militares, en particular, la conquista de Cilicia y de Armenia y la caída de Antioquía en 969. Ese mismo año, Juan Tzimisces (969-976) lo asesina y le arrebata el trono.

El reinado de Basilio II (976-1025), hijo de Romano II, dejará una honda huella en la larga y poderosa dinastía macedónica. En el momento de la muerte de su padre, Basilio II era muy joven todavía, y Nicéforo Focas y Juan Tzimisces asumen la regencia. Ya emperador, Basilio II afianzará su autoridad gracias a sus numerosos logros militares. Combate victoriosamente a los búlgaros y en 1014 gana la decisiva batalla de Kleidion, lo que permitirá al Imperio bizantino administrar a ese pueblo hasta 1186. Tras la rendición de Bulgaria, Basilio II, deseoso de controlar las rutas del Cáucaso, se apodera de la parte occidental de Armenia -Teodosiópolis, Manzikert y Vaspuracán-. Hacia el Oeste, retoma Apulia y Calabria a los árabes y prevé atacar Sicilia, también bajo dominación árabe, pero fallece antes de conseguirlo, en 1025.

En el momento de su muerte, el Imperio, vasto y poderoso, se extiende de Calabria al Cáucaso y del Danubio al Éufrates. El Imperio bizantino, en neta posición de superioridad, ejerce su influencia política y cultural allende sus fronteras. Su sólida situación militar favorece un notable crecimiento demográfico y el auge económico.

El final de la querella de las imágenes y el regreso de la prosperidad fomentan el florecimiento cultural y artístico. Se redescubre la literatura griega clásica y se estudian textos patrísticos. La paideia (educación) se imparte en las escuelas y, desde 863, en la Universidad, institución fundada por Bardas, situada en un edificio del Gran Palacio, la Magnaura. La élite cultivada alienta la producción de libros, en los que se da prioridad al uso de la letra minúscula, cuya invención se remonta seguramente al siglo VIII y que sustituye definitivamente a la letra uncial a partir del siglo IX. El scriptorium del monasterio de Studion de Constantinopla forma parte de los más célebres talleres de copistas, junto con los scriptoria del patriarcado y del palacio imperial, que producen un ingente número de manuscritos. En los talleres imperiales de Constantinopla, se realizan asimismo sedas, marfiles u objetos metálicos, que reflejan la efervescencia artística y la riqueza del Imperio en esa época.

La renovación artística que caracteriza a la dinastía macedónica queda patente igualmente en las campañas de construcción que se llevan a cabo en Constantinopla. Con la utilización de la planta «en cruz griega inscrita» en los edificios religiosos se abre una nueva etapa en la evolución de la arquitectura bizantina. A diferencia de las grandes basílicas paleocristianas, las iglesias con planta «en cruz griega inscrita» suelen ser de tamaño reducido, ya que, por lo general, son iglesias de uso privado o monástico. Se restaura la decoración de las iglesias existentes y se instaura un nuevo programa iconográfico, que obedece a normas determinadas, como, por ejemplo, la representación de un Cristo Pantocrátor bajo la cúpula.

E. Y.



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