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Qantara - Estuco
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Qantara Qantara

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Estuco

En islam

Si tuviéramos que asociar un material a la cultura musulmana, sin ninguna duda sería el estuco. En la historia contemporánea, el yeso se ha considerado como el pariente pobre de los materiales, probablemente por su falta de aplicaciones en obra gruesa, su manejo fácil y el trabajo poco complejo que requiere para transformarlo a partir de la roca mineral. Pero fue toda la destreza humana, especialmente la de los artesanos musulmanes, la que permitió realizar y legarnos innumerables construcciones decoradas con motivos de estuco. Todavía hoy, la cultura musulmana sigue concibiendo y creando nuevos motivos que sólo el futuro permitirá cualificar como obras de arte.

Proceso del obtencíon del estuco

Las condiciones climáticas presentes en el Mediterráneo durante el mioceno (muy calientes y áridas) favorecieron ampliamente el afloramiento de minerales evaporíticos como el yeso. Este material de base, siendo así accesible, iba a utilizarlo el hombre como material de construcción y decoración, convirtiéndose en un recurso ampliamente usado por las culturas del actual contorno mediterráneo.

Cuando se habla de estuco, se trata a la vez de la roca (el yeso) encontrada en estado natural, así como del material obtenido industrialmente. Éste es la base de la mayoría de las decoraciones musulmanas, conocidas con el nombre de yeso cocido, basanita o yeso de París. La variedad de las diferentes fases y estados alotrópicos del estuco se deben a la acción del calor; el yeso, cuando se calienta a temperaturas comprendidas entre 120 º C y 1000 º C, pierde toda o parte del agua de cristalización y entonces está listo para usar.

Utilizaciones del estuco - aspectos históricos

Algunas de las investigaciones conocidas hasta ahora conciernen al estudio de los diferentes tipos de estucos y su identificación; indican que su utilización apareció a raíz de pruebas que pretendían cambiar el aspecto de los acabados de arcilla secada al sol o cocida al horno, que servían para recubrir placas de nácar, concha o  lapislázuli, así como relieves de piedra y alabastro. Estas aplicaciones aparecieron en Mesopotamia, al oeste de Irán, del milenio III al milenio I antes de nuestra era (Torres Balbas, 1955).

Por su parte, se sabe que los egipcios utilizaban el estuco a partir de la dinastía XVIII, mientras que aparentemente su empleo empieza durante el período tolemaico (Mora y Philippot, 1984).

En algunos monumentos griegos de las islas Cícladas se han encontrado azulejos de estuco en la «casa oeste» y la «casa de las Damas» (Marinatos, 1974) y losas bajo el porche y en el vestíbulo de los megaron (Wace, 1921), que datan todos de la Edad del Bronce.

En la época romana, el yeso se utiliza como material secundario en albañilería, siendo la cal el material de construcción por excelencia, como lo enseña Vitruvio en el capítulo III del libro séptimo de su tratado De Architectura, en el siglo I antes de nuestra era.

Trabajo y manipulación

Cualquier obra a base de yeso sufre modificaciones durante la mezcla y pasa por diferentes fases que es difícil descomponer, pero que van a condicionar los diversos aspectos y acabados del estuco. La hidratación, en primer lugar, es el fenómeno que se produce al contacto con el agua y lo transforma en sulfato de calcio hidratado. Al final, la dureza del estuco depende del volumen de agua añadida: la cantidad requerida para hidratar una masa dada de sulfato de calcio debe calcularse previamente. A continuación, el fraguado empieza cuando el estuco comienza a perder su plasticidad y la mezcla se endurece. Por último, la fase de cristalización es un proceso que, a lo largo de una reacción exotérmica, provoca la transformación de cristales en una nueva red cristalina.

Este procedimiento sencillo de transformación de la piedra en yeso mediante mezclado, su facilidad de manipulación, su gran adaptabilidad en una multitud aplicaciones, así como su fuerza de adherencia y su fraguado rápido, cuentan entre los factores que han hecho de él un material muy preciado. Todas estas ventajas contribuyen a explicar su rápida expansión, desde los primeros modelos descubiertos en los territorios orientales dominados por el imperio sasánida hasta la Península ibérica.

El trabajo de cincelado directo del estuco comienza con la aplicación de la pasta obtenida en las paredes murales; una vez alisada, se trazan las líneas generales de la composición. Los diferentes motivos que se repiten a lo largo del paramento se tallan y cincelan minuciosamente, con ayuda de un juego de buriles, así como de compases y gubias planas. Estas herramientas metálicas sencillas permiten cincelar todos los elementos decorativos, según ejes de simetría, gracias a movimientos de rotación, translación y flexión.

Por otra parte, el trabajo con molde, cuyo resultado también se puede cincelar, no quita valor al ornamento de estuco. Al contrario, permite diversificar los motivos, lo que explotan generosamente las decoraciones musulmanas de estuco de la época naturalista. Los moldeados implicaron, con el paso del tiempo, una evolución y una especialización de los talleres artesanales, que debieron elaborar un molde rígido único, recurrir a los agentes de desmoldeo y producir moldes en placas individuales destinadas a ser empalmadas posteriormente en la pared mural (Rubio et al. 1998).

Con la llegada de los musulmanes a España y en la época nazarí, se alcanza una de las cimas de la decoración en estuco, la Alhambra de Granada, un conjunto monumental espléndido y rico, de una gran variedad de motivos minúsculos. El trabajo con molde permite, efectivamente, una gran minuciosidad en las obras y la imbricación de los motivos: se llega a una alternancia perfecta de temas, repartidos en dos profundidades de tamaño, agrupados en el nivel inferior con juegos de entrelazos y arabescos vegetales estilizados (pimientos, bellotas, alcachofas, jazmines...) y, en el nivel superior, con galones decorativos, motivos geométricos y epígrafes (cursiva y cúfica).

Diferentes utilizaciones

En los manuales que tratan sobre arabescos decorativos, los términos de yeso, staff y estuco se emplean a menudo indiferentemente para hacer referencia a las mismas decoraciones. Aunque un examen organoléptico confirme que se trata del mismo material proveniente de la misma materia prima, las formas en que se trata y elabora el estuco para su empleo varían mucho. Actualmente, este examen sirve para distinguir las diferentes épocas históricas y realizar dataciones cronológicas. El término de estuco se utiliza para definir la gran mayoría de las decoraciones de la cultura musulmana hasta nuestros días. A partir de este material, se obtienen esencialmente dos variantes que, según sus componentes, presentan las diferentes tonalidades del estuco (blanco, amarillo, rosado hasta negro):

            - el estuco blanco, elaborado a partir de piedras de una gran pureza, debe contener como mínimo un 66 % de semihidratado. Este estuco blanco no tamizado se obtiene a partir de las piedras con yeso de las variedades «Alabastro» o «Espejuelo».

            - el estuco negro, más grosero, relativamente oscuro, se obtiene por calcinación de piedras de yeso impuras. Además de las cenizas y los restos de los gases de combustión debidos a una elaboración en hornos rudimentarios, contiene generalmente un 50 a 60 % de su peso en semihidratado y se acompaña de anhidrita.

El término staff hace referencia, habitualmente, a las decoraciones o motivos realizados en la época moderna. Se trata de un material tamizado en hornos donde los gases no entran en contacto con él y que contiene, como mínimo, un 80% de su peso de semihidratado. Su utilización data de la industrialización de los procedimientos de fabricación, que permitieron obtener un material más fino, más blanco y más puro. Éste también puede obtenerse a partir de las piedras de yeso de la variedad «Alabastro» o «Espejuelo».

El término estuco se utiliza para tratar material inerte obtenido a partir de la piedra de yeso, que se sometió a una temperatura de cocción superior. Así, no reacciona al contacto del agua y es necesario añadir un ligante o mezclas de cal para utilizarlo. Este material, muy apreciado por los romanos para los estucos bizantinos, fue empleado universalmente como imprimación en los lienzos de pinturas sobre caballete; sin embargo, los ejemplos en el arte musulmán siguen siendo escasos.

A pesar de sus cualidades de plasticidad, aislante y elasticidad especialmente, el estuco presenta como inconveniente su muy gran solubilidad al contacto con el agua.

A lo largo de la historia, su utilización a gran escala en la construcción encontró pues sus límites: utilización en exteriores en las regiones poco lluviosas y en interiores en las regiones húmedas. Sin embargo, el estuco se empleó mucho en exteriores en la cultura musulmana, pero hasta ahora, se ignoraba casi todo sobre su capa de protección. Los albañiles de la época medieval conocían el material y sus reacciones: las decoraciones de estuco se siguen recubriendo de una capa de protección blanca que no se encuentra normalmente ni en los staffs ni en los estucos. Esta imprimación se componía esencialmente de sulfato de calcio y aditivos orgánicos. Su aplicación era necesaria para aumentar la dureza del estuco, aislarlo de los agentes exteriores de deterioración, atenuar su porosidad y pulir los ángulos producidos por los buriles durante el cincelado de los motivos. Todas estas condiciones facilitan además las operaciones de policromía. Su aplicación es muy meticulosa; el artesano debe, a veces, recubrir niveles muy profundos de detalles minúsculos sin hacer desaparecer, por lo tanto, ninguno de los motivos cincelados. Esta técnica de aplicación de una capa impermeabilizante sobre revoques es una constante en el mundo islámico, especialmente en la región de Yemen. Se utiliza un enlucido de tipo «goss», compuesto de lechada de yeso cocido, cal apagada y claras de huevo que, aplicado sobre las paredes de los cuartos de baño, permite que posteriormente se laven con agua de forma fácil.

Las muqarnas

Admirada por su belleza y apreciada por su complejidad, la muqarna es una de las principales contribuciones artísticas del mundo musulmán. Conjuga, por un lado, la geometría del movimiento de los ángulos y de escuadra, ampliamente utilizada en los dibujos de azulejos a base de cálculos matemáticos y, por otro lado, las leyes físicas de la gravedad aplicadas a los objetos representados en tres dimensiones. Este estilo de decoraciones se había explotado ampliamente con la madera, pero fue el estuco el que, gracias a su flexibilidad de utilización, ofrece sus mejores ilustraciones gracias a sus cualidades combinadas de fuerza de adherencia, dureza, ligereza y fraguado rápido. La evolución del manejo de este material permite utilizar la muqarna en capiteles, arcos e incluso espacios con fuerte pendiente como los techos.

Inspirados de las formaciones geológicas llamadas estalactitas, los primeros ejemplos de muqarna aparecen en las enjutas, donde resuelven la transición entre espacios cuadrados y formas circulares de las cúpulas, por medio del plano octogonal. Aparece a principios del siglo X y se extiende rápidamente desde el Turquestán hasta Andalucía, aunque el debate se prosiga en cuanto a sus orígenes exactos en Persia o África del Norte (Castéra, 1996). Pocos albañiles dominaban los conocimientos matemáticos profundos necesarios, pero los que lo conseguían se alzaban al rango de maestro en el seno de los talleres. Estas realizaciones les permiten cubrir espacios (independientemente de su forma circular, cuadrada o rectangular), combinando sus 7 módulos y añadiendo una pequeña irregularidad observada, admitida y obligatoria, lo que permite pasar de la geometría teórica a la praxis artesanal. Estos maestros constructores consiguen así alzar las bóvedas de las muqarnas de múltiples maneras, desafiar la gravedad, revolucionar la teoría de las cargas y las fuerzas y sobrepasar lo que se había conseguido anteriormente en los espacios abovedados. Las muqarnas ya están muy presentes en el Mediterráneo, pero fue la incursión de los árabes en España la que dejó los ejemplos más destacables, como las cúpulas de la Sala de los Abencerrajes, la Sala de los Reyes o la Sala de las Dos Hermanas en la Alhambra de Granada, que presenta más de cinco mil prismas.

R. R. D.

En la Europa occidental

El estuco, del italiano stucco, denominación de origen lombardo, fue muy empleado en la Antigüedad como sustituto de la piedra. Su técnica está muy bien descrita en el libro VII de De architectura de Marco Vitruvio, que especifica sus condiciones de fabricación y aplicación. Después de la caída del Imperio romano, esta técnica se siguió empleando en Bizancio y, a partir del siglo vii, fue adoptada por la civilización islámica. Aunque la escasez de la documentación pueda dar a entender que, durante la Edad Media, Occidente dejó de interesarse por el estuco, no fue así.  Solía emplearse, combinado con la pintura, en la ornamentación del santuario cristiano. Sin embargo, al conservarse apenas fragmentos fuera de contexto, los historiadores del arte no han mostrado mucho interés por él hasta un período reciente. Además, ha sido muy criticado, sobre todo por Viollet-le-Duc para el que "el estuco se prestaba a un estilo de decoración corriente; de todas las tradiciones artísticas de los romanos, perduró ésta por su facilidad de empleo. Los ingenuos arquitectos de los primeros tiempos de la Edad Media se conformaban con levantar muros con mampuestos y, una vez terminada la construcción de cualquier manera, disimulaban sus irregularidades o sus imperfecciones con un enlucido en el que grabadores y escultores tallaban ornamentos tomados de telas, muebles o utensilios procedentes de Oriente". Esta aseveración un tanto excesiva no deja de tener pertinencia a la hora de definir las condiciones de uso de los enlucidos y del estuco. 

Una técnica y no un material

El estuco se caracteriza por la utilización de una técnica que permite otorgarle a un material plástico la apariencia de una piedra lisa. En la Antigüedad, se lo elaboraba a base de cal y polvo de mármol; en la Edad Media, por lo general se empleaba yeso, que de vez en cuando se mezclaba con cal. El material obtenido, una vez modelado o moldeado, se talla fácilmente antes de que endurezca y se seque por completo, después de lo cual tiene una gran resistencia. Por tanto, es tan útil para realizar superficies planas, adornadas o no con grabados y bajorrelieves, como formas arquitectónicas (molduras, columnas, capiteles…) e incluso, aunque más raramente, estatuas en relieve. Su facilidad de utilización y su coste reducido justifican el éxito que esta técnica tuvo en la Antigüedad y en la Edad Media hasta el siglo xii.

De los tiempos paleocristianos a la época carolingia

Es en los edificios de culto, después de la paz de la Iglesia, donde este tipo de decoración llega a expresarse, a menudo asociada al mosaico, como en el Baptisterio de los Ortodoxos de Rávena (Italia, hacia 450). En la Basílica Eufrásica de Porec (Istria, hacia 650), se trata de una sencilla decoración de pared, que se conserva en el intradós de las grandes arcadas del lado norte —una sucesión de compartimentos con motivos vegetales y de pájaros—, mientras que en Vouneuil-sous-Biard, cerca de la ciudad francesa de Poitiers, se observa una decoración figurada (probablemente de finales del siglo v). Este descubrimiento reciente prueba la existencia precoz de decoraciones elaboradas en un contexto cristiano fuera de Italia.Partiendo de más de 2.000 fragmentos, se llegaron a restituir figuras de santos en la parte inferior de las arcadas[1].

En el antiguo Imperio de Occidente, en lo que se refiere a los siglos vi y vii, sólo contamos con escasos fragmentos testimoniales. En cambio, los reinos lombardos y carolingios nos legaron unos conjuntos coherentes, sobre todo en Italia. En Santa Maria in Valle de Cividale (mediados del siglo viii), el muro occidental conserva intacta una ornamentación de cornisas y arquivoltas molduradas, así como un impresionante conjunto monumental de figuras de santos, de grandes ojos fijos y porte hierático, que quizás sean obra de artistas bizantinos expulsados por los iconoclastas. De esa misma época cabe citar el conjunto de doce mil fragmentos de estucos y enlucidos pintados, hallados en las excavaciones del monasterio de San Martín de Disentis (en el cantón suizo de Grisones). Según parece, la obra, de consonancia bizantina como la anterior, constaba de las tradicionales figuras de santos pero, sobre todo, de una representación monumental de la dormición de la Virgen y un anuncio del Juicio final con ángeles y trompetas. En esta obra, el estuco y la pintura se encuentran estrechamente relacionados; los rostros y las manos son las únicas partes tratadas en relieve. A finales del siglo xi, se empleó un procedimiento semejante para singularizar el rostro de San Jorge en la capilla San Miguel de la iglesia abacial de Saint-Chef-en-Dauphiné, en los Alpes franceses. En la Italia carolingia, el uso del estuco asociado a la pintura parece haber sido un procedimiento muy frecuente, tal como se observa en San Salvatore de Brescia o San Benedetto de Malles. En el Imperio franco, los ejemplos coherentes no son tan habituales. En Germigny-des-Prés, a comienzos del siglo ix, una variada decoración parietal atestigua diversas influencias, algunas de ellas lejanas, con préstamos del arte oriental e islámico. Otro ejemplo que muestra bien la voluntad de recuperar el arte antiguo más elaborado es el de la abadía de Corvey (Westfalia, Alemania).En la capilla alta del macizo occidental, se descubrieron recientemente unos trazados que precedieron a la colocación de unas estatuas de estuco en altorrelieve. 

La época romana

Durante la época romana, la piedra no sustituyó completamente al estuco. En Francia, donde aparentemente el estuco se empleó bastante poco, lo encontramos en el siglo xi en Saint-Remi de Reims (en la Marne), donde complementa la escultura de los capiteles, así como en la cripta de Saint-Jean-de-Maurienne (en Saboya). El ejemplo magistral de la iglesia abacial de Alet-les-Bains (Aude) del siglo siguiente también es un caso aislado. El ábside, construido con aparejo de sillares de tipo antiguo, tenía originalmente en su lado interno una elaborada decoración de estuco semejante a la de las cornisas de piedra del lado externo. El empleo deliberado de esta técnica probablemente se deba más a la calidad del acabado que permite lograr, que a su menor coste.Quizás por ello haya sido tan utilizada en Italia durante el siglo xii.Citemos tan sólo el extraordinario ejemplo de San Pietro al Monte de Civate (Lombardía) y sus ornamentaciones en el lado occidental, la cripta y el ciborio. En el norte de España y en Cataluña, las decoraciones murales, escasas y muy fragmentarias, algunas veces toman elementos ornamentales complejos del arte islámico.

Para terminar este panorama, mencionemos algunas obras alemanas (en Sajonia) de finales del siglo xii. En Hildesheim y Halberstadt, se conservan unos bellos coros decorados exteriormente con arcadas y personajes de santos en altorrelieve, ambos policromados. En la iglesia abacial de Gernrode, un santo sepulcro monumental está adornado con escenas posteriores a la resurrección en las que los personajes, prácticamente de tamaño natural, están trabajados en un estilo sumamente vivo. Vemos así cómo la facilidad de uso del material contribuye a mejorar la calidad de la factura.

La rareza de las obras conservadas, el desprecio que se tenía por muchas de estas realizaciones y, por tanto, el escaso número de estudios que se les dedicó hasta épocas recientes han hecho que hoy contemos con muy pocos criterios específicos de datación, que producen ciertas imprecisiones. Buen ejemplo de ello es la célebre estatua de Carlomagno en la iglesia carolingia de Mustair (Suiza), que data del siglo ix o de finales del xii (después de su canonización en 1165) según los autores. El arte gótico parece haber recurrido muy poco a esta técnica, que resurgió a partir del Renacimiento y se volvió a emplear más tarde en los siglos xviii y xix, a raíz del gusto por las decoraciones en aljez.

F. H.-S.

Nota


[1] C. Sapin (dir.), Les stucs de l’Antiquité tardive du site de Vouneuil-sous-Biard, en vías de publicación en la revista Gallia.

 



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