Notice: session_start(): A session had already been started - ignoring in /srv/data/web/vhosts/www.qantara-med.org/htdocs/Connections/fonctions.php on line 340
Qantara - El mosaico
Notice: Undefined variable: dans_edito in /srv/data/web/vhosts/www.qantara-med.org/htdocs/public/include/doc_header.php on line 92

Notice: session_start(): A session had already been started - ignoring in /srv/data/web/vhosts/www.qantara-med.org/htdocs/Connections/fonctions.php on line 340

Notice: Undefined index: motscles in /srv/data/web/vhosts/www.qantara-med.org/htdocs/public/include/doc_menu.php on line 60

Notice: session_start(): A session had already been started - ignoring in /srv/data/web/vhosts/www.qantara-med.org/htdocs/Connections/fonctions.php on line 361
Qantara Qantara

Notice: Trying to access array offset on value of type null in /srv/data/web/vhosts/www.qantara-med.org/htdocs/Connections/fonctions.php on line 684

El mosaico

En Bizancio

Bizancio hereda del mosaico del Imperio romano, que había desarrollado particularmente esta habilidad para la decoración de termas, ninfeos, mausoleos y residencias suntuosas. La abundancia de pavimentos conservados en torno a la cuenca mediterránea y las inscripciones que los acompañan permiten esbozar una producción sistemática y organizada, asegurada por talleres locales basados en centros urbanos, activos en un radio limitado[1]. El mosaico parietal, menos frecuente, se extiende sin embargo ampliamente hasta los siglos VI - VII. A falta de inscripciones análogas a las de los mosaicos de pavimento, está poco documentado en lo que concierne a los procedimientos técnicos utilizados y al coste, bien superior al de los pavimentos superior al de los pavimentos[2].

Además de las famosas decoraciones del siglo VI, como en San Vital, o las bóvedas anicónicas en Santa Sofía, o incluso la Transfiguración en el ábside de la iglesia del monasterio de Sinaí, los mosaicos conservados en Chipre y las teselas descubiertas en excavaciones muestran la difusión de este arte en establecimientos más modestos. De una fineza y una iconografía singular entre las decoraciones paleocristianas, los mosaicos de la Rotonda de San Jorge en Tesalónica, cuya datación e interpretación se discutieron durante mucho tiempo, ofrecen un ejemplo magistral de este arte a finales de la Antigüedad, así como de la transición hacia una estética propiamente bizantina. Tributario del patrocinio episcopal o imperial, el arte del mosaico parece haber florecido en varias residencias urbanas a través del Imperio.

El opus sectile y el embaldosado se imponen progresivamente en la ornamentación de los pavimentos, pero el mosaico sigue siendo la técnica privilegiada para las decoraciones parietales. Durante la lucha iconoclasta, constituye el medio de calidad para las composiciones anicónicas o profanas: además del signo de la cruz, que ilustra todavía el ábside de la Iglesia de Santa Irene en Constantinopla, o los paneles geométricos en la bóveda del bêma en Santa Sofía de Tesalónica (datados por los monogramas de 780 - 788), los textos mencionan escenas de caza e imágenes bucólicas que sustituyen a las imágenes religiosas en iglesias y palacios. Las descripciones de los palacios del Kainourgion y de la Nea, fundados por Basilio I, así como los mosaicos del ábside y de los tímpanos de la Gran Iglesia, muestran el florecimiento de este arte en la capital, poco después de la iconoclasia. Por el contrario, exceptuando los paneles que representan a los emperadores en las galerías de Santa Sofía, las decoraciones mesobizantinas conservadas se encuentran lejos de Constantinopla y se limitan a tres famosas iglesias monásticas: Hosios Loukás en Fócida, Dafni cerca de Atenas y Nea Moni en la isla de Quíos. Sólo este último monumento es seguramente una fundación imperial, debida a Constantino IX Monómaco, que habría autorizado la reanudación del proyecto de San Jorge de los Manganes y enviado a los mosaístas. En cuanto a las otras dos iglesias, el patrocinio imperial sigue siendo una hipótesis plausible, basada en la calidad y la fastuosidad de las decoraciones. Ironías de la historia, las más vastas decoraciones de tradición bizantina se conservan fuera del Imperio, en la Gran Mezquita de Damasco y la catedral de Monreale, en Sicilia. Otras muchas decoraciones, evocadas por las fuentes o incluso preservadas hasta nuestros días, eran igualmente fundaciones de influencia bizantina, como la Capilla Palatina bajo el rey normando de Sicilia Roger II, Santa Sofía de Kiev o incluso el monasterio de Gelati en Georgia.

El arte del mosaico se consideró, durante mucho tiempo, como una exclusividad bizantina y constantinopolitana, que resplandecía en el mundo mediterráneo desde la capital del Imperio. Esta convicción se matiza fuertemente hoy en día, así como la atribución de algunas decoraciones, especialmente monumentos sicilianos, a mosaístas venidos de Constantinopla. 

Los monumentos conservados de la época de los Paleólogos (1261-1453) muestran el prestigio continuo del arte del mosaico y de su uso por los medios dirigentes: el patriarca Niphon comanditó la decoración de los Santos Apóstoles en Tesalónica, mientras que el logoteta (primer ministro) e intelectual Teodoro Metoquites hizo realizar los mosaicos exquisitos que adornan la iglesia del monasterio de Chora, donde debía terminar sus días. Sin embargo, en esta época, las decoraciones con mosaicos parecen ya más limitadas, como en Arta (Virgen Paregoritissa 1295) y en Pammakaristos, asociándose a veces con frescos, a ejemplo de los Santos Apóstoles y Chora. Los aproximadamente cincuenta iconos de mosaico que han llegado hasta nosotros ilustran la adaptación de este prestigioso medio con formato de panel móvil, apropiado para la devoción privada, a veces en dimensiones muy reducidas. Llegados en número importante a partir del siglo XV en colecciones prestigiosas de las élites italianas, estos iconos de mosaico fueron particularmente apreciados en Occidente, como lo muestran además las leyendas inventadas sobre su autenticidad[3].

Técnica y producción

Compuestos de teselas coloridas, en general de vidrio y a veces realzados con una fina hoja de oro o plata, cuyo reflejo y centelleo a la luz ofrecen un efecto suntuario y tornasolado, los mosaicos son el medio de decoración parietal más prestigioso. La fineza y la calidad dependen de los factores materiales: las dimensiones de las teselas, la regularidad de sus formas, el material utilizado (vidrio, metal precioso, mármol, piedra) y la habilidad del dibujo preliminar (sinopia), realizado sobre una capa de mortero, a veces detallado y de colores. Asociados con el procedimiento oneroso de los revestimientos de mármol, los mosaicos se situaban en las zonas superiores de los edificios, lo que complicaba todavía más el transporte de los materiales y la repartición del trabajo (selección de las teselas por color y tamaño antes de su colocación). Dos mosaístas podían trabajar juntos en el mismo andamio, colocando cada uno aproximadamente 4m² al día[4].

La producción de las teselas depende de la de vidrio. Parece que el vidrio masivamente producido en el Mediterráneo oriental, cerca de las fuentes de materia prima, se exportaba en estado bruto y se trabajaba en vidrierías locales, para la producción de las teselas y la vajilla. Las teselas se obtenían mediante adición de opacificante y colorantes, a partir del vidrio que se usaba en cada época. Los análisis de las teselas de los diferentes periodos muestran que la materia prima no era vidrio de recuperación, sino contemporánea a la decoración[5]. Para paliar la penuria de teselas de vidrio de color, los mosaístas utilizaron a veces teselas de vidrio o piedra templadas de colores. El precio de los mosaicos debía depender, igualmente, del metal precioso utilizado, estimado a más de 4 kg sólo para el ábside de Santa Sofía y a 356 kg para los mosaicos del siglo VI en la misma iglesia, pero quizás era menos importante según cálculos recientes[6]. Además del coste de los materiales y su valor intrínseco, el valor del mosaico residía igualmente en el proceso minucioso de realización, en la perennidad y el esplendor de las obras y, sin duda, en el prestigio que se le asociaba.

I. R.

 

En Islam

El mosaico es principalmente un arte de los primeros siglos del Islam, que se inspira muy ampliamente de la tradición romano-bizantina, tanto a nivel técnico como iconográfico, siendo el repertorio simplemente adaptado a los gustos de los nuevos comanditarios musulmanes.

Los primeros califas utilizaron esta técnica decorativa proveniente del mundo clásico y ya bien presente en las tradiciones artísticas locales (grandes escuelas de mosaico en todo Oriente Próximo desde el siglo IV: Gaza, Antioquia, Madaba…). Los omeyas aprovecharon una tradición existente para sacar el mejor partido artístico. El Domo de la roca de Jerusalén, primer monumento islámico, retoma esta técnica pero este arte eminentemente romano-bizantino no sobrevivirá a la caída de los omeyas: los abbasíes tenderán a buscar en las tradiciones orientales, olvidando así las tradiciones clásicas. Una resurgencia de este arte aparecerá en el califato omeya de Córdoba y, en un último sobresalto simbólico, bajo los mamelucos, antes de desaparecer definitivamente del vocabulario artístico islámico.

Del mosaico islámico sólo se abordarán las técnicas de opus sectile y tesselatum, a excepción de los zelliges de África del Norte, que se asemejan todavía más a la cerámica.

Mosaico de suelo

Cronológicamente, es la forma más antigua. Sabemos que las iglesias bizantinas de uso en la época omeya poseían mosaicos de suelo. Estos últimos, en el mundo musulmán, se limitan a edificios civiles. Los castillos llamados «del desierto» fueron los primeros ejemplos de arquitectura islámica que recurrieron a suelos pavimentados. Los ejemplos son numerosos, desde el baño de Qusayr ‘Amra (Jordania), conocido por sus pinturas figuradas, hasta Qastal (Jordania), donde las recientes excavaciones sacaron a la luz mosaicos figurativos animales. El ejemplo más emblemático sigue siendo el complejo palaciego inacabado de Khirbat al-Mafjar en Palestina, donde el suelo entero de los baños está cubierto de decenas de alfombras de mosaico. En el más conocido, situado en el diwân, figuran dos gacelas y un león que atacan a una gacela a ambas partes de un árbol. La calidad de este mosaico hace de él una referencia sin igual para la región y la época. Otros sitios poseen mosaicos de suelo, como Khirbat al-Minya (Palestina), con el único ejemplo de inscripción coránica sobre este tipo de soporte hasta hoy. La mayoría de los motivos utilizados son conocidos en los repertorios locales antiguos, pero se nota sin embargo una predilección por los repertorios textiles, los motivos de entrelazos complejos, que dejan presagiar el futuro de los arabescos. La presencia de motivos figurados animales o humanos, como en Qasr al-Hallabat (Jordania) muestra que la prohibición figurativa en el Islam se limita sólo a los edificios religiosos.

Mosaicos parietales

Si todos los mosaicos de suelo fueron encontrados en un contexto civil, los mosaicos murales lo fueron en un contexto religioso. Poseemos cuatro grandes ejemplos de decoración mural con teselas (cubos de vidrio, oro, plata, piedras duras…): el Domo de la roca de Jerusalén (691), la gran mezquita de los omeyas de Damasco (705 - 715), la gran mezquita de Córdoba (785 à 987) y el mausoleo del sultán Baybars en Damasco (1277). El Domo de la roca es la primera gran realización del mundo musulmán por el califa ‘Abd al-Malik; no es una mezquita sino un santuario. El interior octogonal de influencia bizantina está enteramente recubierto de mosaicos con fondo de oro, cuyo repertorio se ha tomado del mundo bizantino y sasánida. El segundo ejemplo, la gran mezquita de Damasco construida por al-Wâlid I, está construido sobre el emplazamiento de la antigua basílica de San Juan Bautista y poseía originalmente un paramento de mosaico de oro y plata en el patio y en el interior de la sala de oración (decoración actualmente desaparecida, debido a varios incendios). Es un conjunto incomparable por la riqueza de los materiales y del repertorio utilizados: árboles, arquitecturas, elementos vegetales diversos, elementos naturales, creando un friso continuo de arquitecturas ejercidas en medio de una naturaleza floreciente atravesada por un río. Un panel conservado, descubierto a principios del siglo XX, representaría, según los especialistas, el Barada (río que atraviesa Damasco) con representaciones simbólicas de las grandes ciudades del imperio o de los monumentos destacables de la época.

A la caída de los omeyas de Damasco, la emergencia del califato abbasí marcó el abandono de esta técnica en Oriente Próximo. El califato omeya reconstruido en Córdoba después de 756 ofreció un nuevo ejemplo de mosaico parietal con la gran mezquita de Córdoba, en la que el mi?r?b y el espacio en torno, así como la cúpula central, fueron decorados de mosaicos con fondo de oro, de una riqueza técnica iconográfica destacable, probablemente bajo la dirección de un maestro bizantino. Como en el Domo de la roca, la iconografía es aquí esencialmente vegetal y estilizada con inscripciones que citan el Corán y mencionan el nombre de al-Hakam II (961). El repertorio floral estilizado constituirá la riqueza del repertorio llamado «hispano-morisco», magnificado por los estucos de Córdoba en la Alhambra de Granada. El mausoleo del sultán mameluco Baybars construido en Damasco en 1277 retoma, una última vez, en homenaje a las horas gloriosas del imperio omeya, la técnica de los muros de teselas de oro y la iconografía arquitectónica de la decoración de la gran mezquita de Damasco. Es uno de los últimos ejemplos de mosaico de teselas del mundo musulmán.

Los mosaicos de teselas, ya sean de suelo o murales, provienen de una tradición antigua grecorromana que conoció un destino particular en el seno del mundo musulmán. En un primer tiempo admirada y muy ampliamente utilizada bajo los omeyas, esta técnica sufrió por su aspecto «demasiado» bizantino cuando los abbasíes decidieron centrar la cultura islámica sobre sus propias tradiciones. Tendremos aquí y allí resurgencias locales de este arte, pero nunca nada comparable con lo que conocerá el imperio bizantino y el mundo cristiano (Venecia, Ravenna…). El mosaico de suelo, a veces figurado, se limitará a los edificios seculares, mientras que el parietal será la exclusividad de algunos grandes monumentos religiosos, para desaparecer en el siglo XIII en Oriente Próximo, allí donde su historia había comenzado en el mundo islámico.

B. T.

Bibliografía

Bizancio

Belting, H., Mango C. et Mouriki D., The mosaics and frescoes of St. Mary Pammakaristos (Fethiye Camii) at Istanbul, Washington, D.C., 1978.

Borsook E., Messages in mosaic : the royal programmes of Norman Sicily (1130-1187),Woodbridge ; Rochester, 1998.

Cutler A., « The Industry of Art », A. Laïou éd., The Economic History of Byzantium :From the Seventh to the Fifteenth Century, p. 555-582.

http://www.doaks.org/EconHist/EHB24.pdf

Demus O. , Byzantine mosaic decoration, aspects of monumental art in Byzantium, London, 1947.

Demus O., The Mosaics of Norman Sicily, London, 1949.  Demus O., The mosaics of San Marco in Venice,  Chicago, 1984.

François V. et Spieser J.-M., « Pottery and glass in Byzantium » dans A. E. Laiou, éd., The economic history of Byzantium : from the seventh through the fifteenth century, Washington, D.C., 2002, Vol. II, p. 593-609. http://www.doaks.org/EconHist/EHB22.pdf

Nota


[1] C. Balmelle et J.-P. Darmon, « L’artisan-mosaïste dans l’antiquité tardive », X. Barral I Altet éd., Artistes, artisans et production artistique au Moyen Age, p. 235-237

[2] A. Cutler, « The Industry of Art », A. Laïou éd., The Economic History of Byzantium :From the Seventh to the Fifteenth Century, p. 557. Plus récemment L. James, a insisté sur les aspects techniques qui demeurent obscurs (lieux de production de tesselles et verre brut) tout en mettant en cause certaines, notamment, le coût excessif des tesselles incluant du métal précieux et l’exportation des tesselles.

[3] A. Effenberger, « Images of Personal Devotion: Miniature Mosaic and Steatite Icons », dans H. Evans éd., Byzantium. Faith and Power (1261-1577) (catalogue de l'exposition du Metropolitan Museum), New Haven, 2004, p. 209-212.

[4] A. Cutler, « The Industry of Art », A. Laïou éd., The Economic History of Byzantium :From the Seventh to the Fifteenth Century, p. 559.

[5] L. James, « Byzantine glass mosaic tesserae : some material considerations », Byzantine and Modern Greek Studies 30, 2006, p. 41.

[6] James L., « Byzantine glass mosaic tesserae : some material considerations », Byzantine and Modern Greek Studies 30, 2006, p. 46.



Notice: Undefined variable: dans_accueil in /srv/data/web/vhosts/www.qantara-med.org/htdocs/public/include/doc_footer.php on line 72