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Los paleólogos (1261-1453)

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La situación del Imperio de Nicea se torna crítica tras la alianza de los latinos, que reúne a Guillermo de Villehardouin, príncipe de Acaya (1246-1278), a Manfredo I de Sicilia (1258-1266) y al déspota de Epiro, Miguel II Ducas (1230-1266 ó 1268). El general Miguel Paleólogo, nombrado en un primer momento regente por los miembros de la Corte de Juan Láscaris, se proclama coemperador en 1259. Mientras, reina la desunión en el seno de la coalición latina, y los bizantinos se hacen con Tesalia y Epiro.

El principal objetivo de Miguel Paleólogo consistirá en retomar la ciudad de Constantinopla. Aunque su primera tentativa, en 1260, es un fracaso, posteriormente sus tropas, dirigidas por Alejo Strategopoulos, logran adueñarse de la ciudad, aprovechando la oscuridad de la noche y la ausencia del ejército latino. Miguel Paleólogo, que entra con gran pompa en la capital del restablecido Imperio, vuelve a coronarse en 1261 en Santa Sofía. Ese mismo año, cerca de Navidades, manda cegar a su joven coemperador y se convierte así en el único emperador de Bizancio.

Miguel VIII Paleólogo sabe que deberá resistir al violento contraataque de los latinos, preparado por Carlos de Anjou[1], que ha concluido un acuerdo con Balduino de Courtenay[2] y Guillermo de Villehardouin para retomar Constantinopla. Para contrarrestar los proyectos de cruzada de Carlos de Anjou, Miguel VIII negocia la unión de las Iglesias de Oriente y Occidente. En 1274, en el Concilio de Lyon, el Papa y una delegación bizantina proclaman un acercamiento basado en la tolerancia mutua. Aunque esta declaración parece sellar el fin del cisma y deja sin contenido los principios de la cruzada, Carlos de Anjou organizará varias expediciones contra Constantinopla, sin que ninguna de ellas logre acariciar el éxito.

Pese a los esfuerzos de Miguel VIII Paleólogo por restaurar la unidad del Imperio bizantino, los Estados nacidos tras la toma de Constantinopla en 1204 se niegan a perder su independencia y a someterse a un emperador que ha instado la unión con la Iglesia occidental. Los conflictos con Occidente agotan el poder que le quedaba a Bizancio y debilitan el Imperio, constantemente amenazado por los ataques de eslavos y turcos.

El declive del Imperio comienza realmente con el reinado del hijo de Miguel VIII, Andrónico II Paleólogo (1282-1328). Éste intenta recobrar la confianza del pueblo rechazando el Concilio de Lyon desde el día mismo de su investidura. Para mejorar la desastrosa situación del erario imperial, Andrónico II decide recortar el número de efectivos del ejército terrestre y naval, en un momento en el que el Imperio es atacado a diario desde todos los frentes.

Una guerra civil enfrenta a Andrónico II y a su nieto Andrónico III. En 1328, Andrónico III llega al poder, respaldado por el general Juan Cantacuceno, gracias a la ayuda del cual restablece la autoridad imperial en Epiro y Tesalia. Al Norte, logra repeler a los búlgaros y anexiona numerosas provincias griegas que se habían separado del Imperio tras 1204. La repentina muerte de Andrónico III en 1341 sume a Bizancio de nuevo en la incertidumbre. La guerra civil causa estragos y extenúa al Imperio, tanto más cuanto que las potencias extranjeras participan en ella.

Cuando Juan V Paleólogo (1354-1376) accede al poder, la situación es desesperada. En 1372, acepta convertirse en vasallo del emir otomano Murad. Su hijo Andrónico, se rebela con esta decisión, y sube al trono en 1376. Bayazid I, hijo de Murad, asedia Constantinopla en 1392. La reacción de los occidentales es inmediata, pero su expedición fracasa. Sin embargo, la ciudad obtiene un respiro porque la unidad del Estado otomano se ve destruida por el conquistador mongol Tamerlán, al que Bayazid se enfrenta en 1402 en Ankara.

Con todo, el Estado otomano no tarda en reconstituirse y logra recuperar todos los territorios perdidos. Con el reinado del sultán Mehmet I, entronizado en 1413, la paz se mantiene hasta la muerte de éste en 1421. Las hostilidades se reinician cuando Murad II (1421-1451) sitia Constantinopla en 1422 y obliga a Manuel II Paleólogo (1391-1425) a firmar un tratado de sumisión. La penosa situación que debe afrontar el hijo de Manuel II, Juan VIII Paleólogo (1425-1448) lleva a éste a entablar negociaciones con Occidente a partir de 1431, negociaciones que desembocarán en la unión de las Iglesias en el Concilio de Florencia de 1439.

En 1449, Constantino XI sucede a su hermano Juan VIII, fallecido en 1448. En el bando otomano, Mehmet II llega al trono en 1451; su principal objetivo es conquistar Constantinopla. Constantino XI recaba de nuevo la ayuda de Occidente, pero el apoyo militar que obtiene es escaso. A pesar de los esfuerzos conjuntos de bizantinos y latinos, Mehmet II se apropia de Constantinopla el 20 de mayo de 1453. En los años siguientes, sofoca los últimos focos de resistencia: se hace con el ducado de Atenas en 1456, con el despotado de Morea en 1460 y, por último, con el Imperio griego de Trebisonda, que capitula en 1461.

Al final de la ocupación latina en 1261, un gran número de monumentos de Constantinopla están destruidos o han sido expoliados. Al llegar al poder, Miguel VIII Paleólogo ordena que se restauren los monumentos, al tiempo que se realizan nuevas construcciones. La arquitectura religiosa de la época ofrece ejemplos de excepcional calidad, profusamente decorados.

La evolución del arte bizantino entre los siglos XIII y XV puede reconstituirse en toda su extensión a través de la producción pictórica. A partir de la segunda mitad del siglo XIII, concluye definitivamente el periodo mediobizantino. En el siglo XIV, se introducen nuevos ciclos narrativos, lo que se traduce en la multiplicación del número de escenas representadas en las iglesias. En este renacimiento artístico, la representación de iconos ocupa un lugar privilegiado, tanto por el número de obras realizadas, como por la calidad y la delicadeza de su ejecución. En Grecia, Chipre y Creta, nacen rápidamente escuelas locales, cada una de las cuales desarrolla su propio estilo.

En el ámbito de las artes suntuarias, florece el bordado. Por el contrario, la producción de iluminaciones dista mucho de tener la importancia de siglos anteriores, y el número de miniaturas que ilustran los manuscritos disminuye considerablemente; entre las obras más notables, cabe destacar algunos manuscritos imperiales, en los que la ilustración se limita, sin embargo, a los retratos de los emperadores, realizados según las pautas típicas del arte de los paleólogos.

E. Y.

Nota


[1] Carlos de Anjou, llamado Carlos I de Sicillia, es hermano de Luis IX de Francia. Reina en Sicilia de 1266 a 1282, pero posee asimismo una parte de Italia del Sur y de la Provenza.

[2] Balduino II de Courtenay será el último emperador latino de Constantinopla (1228-1261).