Este collar de oro, perlas, piedras preciosas y esmaltes, con gran pectoral en forma de ave trabajado en filigrana, es una obra maestra de la orfebrería marroquí de las zonas urbanas, ya que en las regiones rurales beréberes los collares eran de plata.
En el mundo islámico, los joyeros suelen ser de confesión judaica. De hecho, los musulmanes abandonaron este campo artístico por motivos religiosos, y los ciudadanos de las comunidades no musulmanas se convirtieron en especialistas. Los judíos de España que huyeron de la Reconquista cristiana del país después de 1492 se instalaron en el Magreb, donde introdujeron sus técnicas de trabajo. Hay que situar la orfebrería marroquí en este contexto de influencia andaluza.
El contorno de cuello alterna regularmente perlas de oro redondas y ovaladas, perlitas finas en cascada[1], y perlas “bobina” de oro esmaltadas en verde, blanco y color burdeos con una decoración compuesta por una roseta central de la que emergen mitades de hojas[2]. Este tipo de perla existía probablemente desde la Antigüedad; era común en la España omeya y todavía existía en la época nazarí (1230-1492) en objetos destinados a una clientela cristiana [3]. Las perlas oblongas ya se documentan en Irán en el siglo XI[4].
Existen al menos otros dos collares semejantes con pectoral en forma de ave[5]. Este, en forma de águila bicéfala con las alas desplegadas y la cola en abanico, recoge un motivo probablemente profiláctico o totémico originario del antiguo Oriente, utilizado en las civilizaciones romana y bizantina y que también fue el emblema de los selyúcidas. Encontró una gran difusión en todo el mundo islámico [6]. Un vaso ayubida conservado en el Museo del Louvre [7] constituye un ejemplo de este motivo elaborado en Jezireh.
Las técnicas aplicadas para la realización de esta joya son diversas, y reflejan, al igual que las formas y los motivos, la koine cultural de la Cuenca mediterránea. El esmaltado surgió en Oriente en los siglos VIII-VII a. C. en Luristán y, probablemente, siguió desarrollándose en la épocas parta y sasánida. En Occidente, existía una tradición del esmalte desde el siglo V a. C. en la Galia céltica, y esta técnica está documentada en la España romana[8]. El esmaltado bizantino también tenía mucho renombre. Como consecuencia de la conquista árabe, parece ser que la tradición local y la aportación artística de Oriente se fusionaron para dar lugar a la magnífica producción de orfebrería decorada con esmalte alveolado del califato de Córdoba (756-1031)[9]. La España musulmana seguirá siendo especialista en esta técnica hasta el final de la reconquista. El esmalte también se utiliza en el Egipto fatimí[10] e incluso en el Jezireh artuqí[11]. En este collar, la decoración de esmalte está más emparentada con la técnica de la filigrana que con los alvéolos. De hecho, y como es habitual en las piezas magrebíes, el hilo de oro sobresale de la decoración de esmalte colocada en el fondo en una capa fina.
La filigrana, asociada a la gráfila, constituye toda la decoración del pectoral y de las dos perlas adyacentes. El ave está decorada con pequeñas volutas circulares u ovaladas [12], cada una de las cuales lleva una gráfila gruesa. Estas técnicas de trabajo del oro se difundieron en la orfebrería andaluza [13] y en el Egipto fatimí. Su origen oriental queda confirmado por su utilización en Irán desde la época sasánida. Estas técnicas también se conocen en el Occidente medieval. Finas perlas y piedras preciosas (esmeraldas talladas en tabla y embutidas, cabujones de rubí) salpican esta red de filigrana. La elección de las piedras y la gama de colores, características de la joyería marroquí, evocan el trabajo de los orfebres turcos y mogoles.
[1] Estos rosarios de perlas barrocas eran muy apreciados en la orfebrería nazarí (1230-1492).
[2] Un collar fabricado en Meknès a principios del siglo XX, conservado en una colección privada, presenta exactamente la misma perla (qannuta).
[3] Collar de oro, decoración con granulación y esmalte alveolado, España, siglo XV, Nueva York, The Metropolitan Museum of Art, inv. 17.190.161.
[4] Collar de oro, siglo XI, Courtesy of Schmuckmuseum, Seh 3477-48 .
[5] Uno se conserva en París, en el Museo de quai Branly (inv. 74.1969.6.1.1-2); el otro fue subastado en mayo de 2007 por MarocAuction.
[6] En la Anatolia selyúcida (1077-1307) se encuentra este motivo, por ejemplo, en una baldosa de cerámica con una estrella del Museo Karatay de Konya, inv.1143. Los muros del recinto de Konya también presentan este motivo, esculpido con la cara plana (1221-1222).
[7] Jarrón con águila bicéfala, Jezireh, finales del siglo XII - principios del siglo XIII, París, Museo del Louvre, inv.8178.
[8] Placa circular en bronce y esmaltes campeados, policromados Madrid, Museo Lázaro Galdiano.
[9] Joyas esmaltadas procedentes de Medina Al Zahra, siglo X, Baltimore, Walters Art Gallery.
[10] Elemento de collar en forma de creciente, oro, decoración de granulaciones, filigranas de oro y esmaltes alveolados, Egipto, siglo XI-XII, París, Museo del Louvre, inv. MAO 139.
[11] De las producciones de esta dinastía (1102-1408), instalada en la región de Diyârbakir (Turquía), hay que destacar la famosa pileta de cobre decorada con esmaltes policromos conservada en Innsbruck en el Tiroler Landesmuseum Ferdinandeum, del tercer cuarto del siglo XII, que presenta analogías técnicas y estilísticas con los esmaltes medievales occidentales.
[12] Estas mismas volutas se encuentran en la orfebrería nazarí del siglo XV: Collar de oro con decoración de filigrana, España, siglo XV, New York, The Metropolitan Museum of Art, inv. 17.190.152.
[13] Tesoro de Loja, Madrid, Instituto Valencia de Don Juan.
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