Notice: session_start(): A session had already been started - ignoring in /srv/data/web/vhosts/www.qantara-med.org/htdocs/Connections/fonctions.php on line 340
Qantara - La cerámica
Notice: Undefined variable: dans_edito in /srv/data/web/vhosts/www.qantara-med.org/htdocs/public/include/doc_header.php on line 92

Notice: session_start(): A session had already been started - ignoring in /srv/data/web/vhosts/www.qantara-med.org/htdocs/Connections/fonctions.php on line 340

Notice: Undefined index: motscles in /srv/data/web/vhosts/www.qantara-med.org/htdocs/public/include/doc_menu.php on line 60

Notice: session_start(): A session had already been started - ignoring in /srv/data/web/vhosts/www.qantara-med.org/htdocs/Connections/fonctions.php on line 361
Qantara Qantara

Notice: Trying to access array offset on value of type null in /srv/data/web/vhosts/www.qantara-med.org/htdocs/Connections/fonctions.php on line 684

La cerámica

En Bizancio

 

Del siglo IV al siglo VII, los alfareros en actividad en el Oriente cristiano son los herederos de sus colegas romanos. Fabrican la vajilla de mesa, sobre todo sigillatas, cerámicas de cocina y ánforas según unas técnicas y unos modelos extraídos del mundo romano. A partir del siglo VII, los artesanos constantinopolitanos aplican un vidriado de plomo sobre la vajilla de pasta blanca que producen. Poco a poco, se alejan de la tradición romana para realizar, del siglo IX a la mitad del siglo XV, unas cerámicas de transporte, de almacén, de cocina y de mesa, de pasta roja de diferentes tipos. En los campos técnicos, estilísticos e iconográficos, los alfareros bizantinos adoptan pocas cosas de sus colegas extranjeros. Utilizan unos procesos de fabricación y de decoración simples que perduran sin ningún cambio o innovación importante en aquellos nueve siglos. Las influencias exteriores procedentes del mundo islámico y del Occidente cristiano quedan muy limitadas.

En el medio del siglo XIII, el engobe blanco, la incisión y el vidriado plomífero pasan de los talleres bizantinos a las oficinas italianas de Liguria y Venecia - regiones que mantienen relaciones estrechas con Bizancio a aquella época - en las cuales se fabrican los Graffite arcaiche tirreniche de Savona y la vajilla de tipos San Bartolo y Spirale cerchio de Venecia. Los alfareros de Bizancio no fueron herméticos a las influencias estilísticas venidas del mundo musulmán. La primera manifestación de inspiración oriental en la alfarería bizantina se remonta a los siglos X-XI. En efecto, los Polychrome Painted Ware llevan elementos decorativos de inspiración sasánida que aparecen en la alfarería mediante las sederías de lujo bizantinas cuyas iconografías eran muy marcadas a aquella época por el repertorio iraní contemporáneo que prolonga una tradición sasánida. Al final del siglo XI, en Corinto, las cerámicas pintadas con un engobe rojo, fabricadas localmente, parecen ser copias de lozas islámicas pintadas con un lustre metálico, a pesar de que las técnicas empleadas no sean las mismas. Una influencia procedente de las producciones de la Persa occidental de los siglos X-XI se percibe mediante la producción de vajilla bizantina en el siglo XII con la composición de los decorados y de la iconografía de las cerámicas de tipo graffito. La ausencia de modelos persas en la tierra bizantina plantea el problema del modo de transmisión de los decorados y/o de las técnicas que se ha operado mediante otros intermediarios que la alfarería o que resulta del traslado de artesanos. Las importaciones de vajilla de orígenes extranjeros han sido a menudo una fuente de inspiración para los alfareros. Sin embargo, si existe efectivamente un comercio de las cerámicas en el Imperio bizantino, no parece haber influenciado los artesanos a quienes les cuestan modificar o adaptar su producción. Entre el siglo XIII y XV, las proto-mayólicas de Campania y de Apulia, las Ramina Manganese Rosso, las Roulette Ware, Spirale-cerchio y Metallic Ware y después las Graffita, fabricadas en los talleres de Venecia y de su región, son comercializadas en las regiones de Grecia controladas por los francos o que mantienen relaciones políticas o económicas estrechas con Italia. Estos jarrones son transportados por las flotas que salen de los puertos de Venecia, de Brindisi y de Otranto, que son unas cabezas de puente hacia el Oriente pero también unos centros de fabricación de vajilla. Las lozas pintadas con lustre metálico y con azul de cobalto, producidas en los talleres de la región de Valencia en España en los siglos XIV y XV, ampliamente distribuidas en el Mediterráneo oriental, aparecen en pequeñas cantidades en Bizancio y son principalmente acreditadas en Grecia en unos emplazamientos vinculados con los catalanes en el siglo XIV. Muy escasas en Grecia y apenas más numerosas en Anatolia, los hallazgos de alfarería oriental aparecen en poca cantidad en la capital del Imperio. Las producciones del Egipto fatimí y luego mameluco son absolutamente excepcionales mientras que las cerámicas fabricadas en Siria del norte a la época ayubí, esencialmente representadas por las producciones de Raqqa, son más numerosas. Las cerámicas persas selyúcidas representan lo esencial del material islámico importado. Se trata de copas y de jarras decoradas en relieve moldeado, recortado o entallado bajo un vidriado alcalino opaco, blanco o turquesa, de algunas copelas de tipo minaï originarias de los talleres de Ray y de Kashan, y de unos platos de tipo lakâbi. La importación de esta vajilla en Bizancio parece ser debida a la instalación en Anatolia de los turcos selyúcidas que apreciaban mucho la vajilla decorada.

Al final del siglo XII, una nueva herramienta aparece en los talleres bizantinos, el trípode. Se trata de un pequeño soporte con aristas vivas, modelado a mano o moldeado que, una vez intercalado entre las formas abiertas, facilita su apilamiento a la hora del enhornado. Los cascos de las piezas falladas dispuestas entre los objetos contiguos y unos pequeños cilindros de arcilla ordinaria permiten evitar pegaduras inopinadas; son en parte remplazados por los trípodes cuyo uso se generaliza en Bizancio sin llegar sin embargo a ser sistemático. El empleo de esta cala trípode es muy anterior en Extremo-Oriente puesto que las producciones chinas llevan aquellas huellas en el 220 de nuestra era. Parece que esta herramienta fue introducida en Medio-Oriente mediante los mercaderes musulmanes. En el siglo IX, las alfarerías iraníes llamadas de “tres colores” presentan las tres marcas de arranque características y su uso es atestiguado, en el siglo X, en Susa en Mesopotamia así como en Asia central en los talleres de la fortaleza de Samarcanda. En el Levante, los alfareros recurren a esta cuña en el siglo XIII y en Egipto solamente en el siglo XIV. Las barras encontradas en Serres en Macedonia para el enhornado indican que se gastaba un horno de tipo islámico en el mundo bizantino al final del siglo XIII - principio del siglo XIV, mientras que la cerámica realizada en este taller es una producción que sigue siendo de tradición bizantina.

Técnicas de la cerámica

La cerámica es una de las artes principales de la civilización islámica y es, de lejos, el material más representado en los diversos sitios arqueológicos. Si los objetos usuales no vidriados, a menudo no decorados, son los más frecuentes, se han desenterrado también muchos otros: objetos de utilidad corriente pero vidriados, producciones más lujosas adornadas según métodos a veces muy sofisticados e incluso elementos de revestimientos murales.

Como las formas y técnicas tradicionales tienen tendencia a perpetuarse, a menudo es imposible distinguir la cerámica de los inicios de la hégira de la de los periodos anteriores. Sin embargo, muy rápidamente, los alfareros musulmanes sacaron efectos nuevos de técnicas ya conocidas en el mundo romano, el Irán sasánida y Egipto. Dieron lugar a varios procedimientos decorativos y un repertorio que, incluso influenciado por las producciones locales y las aportadas por las vías comerciales, como la Ruta de la Seda, se hizo rápidamente emblemática de un estilo considerado como «islámico». Estilo y técnicas desempeñaron un papel importante de intermediarios entre la cerámica de Extremo Oriente y la de Europa, donde se desarrolló incluso, a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, un estilo orientalizante, inspirado de modelos diversos – cerámicas, vidrios, textiles – originarios de las tierras del islam.

Procedimientos de fabricación de la cerámica

La pasta

Fabricada a partir de una mezcla de diversos materiales, su color varía. Pasa por varias operaciones, necesarias para facilitar el modelado y la cocción. Existen dos tipos principales de pastas que, en los períodos de transición, sufrieron variaciones: la pasta arcillosa y la pasta silícea.

La pasta arcillosa se constituye, en su mayoría, de arcilla y de un 45 a 50 % de silicio (en forma de silicatos). Según las impurezas que contiene, su color varía del blanco-gris al amarillo pálido, e incluso al rojo oscuro. La mayoría de las veces, con el fin de facilitar el amasado, el secado y disminuir la retracción durante la cocción, es necesario añadir un desengrasante (arena, caliza). Los bloques de arcilla, triturados y humidificados, soportan amasados sucesivos hasta la obtención de la consistencia deseada y se dividen, a continuación, en grandes tacos. Viene entonces la fase del «pudrimiento», en un local cerrado y húmedo, que puede durar varias semanas o incluso varios años. Antes del uso, interviene un último mezclado.

La pasta arcillosa se utilizó constantemente a lo largo de los siglos.

La pasta silícea se constituye de un 80 a 95 % de silicio y su color varía del blanco al blanco grisáceo o al rosa muy pálido. Poco plástica, es necesario añadir un ligante orgánico (arcilla plástica, goma) para proceder al modelado, a menudo mediante molde. En su tratado de 1301, Abu-l-Qasim, descendiente de un largo linaje de alfareros de Kashan, ofrece la receta confirmada por análisis de laboratorio: diez partes de piedras de cuarzo molidas y pulverizadas finamente, una parte de frita (piedras de cuarzo y sosa extraída de cenizas vegetales) y una parte de arcilla blanca plástica. Fue en el siglo XII cuando los alfareros musulmanes redescubrieron y generalizaron el empleo de esta pasta, muy extendida en la Antigüedad, en Egipto y Mesopotamia, pero que conoció un eclipse de varios siglos. En Irán, según la cantidad de frita añadida a la pasta, se podían obtener objetos muy duros y translúcidos, que prefiguraban la porcelana tierna puesta a punto en Europa en el siglo XVIII.

El modelado del objeto

Puede hacerse de varias formas, según el uso de la pieza y la pasta.

La técnica más primitiva es el modelado a mano, para objetos muy sencillos o accesorios de piezas moldeadas o torneadas (asas, picos…). El torneado, procedimiento inventado probablemente en el milenio IV a.C., se hace al torno. Se compone de una rueda inferior accionada con el pie y una rueda superior que contiene la bandeja en que se coloca la tierra. El alfarero procede mediante un movimiento de rotación regular. Según la forma del objeto o la pasta utilizada (silícea), el objeto se fabrica con molde. La pasta se prensa en un molde, en una o varias partes, empalmadas a continuación con arcilla decantada, la barbotina. La pieza, todavía húmeda, se somete a un pulido, con la mano mojada o un instrumento liso (canto rodado).

El tratamiento de la superficie de la cerámica vidriada

Para proporcionar a la superficie del objeto un color diferente del de la pasta o unificarlo, el alfarero lo sumerge, antes de la cocción, en un baño de arcilla diluido, el engobe. A partir del siglo XIV, algunas producciones de pasta silícea se recubrieron de un engobe silíceo.

Con el fin de hacer que el objeto, con engobe o no, sea impermeable, decorarlo y darle un aspecto brillante, se recubre a continuación con un vidriado, del que se distinguen, según el fundente empleado, dos tipos principales, ya utilizados antes del islam. El vidriado alcalino, que se altera fácilmente, contiene óxidos alcalinos y alcalinotérreos. El vidriado emplomado, a base de óxidos de plomo, se altera mucho menos. Ambos se emplearon en función de los efectos buscados, así como de las fórmulas intermediarias.

El vidriado es naturalmente transparente e incoloro. Según las necesidades, puede colorearse mediante añadido, en pequeñas cantidades, de óxidos metálicos, que resultan de la trituración y pulverización de algunos minerales y el tostado de otros en hornos especiales. El color obtenido y su intensidad varían en función del vidriado y de la cantidad de óxidos, siendo los más corrientes el cobre (que da lugar al azul con un vidriado alcalino y al verde con un vidriado emplomado), el cobalto (azul profundo), el manganeso (berenjena, claro u oscuro), el hierro (diferentes colores, verde, amarillo, rojo) y el estaño (blanco, pero amarillo en presencia de plomo). Según las épocas y regiones, se utilizaron otros óxidos, como el antimonio en Túnez en el siglo XVIII.

A partir de finales del siglo VIII, para imitar sin duda las producciones chinas que provenían por las vías terrestres y marítimas sobre todo, al imperio abasí y hasta Arabia, los alfareros intentaron opacificar el vidriado. El análisis de los objetos del siglo IX muestra tentativas de los artesanos mesopotámicos. En algunos casos, la opacificación sólo es aparente, debido a la fusión incompleta del vidriado alcalino. En otros, se obtiene un bello color blanco mediante el añadido de estaño (2%), pero el vidriado adhiere mal al soporte, «se escama». Finalmente, un resultado satisfactorio proviene del encuentro del vidriado aplomado y el óxido de estaño. Como la pasta es arcillosa, el objeto es una verdadera loza. Muy rápidamente, con varios siglos de avance respecto a Europa, esta técnica se extiende de Irán a España, con variantes sin embargo, en la medida en que el estaño no está presente por todas partes.

El vidriado, cuyo color se revela con la cocción, se aplica entonces sobre el objeto, de diferentes maneras: en forma de mezcla de los componentes que, al fundir, forman una capa vítrea; en forma de vidrio pulverizado, que funde una segunda vez en el momento de la cocción y forma un revestimiento más homogéneo; o, por último, en forma de suspensión acuosa, con pincel, por aspersión o inmersión.

Después del secado, el objeto está listo para enhornarlo para la cocción.

La cocción

Los hornos descubiertos en varios sitios son, en general, circulares y con llamas directas. Las paredes son muy espesas y la construcción se introduce profundamente en el suelo. En varios casos, son de llamas invertidas, como en Bâlis-Meskeneh, en Siria del Norte. El mismo sitio nos ha dejado hornos poco comunes más pequeños, con paredes de tierra refractaria, destinados a la cocción de los objetos a menudo llamados eolípilas, pero de los que se sabe que tuvieron diversas funciones. Los textos mencionan hornos especiales, más pequeños, destinados a los objetos que necesitaban una segunda cocción, protegidos de las llamas directas. ¿Se trataba de hornos de mufla (doble pared) o de hornos con un acondicionamiento particular?

El enhornado necesita muchos cuidados. Con el fin de separar las piezas unas de otras y favorecer una buena repartición del calor, se utilizan varias soluciones, que necesitan la fabricación previa de instrumentos específicos, cuyos vestigios se encuentran en las zonas de alfareros excavadas: bastones de enhornado, metidos en las paredes, trípodes y discos, atifles (que dejan a veces desgarramientos en el vidriado), cacetas para las piezas delicadas. Según las posibilidades locales y las necesidades técnicas, el combustible utilizado difiere.

La cocción requiere una gran vigilancia y comporta varias fases. Primero es lenta y después se impulsa, según la naturaleza de la pasta, hasta 900-1100°C (no más de 600°C para una segunda cocción). Varios días son necesarios para el enfriamiento de la carga, antes de abrir el horno. Los resultados obtenidos no siempre son satisfactorios. Un enhornado incorrecto o una cocción mal dirigida tienen como consecuencia el hundimiento, la deformación, la rotura de las piezas y también su adherencia unas a otras, en razón del color del vidriado.

Estos fallos de cocción, dejados in situ, son particularmente interesantes para los arqueólogos, ya que permiten atribuir una producción a un taller. 

M. B. -T.



Notice: Undefined variable: dans_accueil in /srv/data/web/vhosts/www.qantara-med.org/htdocs/public/include/doc_footer.php on line 72