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Qantara - La iluminación
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Qantara Qantara

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La iluminación

En Bizancio

Reservado para realzar y aportar una exégesis visual al texto, la iluminación ha adornado los manuscritos desde los primeros siglos. Por fuentes escritas, se sabe que numerosos papiros estaban ilustrados y que existía una producción importante de textos de todas clases conllevando ilustraciones y un mercado muy activo del libro. El uso de pergamino y la forma del códice aportó posibilidades hasta entonces desconocidas. Las hojas planas del pergamino, no pudiendo ser enrolladas como el papiro, permitían aplicar capas de pinturas más gruesas. En el siglo IV, la pintura de miniaturas había alcanzado ya un alto nivel artístico y se había convertido en un arte mayor.

Sobre las hojas de papiro, como las iluminaciones se realizaban únicamente en los márgenes, el uso del pergamino y sobre todo del códice permitió realizar miniaturas a plena página que servían como de paneles independientes pero también a introducir las miniaturas en el texto, en friso ó en cuadro. Las miniaturas marginales son realizadas después del acabado de la copia del texto. La imagen dispuesta en los márgenes acompaña al texto pero no se integra verdaderamente en él. La ausencia de marco permite a la imagen desplegarse sobre un espacio más libre y de adquirir un desarrollo narrativo. En cambio, la miniatura a plena página se desmarca de su contexto textual y adquiere una autonomía total y una fuerza dramática. Las miniaturas se convierten así en auténticos paneles y hacen oficio de iconos portátiles.

Con la adopción del sistema de ilustración en friso o en cuadro enmarcado, la imagen rompe la unidad del texto. La relación texto-imagen se convierte entonces en una relación de complementariedad, y los lazos se concretizan considerablemente. La permanencia de este tipo de puesta en página se explica fácilmente por las ventajas que ofrece. Asegura la posibilidad de ilustrar el texto cada vez que es necesario por una yuxtaposición inmediata del escrito y de la imagen explicativa. La ilustración en friso mantiene aún una libertad similar a la de la ilustración marginal, puesto que ningún marco delimita el espacio que le está reservado. En la época mesobizantina, este tipo de decoración se usa muy poco. Este proceso de ilustración permite la yuxtaposición de varias escenas consecutivas sobre un solo campo pictórico. Los frisos en forma de largas y estrechas bandas interrumpen a menudo el texto, un poco antes ó después del pasaje destinado a ser ilustrado. Por este medio, el artista expresa una voluntad manifiesta de seguir de muy de cerca el texto, y un placer no disimulado de dedicarse a la narración por la imagen.

La ejecución de miniaturas se hacía después del acabado de la copia del texto. Para aquellas insertadas en el texto, el copista, durante la copia del texto, traza con tinta roja un marco con el fin de delimitar el espacio en el cual el miniaturista va a continuación a realizar las iluminaciones. El artista realiza en primer lugar las grandes líneas de su esquema y luego aplica el fondo de oro sobre una capa de enlucido. Esta capa de enlucido permite una mejor adherencia del oro sobre el pergamino al igual que una resistencia considerable al paso del tiempo. Después de la realización del dibujo, colorea cada parte de la miniatura por separado, empezando por la arquitectura del plano posterior de la escena. En segundo lugar, realiza el dibujo preparatorio de los rostros y da las primeras pinceladas sobre las ropas. Una vez que las grandes superficies de su sujeto están acabadas, precisa minuciosamente los más mínimos detalles de su obra con la ayuda de un pincel más fino y de una paleta de coloridos presentando todos los matices de los colores principales.

Otros textos tanto científicos, literarios como religiosos; fueron ilustrados desde los primeros siglos. El número de ejemplares conservados es limitado, pero sus iluminaciones demuestran el eclecticismo en la elección y la ejecución de las escenas ilustradas. En la mayoría de los casos, las iluminaciones están situadas en los márgenes (Génesis de Viena, Evangilio de Rabbula, Evangilio de Rosano) ó también ejecutadas a plena página (Calendario de Filocalus de 354, Dioscoride de Viena). Sin embargo, las miniaturas insertadas en el texto no faltaron (Ilias Ambrosiana).

Después del periodo iconoclasta, la producción de libros es particularmente abundante. La ilustración de todo tipo de manuscritos prolifera y gana en calidad de ejecución. Los manuscritos ilustrados del siglo X demuestran la influencia de la antigüedad, que fue objeto de estudio durante este periodo y fuente de inspiración. Paisajes bucólicos y arquitecturas clásicas, alegorías y personificaciones, tratamiento de los personajes y de los trajes revelan la inspiración antigua de los pintores. La ilustración de las obras literarias o médicas (Theriaca de Nicandro) fueron entre otras las primeras en presentar escenas mitológicas y bucólicas y un estilo considerablemente influido por la antigüedad.

Este mismo estilo caracteriza también las miniaturas de célebres manuscritos religiosos (Psautier de Paris). A finales del siglo X, el estilo se modificó considerablemente: suavidad de actitudes y de movimientos, proporciones alargadas, formas hieráticas, expresividad de los rostros, realismo en el plasmado de las formas (Psautier de Teodore). Las composiciones se enriquecen con detalles aportando más precisiones narrativas a la imagen. En otros lugares, las composiciones fueron menos explícitas pero cargadas de un simbolismo bien marcado. Al lado de las miniaturas cuya temática trata de temas religiosos, se generalizan composiciones ornamentales, verdaderas superficies tapis ornamentadas de motivos inspirados por la pintura islámica, que prueban la calidad excepcional de los miniaturistas. Los textos históricos y profanos no fueron olvidados, aunque eran copiados menos a menudo que durante los siglos precedentes (Crónicas de Juan de  Skylitzes).Obras antiguas siguen siendo copiadas durante los siglos XI y XII. Se trata o bien de obras como la Iliada y la Odisea de Homero, ó bien de obras científicas tales como los Cinegéticos del Pseudo-Oppien o la Táctica de Elien, lecturas indispensables para todo Bizantino cultivado.

Las iluminaciones siguieron decorando los manuscritos bizantinos a lo largo de los siglos, pero su número bajará considerablemente a partir del final del siglo XIII. Entre las obras las más destacadas se sitúan algunos manuscritos imperiales cuya ilustración se limita a retratos de emperadores, ejecutados según las normas del arte de los Paleólogos.

E. Y.

En Islam

La pintura en los manuscritos

Como han demostrado estudios recientes, los libros islámicos arbolaron muy temprano una interesante ornamentación. Si bien al inicio fue minimalista, poco a poco fue adquiriendo una importancia considerable en los códices. Los ejemplos con los que contamos permiten suponer que el Corán fue el primer texto arábigo decorado con ilustraciones miniadas. Sin embargo, desde muy pronto las bibliotecas del mundo islámico sufrieron las consecuencias de una historia muy agitada, por lo que es difícil sacar conclusiones de carácter general partiendo de los escasos vestigios que nos quedan de las bellezas del pasado. Pese a ello, algunos grandes hallazgos, como los miles de fragmentos coránicos encontrados en la mezquita de Sanaa en la década de 1970, abren muchas perspectivas en la historia de los códices ilustrados del mundo árabo-musulmán. Algunos de estos fragmentos, los primeros de los cuales datan de la segunda mitad del siglo vii de nuestra era, presentan una ornamentación que confirma la importancia de la herencia de la Antigüedad tardía y más tarde bizantina en las iluminaciones de los primeros siglos del Islam.

Se trata de una producción puramente decorativa que suele denominarse "iluminación" y que se opone a las ilustraciones que mantienen una relación con el texto o "miniaturas": mientras que los primeros ejemplos de iluminaciones se remontan a períodos antiguos, no se conoce ningún manuscrito con ilustraciones anterior al siglo xi.

El arte de las iluminaciones progresó con bastante rapidez. Al principio, se observa una decoración muy sobria en la que progresivamente se introduce un cierto grado de policromía, decoración que va a ir ocupando un espacio cada vez mayor en relación con el texto. Estas ilustraciones que acompañan la palabra coránica tienen una forma más o menos acabada según la importancia de los grupos de versículos que delimitan. Más tarde, unas franjas elaboradas separan las suras y, a comienzos del siglo viii, se añaden amplias imágenes con combinaciones de palmetas en los márgenes. En el siglo siguiente se multiplican los frontispicios iluminados y los decorados que cubren amplias superficies. Se emplea el oro con profusión y las composiciones pasan a ser más complejas hasta formar admirables combinaciones geométricas. Los motivos que antes eran figurativos (pilas, vegetales, elementos arquitectónicos, etc.) tienden a la abstracción.

Por otra parte, pese a que existen algunas hojas incompletas con representaciones someras en períodos anteriores, no es sino a comienzos del siglo xi, más exactamente en los años 1009 y 1010, que se realizó el primer manuscrito ilustrado en caracteres arábigos.Este célebre códice conservado en la Biblioteca Bodleiana de Oxford se conoce como el Compendio de las representaciones de las estrellas fijas y fue compilado por el astrónomo Abd al-Rahman al-Sufi y probablemente copiado e ilustrado por su hijo.Estilísticamente, sus dibujos en tinta, con sus grandes puntos rojos, son más afines a los estilos imperantes en el Irán sasánida que a las tradiciones pictóricas de la cuenca mediterránea.

Así y todo, es interesante observar cómo surge una producción de manuscritos científicos ilustrados que alcanzará su punto culminante en los siglos xii y xiii. La impresionante variedad de textos cubre principalmente dos grandes temas: los científicos y los literarios.Bestiarios, farmacopeas, geografías, libros sobre mecánica y sobre los autómatas, tratados de cosmogonía, cosmografía o medicina equina forman parte del primer grupo. En todos ellos, la imagen tiene una función eminentemente didáctica. Las traducciones árabes de un De Materia medica de Dioscórides, en pergamino (BnF, ms. árabe 4947) o en papel (BnF, ms. árabe 2850), son ejemplos notables de este hecho: la descripción textual de una especie vegetal va acompañada sistemáticamente de su representación iconográfica, "naturalista" o estilizada. Ambos manuscritos presentan todavía un gran interés: el de haber sido realizados en dos zonas geográficas distintas, en fechas relativamente cercanas(es probable que el tratado en pergamino se haya copiado y pintado en Mesopotamia, mientras que la grafía utilizada en el texto impreso lo sitúa más bien en el Occidente musulmán).

España y el norte de África hacen las veces de los parientes pobres de la historia del manuscrito ilustrado. Sólo algunas obras científicas como la de Dioscórides parecen proceder de dichas regiones. Los manuscritos literarios son todavía más escasos: Hadit Bayad wa Riyad (La historia de Bayad y de Riyad) es una suerte de relato cortesano copiado e ilustrado con catorce miniaturas durante el siglo xiii. Conservado en la Biblioteca Vaticana (ms. ar. 368), es un testimonio de excepción. No obstante, en otras regiones (Irak, Egipto, Siria…), los grandes textos literarios cuentan con profusas ilustraciones. Algunas obras ampliamente ilustradas y copiadas en muchos ejemplares nos permiten deducir que tenían una inmensa aceptación en los ambientes urbanos y "burgueses. Un buen ejemplo son dos textos: Kalila wa Dimna, una adaptación árabe de fábulas sánscritas que tuvieron una trayectoria compleja y un inmenso éxito en todo el mundo islámico, y la llamada Maqamat, de Hariri, que narra en una lengua árabe trabajada y difícil las famosas tribulaciones de dos amigos. La Biblioteca Nacional de Francia posee una copia excepcional de esta última, fechada en 1237, cuyo autor, un artista sumamente original conocido como Yahya ibn Mahmud al-Wasiti, toma distancia con el relato y proporciona su propia interpretación, no sin ironía.

La conquista de Bagdad por los ejércitos mongoles en 1258 marca un viraje decisivo en la historia de las ilustraciones miniadas. Con los mamelucos, Egipto y Siria siguen produciendo manuscritos ilustrados, aunque de menor valor: el estilo de las pinturas es más convencional, el repertorio iconográfico más limitado y los estereotipos numerosos. A partir del siglo xiv, los manuscritos pintados más hermosos se encuentran en la zona de Irán, donde los artistas disfrutan del apoyo de las principales dinastías, como la de los iljanes. Así es como las miniaturas recibirán aportes de Extremo Oriente, aunque todavía se encuentren ejemplares con estilos del pasado. El destino de la iluminación es muy distinto: probablemente a raíz de su estrecha relación con el texto sagrado, conservará un papel esencial en las artes y seguirá vigente por mucho tiempo en el mundo islámico occidental y en la cuenca mediterránea, auque con menos originalidad que al principio.

E. B. de la P.

En la Europa Occidental

El manuscrito con pinturas medieval es un objeto de cultura complejo, donde el signo gráfico puede expresarse en toda la variedad de su expresión escrita y figurada. En sus realizaciones más conseguidas, texto e imagen mantienen una complementariedad ejemplar al servicio de la sublimación del sentido y de la Palabra revelada – ya que el libro ilustrado sigue siendo, en su versión occidental, el medium privilegiado de la religión del Verbo encarnado.

El texto se copia antes de las iniciales y los títulos en secciones, cuyo espacio se reserva en la página. Las letras de espera al margen pueden servir de recordatorio para el adornista encargado, en un segundo momento, de pintar la letra florida adornada o historiada. El ciclo ilustrado sólo se realiza, si fuera necesario, a final de recorrido y sigue a veces inacabado, lo que permite actualmente apreciar todavía su ejecución por etapas, del esbozo trazado con mina de plomo hasta la aplicación del color (1 : Paris, BnF, Italien 115, f. 106 : La multiplication des pains dans « Les Méditations sur la vie du Christ », Toscane, vers 1340 – 1: París, BnF, Italiano 115, f. 106: La multiplicación de los panes en «Las Meditaciones sobre la vida de Cristo», Toscana, hacia 1340). A partir del siglo XIII, la producción del libro se seculariza y estandariza de alguna forma, convirtiéndose mayoritariamente en el hecho de talleres urbanos especializados donde los ilustradores trabajan por cuenta de un comanditario, bajo la dirección de un maestro de obra que planifica la composición, define el programa iconográfico y determina el coste de la obra en función de los desiderata de su cliente.

El códice de pinturas sigue siendo, sin embargo, un producto de lujo cuyo prestigio incrementa el de su poseedor, ya se trate de un señor laico o de una institución religiosa. Las páginas llenas teñidas de púrpura, o realzadas con una decoración a base de pigmentos raros (lapislázuli, azul de Egipto, malaquita) y de oro, se asocian en la memoria colectiva al mecenazgo de las grandes familias principescas que fundaron Europa: sacramentarios y evangeliarios carolingios y otonianos celebran tanto el poder terrestre como exaltan el poder celeste (2 : Paris, BnF, latin 1141, f. 6 : le Christ en gloire dans le « Sacramentaire de Charles le Chauve », vers 870 - 2: París, BnF, latín 1141, f. 6: Cristo en gloria en el «Sacramentario de Carlos el Calvo», hacia 870). El siglo del año mil acusa el golpe de los desmembramientos políticos y las diversas catástrofes que afectan entonces a los reinos septentrionales, pero el arte de la miniatura (del latín miniare, «pasar a tinta roja», cuando illuminare remite más ampliamente al hecho de «poner en colores») se refugia en los monasterios donde hacen eclosión, protegidas en las scriptoria, obras alimentadas de las lecciones del pasado próximo o lejano. Los «Evangelios de San Bertín», en los monumentales retratos de Evangelistas (Boulogne-sur-Mer, BM, ms. 11), y el «Salterio  de Odbert » (Boulogne-sur-Mer, BM, ms. 20), ambos producidos en San Bertín (Norte) al alba del siglo XI, muestran esta fusión entre modelos heredados del gran arte carolingio y la influencia del lenguaje plástico insular contemporáneo.

El medio monacal desempeña más el papel de conservatorio de la cultura y la ciencia antiguas, preservando así los fermentos del Renacimiento venidero, el del siglo XII. Y es, una vez más, al abad de San Bertín, a quien debemos la copia de un famoso tratado de astrología del siglo III a.C, las Phainomena del poeta griego Aratos, en una adaptación latina transmitida por un ejemplar de Reims de los años 840. Al parecer, Odbert se lo hizo prestar para reproducir sus pinturas. Pero a pesar de la cuidadosa imitación del modelo, el estilo traiciona una mano prerromana y las miniaturas ocupan ya sólo la mitad izquierda de la hoja (Boulogne-sur-Mer, BM, ms. 188). La paginación lo dice todo sobre las disposiciones intelectuales de una época y debemos al esplendor de la inicial historiada, hacia 1100, una nueva intimidad entre la ilustración y el texto mismo, conjugando a la vez virtuosidad gráfica, placer estético y juegos de la mente. Lo ornamental ya no está ahí sólo para secundar o magnificar el escrito, sino que adquiere una vida propia (3 : Albi, BM, ms. 45, f. 20 : initiale du psaume Beatus Vir - 3: Albi, BM, ms. 45, f. 20: inicial del salmo Beatus Vir). En la edad gótica, algunas figurillas secundarias llamadas grotescos – monstruos híbridos o animales disfrazados de hombres – se escapan de los márgenes de las hojas, donde divierten al lector, tomando fácilmente a contrapié el texto y las imágenes principales, según un proceso de cambio crítico típicamente medieval (4 : Paris, Bibliothèque Sainte-Geneviève, ms. 145, f. 63v-64 : la consécration des vierges et la sirène tentatrice - 4: París, Biblioteca Santa Genoveva, ms. 145, f. 63v-64: la consagración de las vírgenes y la sirena tentadora). A partir del siglo XIII, la ilustración narrativa ganó también en virtuosidad y París se convierte, para dos siglos, en la capital occidental de la ilustración. Artistas y artesanos, sobre todo del norte de Europa, vienen a instalarse a medida que crece una demanda diversificada: con el auge de la Universidad, unido al de las ciudades y el comercio, una nueva clientela de maestros, burgueses y pequeños señores estimula la fabricación de los libros de devoción privada, obras de derecho y cantidad de otras, cada vez más variadas (novelas, crónicas, tratados prácticos y científicos). Blanca de Castilla, regente del reino en 1226, inaugura la tradición del mecenazgo femenino en la familia real, con su pedido de una Biblia moralizada en tres volúmenes, verdadero compendio de imágenes destinado a la educación religiosa y política de su hijo, el futuro Luis IX. Cincuenta años más tarde, el soberano Carlos V se hace representar por Jean Bondolf de Brujas, en el frontispicio de la «Biblia historiada de Jean de Vaudetar»  (5 : La Haye, Rijksmuseum, ms. 10 B 23, 1371 - 5: La Haya, Rijksmuseum, ms. 10 B 23, 1371); al principio, en plena página, una pintura en la pintura lo muestra recibiendo de las manos del autor el manuscrito ilustrado donde Cristo en gloria se encuentra en un trono. El Libro de Horas, best-seller de finales del siglo XIV, se presta a la personalización al igual que señala, por la riqueza de su decoración, el estatus social de su poseedor. «Las muy ricas horas» del duque de Berry (Chantilly, museo Condé), dejadas inacabadas a su muerte (1416) por los hermanos Limburgo, originarios de Nimega, cuentan entre las obras maestras de la Edad Media que toca a su fin. Pero es en la ilustración de las obras profanas donde la pintura de manuscritos innova de la manera más radical, abierta ahora tanto a la corriente naturalista venida de Flandes como a la lección italianizante y apoyada por la bibliofilia de los príncipes de sangre. El «Libro de caza» escrito por el conde de Foix, Gaston Phoebus, entre 1387 y 1390, gran clásico de la literatura cinegética y éxito editorial del siglo XV, aparece así como uno de los precursores de los tratados técnicos ilustrados de la época moderna (el ejemplar de la BnF, ms. francés 616, data de los años 1305-1310; 6 : f. 40v : soins apportés aux chiens de chasse - 6: f. 40v: cuidados aportados a los perros de caza). El Cancionero de Jean de Montchenu (BnF, Rothschild 2973, hacia 1475), en las hojas recortadas en forma de corazón, constituye un delicioso compendio de canciones amorosas con la música de melodías tomadas de las más célebres composiciones del momento. El pintor e ilustrador más importante del siglo XV, Jean Fouquet, muestra su genio gráfico en una serie de cuadros en miniaturas, que interpretan de forma libre los principales episodios de la historia judía (BnF, ms. francés 247, hacia 1465, «Les Antiquités judaïques» (Las Antigüedades judaicas) de Flavio Josefo).

 

M. B.

 

Nota


 



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