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Qantara - Los Tuluníes (868-905)
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Los Tuluníes (868-905)

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Los tuluníes fueron los primeros en permitir un auténtica autonomía política al Egipto medieval. Durante este breve período, Egipto, la provincia más rica del Imperio abasí, conoció un apogeo artístico sin precedentes.

El artífice de este desarrollo fue sobre todo el fundador de la dinastía, Ahmad ibn Tulun (835-884), a quien sucedieron dos hijos suyos antes de que la provincia volviera a ser reconquistada por las tropas del califa de Bagdad. Las realizaciones artísticas elaboradas en Egipto bajo los tuluníes deben mucho a los lugares donde Ibn Tulun pasó su infancia, a la manera como este tomó progresivamente control de esa rica provincia y a las tradiciones artísticas egipcias preexistentes al nacimiento de la dinastía. Estas certifican la voluntad de los tuluníes de liberarse de la tutela califal.

Hijo de un esclavo turco ofrecido al califa al-Mamun hacia el 815, Ahmad creció en la capital califal de Samarra, situada a 125 km al norte de Bagdad y construida en el 836 por el califa al-Mutasim en un deseo de alejarse de la amenaza que suponía para él Bagdad. Se trataba, pues, de fundar una nueva capital califal en la cual sólo residieran las tropas y los hombres más fieles a la dinastía. Ahmad se convirtió en el vicegobernador de Egipto en el 868. En el 871, logró quitarse de encima a su competidor y pudo así concentrar en sus manos los poderes político y económico, a la vez que recibía la gestión de los distritos litorales de Egipto hasta Barqa, zonas que habían escapado a su poder hasta entonces. A partir de su intervención en una serie de disturbios generados en la provincia de Siria-Palestina, Ahmad ibn Tulun llegó a reunir bajo su control un vasto territorio que se extendía desde Libia hasta Siria. Si bien jamás rechazó totalmente la tutela abasí, de hecho fue convirtiendo Egipto en un emirato casi independiente y, gracias a una gestión rigurosa de los recursos, aseguró su prosperidad. Reorganizó el sistema fiscal y se apoyó en las élites locales y en los comerciantes para acrecentar su poder.

A semejanza de lo que había conocido en Samarra, Ibn Tulun se hizo construir en el 870 una nueva capital, al-Qatai, al norte de al-Fustat. El objetivo era alojar allí a sus tropas y marcar su autoridad sobre el territorio mediante construcciones monumentales. (fig. 1).

Allí erigió un palacio y sobre todo una gran mezquita (878-879), que recuerda los edificios de Samarra. Totalmente construida con ladrillos recubiertos de estuco, esta mezquita es uno de los edificios más célebres de El Cairo moderno y el único superviviente de la arquitectura tuluní. Su planta, que comprende un patio cuadrado enmarcado por tres galerías, ejerció una gran influencia en numerosas mezquitas egipcias posteriores (fig.2).

La sala de oración se compone de tres naves transversales cuyos arcos se parecen a los de la Cúpula de la Roca de Jerusalén, en la que tal vez se inspiró el encargado de la obra de la mezquita, cristiano (nasrani) según los textos. La decoración esculpida en los intradoses de los arcos retoma los estilos de la ciudad de origen de Ibn Tulun (fig. 3).

Esta mezquita perpetúa igualmente la tradición de Samarra en la utilización de arcadas con pilares y de ziyada, grandes patios alargados situados entre los muros exteriores y las caras anteriores y laterales. La simetría que desprende el conjunto debía de amplificarse gracias al alminar de origen; el actual fue restaurado en el siglo XIII. Al parecer se encontraba en el eje del mihrab. Además, los testimonios evocan su forma helicoidal –hoy truncada–, tan típica de los alminares de Samarra (fig. 4).

Les coptos, numerosos en Egipto, poseían en su arte los elementos y las técnicas necesarias para la realización de tales decorados. Por tanto, no se excluye el hecho de que sus técnicas, a su vez inspiradas en las bizantinas, pudieran ejercer determinada influencia. La manera de entallar el estuco de los decorados de la mezquita, por ejemplo, evoca la gran maestría con que los coptos trabajaban la madera. Los lazos, las espiguillas o las hojas de viña, así como las tendencias a la abstracción y a la geometría tan presentes en la tradición artística de los coptos, están también presentes en la mezquita de Ibn Tulun, que, en consecuencia, debe tanto a los recuerdos de la juventud mesopotámica de su patrocinador, como a las técnicas y tradiciones de los artesanos locales.

Los pocos paneles de madera exhumados de las arenas de Fustat y fechados en el mismo período retoman el estilo copto, que parece cada vez más preponderante en la formación del arte de los tuluníes (fig. 5).

El desarrollo de los tiraz, o tejidos de lujo, bajo los tuluníes refuerza aún más el papel desempeñado por los coptos. El período se caracteriza especialmente por mayores inversiones en la agricultura, concretamente en el cultivo del lino, materia prima esencial para la realización de los tiraz. Desde los bizantinos, los mejores talleres de tiraz estaban en manos de los coptos en localidades del delta del Nilo como Damiette, Tinnis o Alejandría. A partir de Ibn Tulun se impulsó el desarrollo de la producción, muy rentable para los inversores. Los tiraz encontrados dan fe de la introducción de motivos y técnicas orientales –lo que tendería a demostrar que una parte de la producción apuntaba hacia un nuevo mercado–, pero también del resurgimiento de motivos coptos –lo que parece probar que el mercado interior egipcio se desarrollaba igualmente gracias al relanzamiento económico iniciado por Ibn Tulun.

Estos tejidos, de lino o seda, a menudo coloreados o adornados con hilos de oro, servían para confeccionar los trajes de gala a los que los soberanos eran tan aficionados. Al igual que las monedas acuñadas por los tuluníes, los tiraz constituían auténticas herramientas políticas. Y así, a partir del 878, las inscripciones sobre los tejidos o las prendas recuerdan el nombre y el título de Ibn Tulun, no los del titular oficial del cargo en Irak y menos aún los del califa abasí. Una prueba más de la voluntad de emancipación política del dinasta tuluní.

El Egipto de los tuluníes fue, asimismo, un foco de producción de cerámicas con reflejos metálicos. Si bien es particularmente difícil determinar con precisión el origen exacto de esta técnica en la que Mesopotamia, auténtica patria del arte de la tierra, se había vuelto especialista, los cascos desechados encontrados en los tumuli de Fustat parecen certificar una producción local. Es perfectamente posible que artesanos iraquíes emigraran a Egipto con el fin de fabricar y enseñar allí la técnica, pero tampoco debe excluirse totalmente una continuidad en la producción de los talleres locales (fig.6).

De este modo, la producción artística del período tuluní es, ante todo, un testimonio del florecimiento económico de Egipto. Tal producción destaca sobre todo por la mezcla de influencias mesopotámicas y egipcias, una práctica que poco después conoció un éxito todavía mayor.

D. B.



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