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Las ciencias humanas

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La anatomía de Mansur Ibn Ilyas

En Bizancio

Los historiadores bizantinos se inspiran de los historiadores antiguos, como Tucídides (su relato sobre la «peste de Atenas» inspira los de Procopio sobre la peste de Justiniano y los de Cantacuceno sobre la peste negra). Se distinguen por la convicción unánime de que su imperio es la forma cristianizada de un imperio universal (el Imperio romano), él mismo integrado en un esquema que va de la creación del mundo a su consumo: la historia llega aquí a lo apocalíptico. A partir de este esquema general, la historiografía bizantina se declina en varios géneros literarios.

Además de las Historias eclesiásticas (cuyo modelo es Eusebio de Cesarea), se encuentran:

- Crónicas universales, datadas de la creación del mundo (5508 a.C.) y divididas en imperios y, a continuación, en reinos y en años. Citemos también a Malalas (siglo VI), Teófanes el Confesor, Jorge Sincelo, Jorge Monje (siglos VIII-IX), Simón Logoteta (siglo X), Juan Zonaras, Michel Glykas (siglo XII);

- Historias que relatan acontecimientos más recientes, divididos en reinos imperiales, a menudo parciales: Procopio de Cesarea (siglo VI), las crónicas reunidas bajo el nombre de Teófanes Continuado (siglos IX-X), León Diácono (siglo X), Miguel Psellos, Miguel Ataliates, Ana Comnena y Juan Skylitzes (siglo XI), Nicetas Choniates (siglo XII), Jorge Paquimeres (siglos XIII-XIV), Nicéforo Gregoras y Juan Cantacuceno (siglo XIV);

- Crónicas locales que tratan acontecimientos políticos pero también climáticos, sísmicos o familiares: Crónica de Monemvasia en el siglo X; Crónica de Morea bajo la dominación franca; Crónicas Breves, reconstituidas a partir de anotaciones cronológicas en los márgenes de los manuscritos[1].

Los historiadores de la caída de Constantinopla merecen un puesto aparte; la caída de la ciudad nos la relatan un testigo, Sphrantzes; un historiador humanista, Laonikos Chalkokondyles; un historiador pro-latín, Ducas; y un historiador del Imperio otomano, Cristobulo de Imbros.

Los geógrafos bizantinos dependen de la tradición de los geógrafos antiguos (Estrabón, más descriptivo, y Tolomeo, que realiza una proyección matemática de la tierra) y descripciones más tardías como la Expositio totius mundi (que integra el edén) o la Peregrinatio Etherii, relato de peregrinaje a Tierra Santa en el siglo IV.

Alejandría conoce en el siglo VI un afrontamiento entre una cosmología que se apoya en una lectura literal de la Biblia y ve el mundo con el aspecto de una carpa de dos plantas (la Topografía de Cosmas Indicopleustes) y otra que sostiene que el relato bíblico concuerda con el cielo esférico de Tolomeo (la Creación del mundo de Juan Filópono)[2].  En el siglo VII, los Ethnika (en 60 libros) de Esteban de Bizancio se fundan en Estrabón. cristiana

Después de un eclipse, la geografía, como el conjunto de las ciencias, conoce una renovación en el siglo IX. Los manuscritos de Estrabón y de Tolomeo son copiados y enriquecidos con escolios; las oficinas imperiales y eclesiásticas suscitan la creación de listas de ciudades y obispados; en el siglo X, el emperador Constantino VII da, en el De administrando Imperio y el De thematibus, informaciones preciosas sobre la geografía del imperio; mapas de navegación, portulanos y guías de peregrinaje responden a las necesidades militares, comerciales y religiosas.

El renacimiento de los Paleólogos (siglos XIII-XV) está marcado por la actividad de Máximo Planudes, que edita la geografía de Tolomeo y reconstituye sus mapas, que se habían perdido. Estrabón  conoce un interés renovado en el siglo XV: Bessarion posee varios manuscritos y Pletón lo hará descubrir a los eruditos italianos durante su viaje a Italia, para la ocasión del concilio de Florencia (1348-1349).

La mayoría de las ciencias en Bizancio comparten rasgos generales que se pueden resumir tomando como ejemplo la medicina, que participa a la vez en las ciencias exactas y en las ciencias humanas.

El primer rasgo es la conservación, el comentario y la transmisión de las grandes obras de la Antigüedad clásica, Hipócrates y Galeno en particular. Estas grandes obras son unas veces estudiadas por ellas mismas y otras, divididas y reconstituidas como grandes enciclopedias, compiladas durante la Antigüedad tardía (Oribasio, Aetio de Amida, Pablo de Egina).

El segundo rasgo es la prioridad dada a la utilidad práctica sobre la erudición. Respecto a la medicina, se debe a los bizantinos la invención del hospital en el sentido moderno (acogida de enfermos, que se benefician de los mejores cuidados, formación de médicos), mientras que los manuales terapéuticos clasificados por temas o por partes del cuerpo se multiplican al lado de los grandes tratados teóricos.

Podemos observar, igualmente, como en los demás ámbitos, la apertura a las demás culturas (árabe, persa o latina), con un gran movimiento de traducción de tratados, como los de Avicena (sobre el orín), al-Razî (sobre la viruela) o Ibn al-Jazzâr (el Manual del peregrino, Ephodia en griego), o listas de remedios persas[3]. Sin embargo, la dimensión cristiana sigue siendo predominante: la hagiografía muestra la cohabitación de la medicina profana y de los santos taumaturgos; los hospitales dependen de monasterios, sobre todo constantinopolitanos (por ejemplo, los monasterios del Pantocrátor en el siglo XII o de Petra en el siglo XV).

La preocupación por la eficacia, que se traduce con el recurso a todos los medios accesibles (remedios griegos o extranjeros, medicina, oración o magia), está también en el origen de varias proezas técnicas: una vida de santo del siglo IX reporta así una extracción de cálculos renales sin incisión (desconocida por la medicina antigua); en el siglo X, los médicos consiguen separar a dos siameses unidos por el vientre tras la muerte de uno de ellos (el segundo sobrevive «algún tiempo» a la operación)[4]. Las listas de instrumentos quirúrgicos encontrados por la arqueología aclaran estos relatos.

Heredera de la ciencia antigua, confrontada a las evoluciones de sus vecinos de Oriente y Occidente, la ciencia bizantina se caracteriza así principalmente por un pragmatismo, a menudo desconocido por los historiadores modernos.

M.-H. C.

En islam

Limitaremos aquí las ciencias humanas en islam a cuatro campos: la historia, el pensamiento político, la filosofía y la geografía.

La historia en islam empieza con el relato de las tradiciones relativas a la gesta del profeta, pero entonces se refiere evidentemente a la exégesis cuando los acontecimientos contados conciernen a las circunstancias de la revelación. La parte importante de las razzias en estas informaciones dio su nombre al género, es decir las maghāzī o «expediciones guerreras». Fue con Ibn Hisham (siglo IX) y al-Waqidi (siglo IX) cuando de las maghāzī se distinguen tradiciones que se completan para convertirse en la biografía del profeta o Al-Sira al-nabawiya. Desde un punto de vista estilístico, se trata de sucesiones de khabar, «informaciones» que, a imitación de los hadiz, se transmiten mediante una cadena de transmisores. La cronología determina su orden y no hay búsqueda de causalidad. La expansión del dominio musulmán da lugar a un género histórico propio, el Kitab al-Futuh o «Libro de las conquistas». Como ejemplo de ello, se puede citar el Kitab futuh Misr de Ibn ‘Abd al-Hakam (siglo IX), que concierne a Egipto, África del norte y al Andalus, así como el Kitab al-futuh de al-Baladhuri (siglo IX), que trata todas las conquistas en un orden geográfico. En la misma época, aparecen historias universales que van de la Creación hasta la época del autor. Uno de los primeros representantes es al-Ya’qubi (siglo IX), cuyo Ta’rikh («Historia») es de gran importancia, mostrando la primera parte un conocimiento de las ciencias helenísticas, así como de las tradiciones cristianas y judías. En cuanto a la historia islámica, sigue el orden de los reinos. Este aspecto analístico y cronológico prevalece entre los autores que nos ocupan y hace de ellos cronistas, más que historiadores que busquen las razones cercanas o lejanas de los cambios que relatan. Pertenecen a una civilización cuya religión es una soteriología que da su sentido a la historia, ya que después de la Creación, la humanidad recibió a sus profetas y se dirige ahora hacia un juicio y una salvación. Entre estos cronistas, conviene incluir al exégeta y jurista al-Tabari (siglo X) y a su sucesor, Ibn al-Athir (siglo XII). Destaca sin embargo un nombre, es Ibn Khaldun (m. 1406), cuya Muqaddima («Introducción») a su historia universal, Kitab al-‘ibar, es un estudio y una reflexión sobre las causas que provocan los cambios en la comunidad humana.

Esta reflexión preocupa también a los juristas, que piensan la política como la puesta en obra de principios de acuerdo con la revelación. Pero ésta sigue siendo vaga (cf. Corán, III, 110; IV, 59; III, 159 y XLII, 38) y pone de relieve tres elementos: poder, mando y consulta (hukm, amr y shūrā). Los juristas especulan entonces sobre la función y el papel del imama y el khalîfa, es decir el espacio y el papel del califa. La reflexión de al-Mawardi (siglo XI) es, en este sentido, ideal, al escribir en un periodo en que el poder del califa es sobre todo teórico. Por el contrario, el papel de los juristas sigue siendo eminente para la aplicación en el ámbito social (mu‘âmalât) de todas las directivas coránicas relativas a la vida en sociedad. Por último, la ciudad también la piensan algunos filósofos que elaboran una verdadera filosofía política, a ejemplo de al-Fārābī (m. 950), pero cuya reflexión sigue siendo esencialmente abstracta.

La filosofía propiamente dicha, o falsafa, nace de la traducción en los siglos VIII y IX de las obras de filosofía antigua (Platón, Aristóteles, etc.) y se encuentra pues alimentada por un deseo de racionalidad, que la sitúa en la frontera del pensamiento islámico, cuya base sigue siendo la revelación. Los filósofos, falāsifa, basan primero sus reflexiones en la razón y las herramientas intelectuales que derivan de ella, como la lógica, para ser posteriormente musulmanes. Sitúa la enseñanza de la revelación en el interior de un marco de pensamiento más vasto: las nociones cruciales del islam (creación, unicidad de Dios, atributos, profecía, destino del alma tras la muerte, etc.) se ven a la luz de la razón. Este comportamiento empieza en Oriente con al-Kindi (siglo IX), se prosigue con al-Fārābī y alcanza un primer apogeo con Ibn Sina (Avicena, m. 1037), que elabora un verdadero sistema. En el Occidente musulmán, fue en el siglo XII cuando este éxito apareció a través de las obras de Ibn Bâjja (Avempace) y de Ibn Tufayl (m. 1185), famoso por su novela filosófica Hayy ibn Yaqzan. Por último, los comentarios de Ibn Rushd (Averroes, m. 1198) de las obras de Aristóteles le permiten desarrollar un pensamiento que será determinante para la escolástica en Occidente, pero que le aportará igualmente la hostilidad de sus correligionarios y el auto de fe de sus libros en al-Andalus. Efectivamente, juristas y teólogos ven generalmente con malos ojos el cuestionamiento de la revelación mediante la razón, ya que ello puede desembocar en el reflejo de aparentes contradicciones en la primera.

En otro ámbito, la geografía constituye un campo vasto donde se cruzan varias disciplinas (geografía matemática, ciencias de la tierra o geografía humana). Aquí también, el legado helenístico es importante, pensemos en la Geografía de Tolomeo, los Meteorológicos de Aristóteles y, en particular, para la geografía humana, el tratado de Hipócrates Los aires, las aguas y los lugares,īh y al-Mas’udi (siglo X) o incluso al-Marwazi (siglo XII). La influencia de la herencia antigua es de orden intelectual: quiere conceptualizar el determinismo geográfico y proporcionar herramientas – y prejuicios – para comprender las diferencias observables entre los humanos. así como su comentario por Galieno. Éste queda ampliamente citado por al-Ya’qubi (siglo IX), Ibn al-Faq

Más ampliamente, en los siglos IX y X, se encuentra en las enciclopedias a la vez una descripción del mundo sobre el modelo tolemaico, así como un gran número de informaciones «etnográficas» divulgadas por los comerciantes o transmitidas por embajadores, como Ibrāhīm ibn Ya‘qūb en Europa, o Ibn Fadlan entre los búlgaros del Volga. Una «escuela» particular de geógrafos aparece en el siglo X, es «la escuela iraní» o de al-Balkhi por el nombre de su primer representante. Se caracteriza por un corpus de unos veinte mapas, cuyo comentario tendrá cada vez más importancia. Se debe citar a al-Istakhri, Ibn Hawqal y al-Muqaddasi que escribe la obra donde el deseo de percibir la interacción entre el individuo y su territorio es más profundo. Después del siglo XI, aparecen nuevos géneros caracterizados por la compilación pero importantes para los autores, conservados de esta forma. Pensemos en el tratado de al-Bakri, tan preciado para el Magreb, además de las enciclopedias o cosmografías como la de al-Qazwini, los diccionarios, en particular el de Yâqût y, por último, las obras de síntesis como el tratado de Abu l-Fida. Este periodo ve también la aparición de la «rihla» o relato de viaje, con Ibn Jubayr y sus émulos como al-Tijani o Ibn Battûta. Queda un autor fuera de categoría, al-Idrisi, que escribe para Roger II de Sicilia (m. 1154) una geografía universal acompañada de mapas.

J. -Ch. D.

Bibliografía

En Byzantio

 

Déroche, V., Métivier, S., Puech, V., et Saint-Guillain, G., Le monde byzantin (750-1204). Économie et société, « Clefs concours – Histoire médiévale »),  Paris, 2007, p. 21-35.

Kazhdan, A., « Geography », in The Oxford Dictionary of Byzantium, éd. Alexander P. Kazhdan, Oxford, 1991, 20052.

Congourdeau, M.-H., « La médecine byzantine : une réévaluation nécessaire », dans Revue du Praticien, tome 54, n° 15, 15 oct. 2004, p. 1733-1737.

En islam

Cheddadi, A., Les Arabes et l’appropriation de l’Histoire, Paris, 2004

Fakhry, M., Histoire de la philosophie islamique, Paris, 1989

Gutas, D., Pensée grecque, culture arabe, Paris, 2005

Ibn Khaldûn, Le Livre des exemples, I., tr. Cheddadi, A., Paris, 2002

Mahdi, M., La cité vertueuse d’Al-Farabî. La fondation de la philosophie politique en Islam, Paris, 2000

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Rosenthal, F., A History of Muslim Historiography, Leiden, 1997, 2nde ed.

Idem, The Classical Heritage in Islam, London, 1994

Urvoy, D., Histoire de la pensée arabe et islamique, Paris, 2006

Nota


[1] P. Schreiner, Kleinchroniken, CFHB 12, Viena, 1975-1979.

2 Sobre esta controversia, cf W. Wolska, La topographie chrétienne de Cosmas Indicopleustès : théologie et science au VIe siècle (La topografía cristiana de Cosma Indicopleustes: teología y ciencia en el siglo VI), París, 1962.

[3] Cf. M.-H. Congourdeau, «Le monde byzantin» («El mundo bizantino»), en La médecine au temps des Califes (La medicina en los tiempos de los Califas), París, Instituto del mundo árabe, 1996.

[4] Cálculos: Vida de Teófanes por Nicéforo el Skeuophylax, en Theophanis Chronographia. Leipzig: ed. de Boor, 1883; siamés: cf. la Historia de Juan Skylitzes, p. 232 Thurn: cf. trad. fr. de B. Flusin, Juan Skylitzès, Emperadores de Constantinopla, París, 2003, p. 196.



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