Notice: session_start(): A session had already been started - ignoring in /srv/data/web/vhosts/www.qantara-med.org/htdocs/Connections/fonctions.php on line 340
Qantara - El comercio
Notice: Undefined variable: dans_edito in /srv/data/web/vhosts/www.qantara-med.org/htdocs/public/include/doc_header.php on line 92

Notice: session_start(): A session had already been started - ignoring in /srv/data/web/vhosts/www.qantara-med.org/htdocs/Connections/fonctions.php on line 340

Notice: Undefined index: motscles in /srv/data/web/vhosts/www.qantara-med.org/htdocs/public/include/doc_menu.php on line 60

Notice: session_start(): A session had already been started - ignoring in /srv/data/web/vhosts/www.qantara-med.org/htdocs/Connections/fonctions.php on line 361
Qantara Qantara

Notice: Trying to access array offset on value of type null in /srv/data/web/vhosts/www.qantara-med.org/htdocs/Connections/fonctions.php on line 684

El comercio

En el Mediterráneo

Entre el océano pacífico y el océano atlántico, en los continentes asiático, africano y europeo, el comercio siempre ha transcendido las fronteras de los imperios que se han sucedido de la antigüedad a los tiempos contemporáneos. Si bien no se dispone de datos numéricos, sabemos que la casi totalidad de la actividad comercial se hacía a escala muy reducida. La mayoría de los intercambios se realizaban dentro del pueblo, entre dos regiones vecinas, en el mejor de los casos entre los pueblos y la ciudad vecina.

Sin embargo, el comercio regional – en el mediterráneo, las estepas asiáticas, la ruta de la seda, el océano indico, el sahara – e internacional, a escala continental, a pesar de un volumen proporcionalmente muy reducido, es un actor fundamental de la historia de los viejos continentes y de la humanidad en general : efectivamente, teniendo en cuenta la guerra y la religión, los intercambios desempeñan un papel fundamental de contacto entre los grupos humanos y en su evolución. La Edad Media y la época moderna están en el centro de las mutaciones económicas, técnicas y comerciales que han transformado profundamente las sociedades europeas y toda la humanidad. Ahora bien, el mar Mediterráneo estuvo en el centro de esta mutación que condujo a la era capitalista.

Sucediendo a los imperios antiguos – Roma, Persia – el imperio romano del oriente (Bizancio) y el islam se convierten junto a China, India y los estados del sur este asiático, pero también con los reinos de la África negra de la región del Níger, en los grandes actores del comercio en la primera Edad Media (siglo VII-XI), del mediterráneo a China, en África del norte y alrededor del océano Indico. Parecía que el Mediterráneo hubiera pasado al segundo plano hasta el siglo X. A partir del siglo XI, son los latinos, y en primer lugar los italianos, los principales protagonistas del gran comercio. Controlan los intercambios de todo el mar Mediterráneo desde el principio del siglo XIII, cuando los cruzados toman Constantinopla y abren el Mar Negro a las ambiciones de los venecianos y de los genoveses. Se franquea una etapa fundamental, cuando se abre al “Nuevo Mundo” un comercio, ahora planetario, que refuerza el papel de la pequeña Europa y desplaza progresivamente, entre el siglo XVI y XVIII, el centro de gravedad hacia el océano Atlántico.

Sin embargo, el Mediterráneo permanece un espacio comercial de primer orden : efectivamente, durante este tiempo, el área islámica se ha dilatado hasta Indonesia y hacia África central y permanece como uno de los actores ineludibles del comercio internacional, ampliamente dependiente del actor europeo, como todo el resto del mundo. También se trata de un paso obligado de las grandes vías comerciales, incluso antes de la apertura del canal de Suez y de la extracción del petróleo. A partir del siglo XV, de los Balcanes al Irán, el imperio Otomano y luego la Persia de los Safávidas llegan a ser unos intermediarios tanto más importantes del comercio entre el Occidente y el Oriente cuanto que estas regiones están estructuradas por estados fuertes que constituyen ellos mismos unos mercados de primer orden. El desarrollo de India del norte, bajo dominio de los musulmanes a partir del siglo XI, junto al de la China de los Tang (618-907) y de los mongoles hasta los Ming (1268-1644) también dan un peso considerable al Oriente, aún que las relaciones entre Japón y la Insulindia pasan directamente por el océano Pacífico desde el siglo XVI, y en primer lugar por mediación de los portugueses.

En realidad, antes del siglo XIII, época en la cual los adelantos de las técnicas comerciales, como el libro de cuentas, los registros notariados, la letra de cambio o el desarrollo del seguro aumentan considerablemente el registro de los actos comerciales, el conocimiento que podemos tener del comercio permanece puntual y nos limitan en cuanto a la medida de los movimientos y de las coyunturas por falta de estadísticas precisas. Así, durante mucho tiempo, las investigaciones de Henri Pirenne y en particular su obra póstuma, Mahomet et Charlemagne (1936), ampliamente enmendada por las numerosas obras que siguieron, han hecho que el mar Mediterráneo se considerase entre el final de la antigüedad y el principio del siglo X, como un mar que vive únicamente por el enfrentamiento entre los cristianos y los musulmanes y por los actos de piratería. Se supone entonces que las grandes vías comerciales han rodeado este “agujero negro” económico para seguir las estepas rusas recorridas por los vikingos y los turcos, o el desierto sahariano animado por los beréberes mientras que los marinos árabes y persas avanzan hasta China a partir del fin del siglo VIII, antes que un movimiento inverso traiga a los indios, los malayos y los chinos hacia el oeste, siempre por el mar. El gran centro político y comercial se sitúa entonces en Irak y en Irán occidental, desde la fundación de Bagdad (762) por los califas Abasidas (750-1258), salida de los grandes caminos de la seda que difunde los productos chinos y los de las grandes ciudades del Jorasán, en particular Bujara.

Habrá que esperar el siglo X para que las capitales islámicas del Mediterráneo – Córdoba, Kairuán y sobre todo El Cairo a partir de su fundación por los fatimíes en 969 – se conviertan en grandes centros y en mercados importantes con los que compite la eterna Constantinopla, en pleno desarrollo bajo el impulso de los emperadores macedonios (867-1057). Estas capitales están enriquecidas por un ingreso fiscal que pesa esencialmente sobre el mundo rural, el cual alimenta y enriquece la cuidad gracias a su desarrollo. Los enlaces urbanos relativamente densos del sur de la península ibérica, cerca de las costas mediterráneas del Magreb y de sus amplios llanos y valles, del Atlántico al Tripolitano, o bien a lo largo del valle del Nilo hasta Siria, forman un tejido a veces denso que favorece el desarrollo comercial de las regiones mediterráneas del Islam. La Anatolia que se extiende de Antalya a Trebisonda pasando por Cesarea y Ancyra, también es activa ; los turcos se aprovechan de esta situación a partir del siglo XI cuando empiezan a instalarse sobre la meseta de Anatolia bajo el impulso de los Saljukides, entonces los dueños de Asia islámica al oeste del río Indo. La región de Tracia alrededor de Constantinopla y Salónica, las regiones centrales de Grecia, hasta Corinto y Atenas, los Balcanes y la región del Danubio, constituyen, hasta la conquista turca, un hinterland rico para los griegos.

En el siglo XI, son las regiones latinas las que toman el relevo. El empuje demográfico ya perceptible en los valles de los Pirineos al final del siglo IX y que acompañan los progresos lentos pero duraderos de la producción agrícola y artesanal, alimenta los frentes de colonización sobre el Mediterráneo : los valles costeros de Septimania o en las costas italianas, las regiones españolas conquistadas a costa de Al-Ándalus junto al drenaje humano excepcional procedente del camino de Santiago de Compostela. De Italia a Cataluña y Navarra, pasando por el valle del Ródano y el Languedoc-Rosellón, las regiones urbanizadas, en primer lugar Italia del Norte, ofrecen a las ciudades portuarias los medios de repeler el ataque de los musulmanes y de asegurarse el control de las rutas del Mediterráneo a partir del final del siglo XI.

La extensión tanto militar, con la “Reconquista” en la península Ibérica, la conquista normanda de Sicilia y la formación de los Estados latinos durante dos siglos, como comercial con los efectos más duraderos sobre las riberas orientales y magrebínas, no es contradictoria con el desarrollo de las regiones bizantinas o musulmanes : por ejemplo, las costas del Magreb se pueblan alrededor de los puertos que se desarrollan, sobre todo a partir del siglo X, tanto en el vertiente mediterráneo como el la zona atlántica. En el siglo XII, son los grandes puertos de Ceuta, Bugia y Túnez que atraen las naves de Marsella, Pisa y Génova. Bugía, fundada en 1076, y Túnez, se han convertido también en las capitales de Estados potentes y remplazan las ciudades en pleno declive situadas entre la estepa y el desierto, como Kairúan. Los acuerdos entre Estados musulmanes y los grandes puertos italianos, a los que se suman Barcelona y luego los Baleares y Valencia a partir de los siglos XIII y XIV, favorecen la prosperidad de las burguesías portuarias musulmanas que controlan los intercambios entre el hinterland magrebí y los vendedores latinos. Sin embargo, cuando los intercambios comerciales se agarrotan, sobre todo en el siglo XIV, es la piratería que toma el relevo, como en Bugía por ejemplo. Habrá que esperar el desarrollo de Argel a partir del siglo XV.

La conquista otomana ha provocado nuevas condiciones de comercio en el Mediterráneo y en Asia. Istanbul vuelve a ser rápidamente un centro económico esencial, a la vez como capital de uno de los estados los más ricos, en los siglos XVI y XVII sobre todo, y como una de las ciudades las más pobladas, con casi 700 000 habitantes al final del siglo XVI.

La presencia del sultán y del Estado favorecen el drenaje de las recetas fiscales que luego se redistribuyen con unas repercusiones considerables sobre el comercio, en particular en el sector del lujo. A escala del imperio, el control de un amplia parte del Mediterráneo, hasta Argelia y sobre los Balcanes, favoreció el papel de intermediario de la Sublime Puerta entre Europa, más que nunca al inicio del comercio mediterráneo del cual es la primera beneficiaria, y Asia, a pesar de la frontera a menudo conflictiva entre el sultanato otomán y la Persia safávida. Los otomanos acogen con entusiasmo a los comerciantes europeos, a pesar de los conflictos y de algunas sospechas frente al “progreso”. En los siglos XV y XVI, recuperan el control de las grandes islas orientales –Roda, Chipre, Creta – y de las factorías cristianas a las órdenes militares, a los genoveses y a los venecianos. Los holandeses, seguidos de los franceses, sobre todo desde Marsella, también son activos a partir del siglo XVII; en los siglos XVIII y XIX, la potencia naval y económica inglesa se afirma ; sin embargo, los intermediarios mediterráneos siguen desempeñando un papel esencial, como Malta que, tras la derrota turca de 1565, se afirma sobre todo en el siglo siguiente como el gran punto de confluencia del comercio de prisioneros conectado con una piratería organizada desde Argel y otros sitios como Creta ; la isla de los caballeros de Malta se convierte entonces también en el enlace esencial entre Europa y los grandes puertos de las regiones orientales como Alejandría con Mesina y Sicilia. La superioridad militar y económica de Europa occidental debilitan la potencia otomana en todos los dominios antes de la primera guerra mundial y anuncia los cambios radicales del siglo XX.

C. P.

Bibliografía

Abadie-Reynal, C., Céramique et commerce dans le bassin égéen du IVe au VIIe siècle, en : Hommes et richesses, vol. 2, Paris 1989, p .143-159.

 Balard, M., La Romanie génoise (XIIe-début du XVe siècle), vol. 1-2, Roma-Génova, 1978.

Dagron, G. – Feissel. D., Inscriptions de Cilicie, Paris 1987.

Gerolymatou, M., Marchés, marchands et commerce à Byzance (IXe-XIIe siècle), (Institut de Recherches Byzantines. Monographies 9), Atenas 2008 (en griego).

Gerolymatou, M., Activité commerciale pendant les siècles obscurs, en : The Dark Centuries of Byzantium (7th-9th c.), Atenas 2001, p. 347-364 (en griego).

Laiou, A., Economic and Noneconomic Exchange, Seventh-Twelfth Centuries, en : The Economic History of Byzantium from the Seventh through the Fifteenth Century, ed. A. Laiou, vol. 2, Dumbarton Oaks, Washington D.C. 2002, p. 681-770.

Matschke, K.-P., Commerce, Trade, Markets and Money, Thirteenth-Fifteenth Centuries, en :  The Economic History of Byzantium from the Seventh through the Fifteenth Century, ed. A. Laiou, vol. 2, Dumbarton Oaks, Washington D.C. 2002, p. 771-806.

Morrisson, C. - Sodini, J.-P., The Sixth-Century Economy, en  : The Economic History of Byzantium from the Seventh through the Fifteenth Century, ed. A. Laiou, vol. 1, Dumbarton Oaks, Washington D.C. 2002, p. 171-220.

Oikonomidès, N., Hommes d'affaires grecs et latins à Constantinople (XIIIe-XVe siècle), Montreal - Paris 1979.

Sodini, J.-P., Productions et échanges dans le monde protobyzantin (IVe-VIIe siècle): le cas de la céramique, en : Byzanz als Raum. Zu Methoden und Inhalten der historischen Geographie des ostlichen Mittelmeerraumes, ed. K. Belke – F. Hild – J. Koder – P. Soustal, Viena 2000, p. 181-208.



Notice: Undefined variable: dans_accueil in /srv/data/web/vhosts/www.qantara-med.org/htdocs/public/include/doc_footer.php on line 72