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Qantara - Los hafsidas (1228-1574)
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Los hafsidas (1228-1574)

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De todos los sucesores de los almohades, los hafsidas son sin lugar a dudas los que más reivindican su legado. En efecto, la dinastía procede de los hintata del Alto Atlas, una tribu beréber cuyo jefe Abu Hafs Umar era uno de los más fervientes apoyos de Ibn Tumart y del primer califa almohade Abd al-Mumin. Los miembros del clan hafsida siempre se encontraron entre los altos dignatarios del régimen almohade, y algunos se sucedieron a la cabeza de la provincia de Ifriqiya desde principios del siglo XIII. En 1228, después de que el califa almohade al-Mamun hubiese renunciado al culto del Mahdi ibn Tumart y masacrado a un gran número de altos notables almohades, Abu Zakariya Yahya, el fundador de la nueva dinastía, rompe con el soberano de Marrakech. Sin proclamarse califa, el primer hafsida instaura una autonomía de hecho con el poder almohade. Su hijo y sucesor Muhammad (1249-1277), confirma su independencia con respecto al califa de Marrakech, por aquel entonces en plena decadencia, y reivindica el califato adoptando el laqab (sobrenombre honorífico) de al-Mustansir bi-llah. Los hafsidas heredan la mitad oriental del antiguo imperio almohade, que se extiende desde la Tripolitania hasta el valle del Chélif. En 1270, el joven poder de Túnez se enfrenta a la cruzada de San Luís que ataca Ifriqiya  tras el fracaso de su campaña egipcia. La aventura de los cruzados se salda con un fracaso y el monarca francés muere en Cartago.

A partir de finales del siglo XIII, el poder hafsida de Túnez atraviesa una larga fase de debilitamiento político. La autoridad de los soberanos de Túnez es rechazada primero por otros miembros del clan hafsida, principalmente asentados en Bugía y en Constantina. El declive del poder central permite el desarrollo de fuerzas tribales, sobre todo las de los nómadas árabes, que forman varias pequeñas dinastías locales en las franjas meridionales del espacio hafsida, en particular en Biskra, Gafsa, Gabes o Trípoli. Paralelamente a las dificultades internas, las autoridades de Túnez se ven obligadas a hacer frente a las ingerencias de los reinos cristianos, en particular el de Aragón, reforzado por su nueva conquista siciliana.

A mediados del siglo XIV, la Ifriqiya hafsida se enfrenta a las tendencias expansionistas de los marinidas. Abu l-Hasan logra ocupar brevemente Ifriqiya en 1349, pero la campaña fracasa. Al mismo tiempo, el país sufre los estragos de la peste negra y sus terribles consecuencias demográficas. Pero la restauración hafsida durante la segunda mitad del siglo XIV es el preludio de un período de fasto en la historia de la dinastía con la sucesión de los dos reinos, largos y estables, el de Abu Faris (1394-1434) y el de Abu Amr Utman (1434-1494).

El legado almohade resulta muy fructífero en la experiencia hafsida: el régimen político se apoya primero en una aristocracia compuesta por dignatarios de tribus almohades, que proporcionan los grandes jefes militares. La administración central incluye también un diwan (oficina) de cancillería; la gestión de las finanzas públicas (ashghal) le corresponde a menudo a funcionarios de origen andalusí, encargados de supervisar bienes habous (bienes de mano muerta) y de la fiscalidad.

A nivel religioso, los primeros hafsidas muestran su vinculación oficial a la doctrina almohade. Pero el malikismo dominante entre las élites religiosas de Ifriqiya acaba por provocar el abandono del dogma del mahdi bajo Ibn al-Lihyani (1311-1318). A partir de la segunda mitad del mismo siglo, se asiste a una renovación de la producción jurídica de los sabios malekitas, de los cuales el más conocido es Ibn Arafa (1316-1401). En la Ifriqiya hafsida nace también Abd al-Rahman Ibn Khaldun, (1332-1406), famoso historiador y teórico de la civilización (umran).

El regreso del malikismo favorece el desarrollo de la institución de la madrasa, durante largo tiempo vinculada en Oriente al contexto de la renovación suní (siglo XI-XII). En el Occidente musulmán, la primera reconocida es al-Shammaiyya fundada por el hafsida Abu Zakariya en 1238. A partir de esta fundación, surge un gran número de colegios por todo el Magreb.

Bajo los hafsidas, Túnez adquiere sus títulos de nobleza. De hecho, la ciudad debe su fisonomía a la obra hafsida: el núcleo urbano inicial se aumenta con la construcción de dos barrios periféricos protegidos por murallas. Al oeste, la Kasbah (o alcazaba) heredada de los almohades, domina la ciudad y en ella se instala la nueva dinastía. Al este de la ciudad, el acondicionamiento de un arsenal y de numerosos fundaqs para los comerciantes cristianos recuerda la vocación mediterránea de Túnez, convertida desde mediados del siglo XIII en una tierra de acogida de refugiados andalusíes.

El arte hafsida, a imagen del régimen político de la dinastía, sintetiza la tradición de Ifriqiya y las aportaciones de la época almohade. La primera y principal realización en cuanto a arquitectura religiosa se sitúa justamente en el recinto de la Kasbah almohade de Túnez. En efecto, la mezquita de la Kasbah, terminada en 1235, se compone de una sala de oración cuyas naves están cubiertas de bóvedas de arista. Los arcos en plena cimbra descansan sobre columnas coronadas por impostas, según un modo de construcción ya utilizado en la época aglabí. La zona del mihrab está ricamente decorada, en particular, por paneles de mármol esculpido o dovelas de arco bicolores. El minarete, de planta cuadrada, ornado con una decoración de red en forma de rombos y que se apoya en arcos, es de pura tradición almohade. En cuanto a la pequeña mezquita de al-Hawa, construida a mediados del siglo XIII, ofrece una sala de oración recogida, cubierta por bóvedas de arista y apoyada en soportes macizos.

La arquitectura de las madrasas hafsidas se caracteriza por su sobriedad y por un cierto parecido con la arquitectura doméstica. El edificio de la madrasa de al-Shammaiyya (1238) se organiza en torno a un patio central rodeado de pórticos y orientado a un oratorio dotado de un mihrab. A cada lado del patio, dos habitaciones cuya disposición recuerda a la del iwan iraní, se distinguen de las celdas destinadas al alojamiento de los estudiantes. Una planta similar se observa en la madrasa de al-Unqiyya (1341). En al-Muntasiriyya (1437), el patio no está rodeado de pórticos, sino que conserva el dispositivo del iwan de inspiración oriental.

Pocos testimonios arqueológicos de la arquitectura palaciega y civil hafsida han llegado hasta nuestros días. Los restos del jardín de Abu Fihr, en los alrededores de Túnez, se conocen sobre todo por la importancia de los elementos hidráulicos, en particular, un gran estanque alimentado por una derivación del acueducto romano de Cartago, una obra restaurada por el hafsida al-Mustansir.

Algunas casas de Túnez se consideran de la época hafsida. Construidas en sillería y realzadas con mármol, estas casas ofrecen una planta dispuesta en torno a un patio central desprovisto de pórtico. Los locales de servicio (cocina, letrinas o trastero) se relegan a un espacio anexo, con o sin pequeño patio interior. Una reserva alimentaria y un dispositivo hidráulico (pozo o cisterna) completan el conjunto. 

Las artes mobiliarias hafsidas apenas se conocen por el momento. En los hallazgos arqueológicos de la Kasbah en Túnez, destaca la importancia de las cerámicas en azul y marrón, imitando las producciones españolas del lustre metálico. La asociación del azul de cobalto, del marrón manganeso sobre fondo blanco estannífero permitió obtener interesantes efectos de policromía. Los estilos decorativos son variados y recurren tanto a la geometría como a la flora, sin olvidar importantes escenas figurativas.

A finales del siglo XV, la dinastía hafsida pasa de nuevo por un período de declive político. Los diferentes soberanos que se suceden en el trono luchan contra los corsarios turcos instalados en Argel. La historia hafsida toca a su fin con la conquista otomana de Túnez que, en 1574, se convierten en la capital de una nueva provincia otomana.

Y.B



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