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Qantara - Motivos animales
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Qantara Qantara

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Motivos animales

En Bizancio

Los motivos animales forman parte del rico repertorio de ornamentos que desde época muy temprana están asociados al arte bizantino. Aunque su uso es menos frecuente que el de los motivos geométricos y vegetales, adquieren una importancia considerable en el arte paleocristiano. Los magníficos mosaicos de pavimento de las iglesias paleocristianas, los mosaicos y pinturas murales, los capiteles de las columnas y los sarcófagos suelen estar adornados por una combinación de elementos geométricos, vegetales, florales y animales destinada a recrear un universo, en ocasiones fantástico e irreal, de alto valor simbólico.

Las representaciones de aves de toda clase (iglesia San Jorge de Tesalónica), animales marinos (basílica de Aquileo) y animales exóticos procedentes de países lejanos (Plaza Armerina en Sicilia, Gran palacio de Constantinopla) componen paneles enteros o son parte de escenas de caza y circo, o de la vida ciudadana y campestre, o bien mitológicas, así como de representaciones de las estaciones, los meses, los signos del zodíaco y los planetas. Hasta finales del siglo iv y principios del v, la Iglesia admite estos temas en los muros y las bóvedas de los edificios de culto, y los tolera hasta mucho después en los pavimentos. Desde luego, eran frecuentes los temas con significado teológico. Al prohibirse la representación figurada en los pavimentos por respeto a los personajes sagrados, se intensifica el uso de temas con motivos vegetales y animales, altamente simbólicos, en su reemplazo: el cordero y el pez como símbolo de la encarnación y del sacrificio de Cristo, aves bebiendo a ambos costados de la fuente de la vida, animales y aves comiendo uvas en un paisaje paradisíaco, patos y peces representados en las aguas de los cuatro ríos del paraíso (Tayibat al-Imam en Siria).

Más adelante, los motivos animales perderán considerablemente su alcance simbólico y tomarán un sentido más decorativo, narrativo o explicativo. Durante el período de la crisis iconoclasta y ante la presión de los árabes y los judíos, dos pueblos de tradición anicónica, las representaciones de personajes sagrados cedieron lugar a figuraciones de pájaros, animales fantásticos y motivos vegetales, todos ellos combinados en escenas de carreras, caza o hipódromos. Esta tendencia ornamental adoptada en la decoración de las iglesias también se manifestó en las artes menores; numerosos textiles, objetos de marfil y esmaltes presentan adornos con motivos de animales fantásticos. Al final de la crisis iconoclasta y durante el posterior renacimiento artístico y cultural que caracterizó a la dinastía macedónica, se volvió a usar la iconografía religiosa para ornar los muros de las iglesias. Sin embargo, los temas profanos se siguieron utilizando en los palacios imperiales y en pequeños objetos, debido al interés por la literatura, el arte y la ciencia antiguas que manifestaban los medios eruditos de la capital. En los últimos tiempos del arte bizantino, los motivos animales siguieron estando presentes aunque de forma mucho menos espectacular. Su función residía esencialmente en ayudar a explicitar más la narración.

Su uso en los manuscritos bizantinos era muy habitual. Como elementos decorativos, se los encuentra en los bordes de las imágenes ornamentales, en los márgenes del texto y en las iniciales iluminadas. Las arcadas y los cuadros policromos suelen estar rematados —o bien decorados en sus costados, fuera del marco arquitectónico— por figuras de aves y animales reales o fantásticos. El decorado de las Tablas de los cánones presenta grandes arcadas y cuadros rectangulares que evocan suntuosos tapices, en los que se observan pavos reales, papagayos, elefantes, camellos o grifos enfrentados a ambos costados de una planta o de una fuente, en la parte superior de uno de los cuadros ornamentales, mientras que elefantes, leones, caballos y asnos se transforman en capiteles para soportar el peso de un arquitrabe[1]. Las iniciales situadas al inicio de un capítulo o de un párrafo también suelen estar decoradas con motivos animales. Perdices, papagayos, pavos reales, cigüeñas, serpientes, panteras, leones y grifos se entremezclan, se unen o se enfrentan, componiendo la forma de las letras. En otros casos, la representación de los animales crea un soporte visual necesario que acompaña ya sea textos teológicos (como las Homilías de Gregorio de Nazienzus[2]), que aluden directa o indirectamente a escenas campestres o a las estaciones, o textos científicos relativos a las enfermedades de los animales (manuscritos hipiátricos) o a los distintos remedios para su cura[3].

E. Y.

Nota


[1] París, BnF gr. 64

[2] París, BnF gr. 550

[3] París, BnF, Nicandre suppl. gr. 247



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