Desde los primeros tiempos, el arte en el Imperio Romano de Occidente se caracterizó por un variado repertorio ornamental que se empleó sobre toda clase de soportes, empezando por los mosaicos de pavimento y la escultura arquitectónica, para luego aplicarse en los muros de las iglesias y las artes menores. Los motivos geométricos, animales, florales y vegetales ejercen una triple función, didáctica, simbólica y decorativa, que los hace indispensables. En los manuscritos, estos motivos suelen acompañar los textos, actuando como separadores visuales que facilitan y orientan la lectura. Así, vemos motivos geométricos, animales, florales o vegetales que marcan el inicio o el final de un capítulo o de un pasaje, resaltan el contorno de una miniatura o realzan una inicial.
Los estudios de las formas y los motivos señalan los cambios en la ornamentación y su evolución permanente desde el arte paleocristiano hasta el fin del arte bizantino. El inventario de motivos establecido permite distinguir tres grupos principales: los motivos geométricos, los motivos animales y los motivos compuestos florales y vegetales. En la época paleocristiana, el repertorio ornamental se basaba en el empleo de largos frisos de motivos geométricos, franjas de gamas y perlas, frisos de círculos, grecas, guirnaldas y rameados, todo ello asociado a motivos animales y siempre dotado de un significado simbólico. Pese a que el vocabulario decorativo se haya enriquecido con nuevos elementos a través de los siglos, los motivos de la época paleocristiana siguieron empleándose durante todo el período bizantino. Las nuevas creaciones se debieron en parte a la evolución de la propia decoración y en parte a la influencia del arte islámico.
El contacto con el islamismo durante el siglo viii hizo que la decoración ornamental del arte bizantino adoptase elementos orientales. La mayoría de las semejanzas se han encontrado en obras del arte omeya que sucedió al arte sasánida y que precedió al arte islámico propiamente dicho (abasí y fatimí). Podríamos citar una gran cantidad de dibujos y motivos ornamentales que demuestran la relación entre ambos estilos (el árbol de la vida, las palmetas partidas o aladas encerradas en rombos o círculos, los motivos de liras enfrentadas y los elementos acorazonados).
El florecimiento de la decoración ornamental es muy perceptible a partir del renacimiento macedónico y corresponde a un período de auge de la actividad artística. Del siglo ix al xi, la evolución del arte ornamental no sufrió muchas transformaciones. Se emplean relativamente pocos motivos, que permanecen vinculados a las antiguas tradiciones. A partir de principios del siglo xii, el vocabulario ornamental se modifica debido a nuevos elementos estilizados pero habrá que esperar la época de los paleólogos para asistir a un auténtico renacimiento con elementos extravagantes, fantásticos y pseudonaturalistas. Las artes menores, los textiles, la escultura y muy especialmente la orfebrería sin lugar a dudas ayudaron a renovar el repertorio ornamental.
Los motivos florales y vegetales son los más utilizados en la decoración ornamental. Pese a cierto grado de estilización y esquematización, pueden considerarse como una creación ex nihilo de los artistas bizantinos. Algunos motivos florales heredados del pasado se enriquecieron con elementos nuevos y adquirieron una sólida presencia: rameados, palmetas, motivos acorazonados, florones y figuras entrelazadas. Utilizados por lo general en franjas horizontales o verticales, en vez de decorar grandes superficies, estos motivos abundan en mosaicos, frescos y manuscritos hasta el final del arte bizantino. Los motivos geométricos siguieron formando parte del vocabulario decorativo. De trazo sencillo o estilizado, se empleaban principalmente para marcar los bordes de los elementos arquitectónicos o para delimitar mejor y enmarcar distintos temas iconográficos. Por último, los motivos animales se emplearon desde la época paleocristiana, aunque mucho menos que en el arte occidental. Animales, aves y seres fantásticos decoran numerosos pavimentos, capiteles o sarcófagos, componen las iniciales iluminadas, enmarcan los cuadros ornamentales o adornan los márgenes de los manuscritos bizantinos. Su función no es meramente ornamental, sino simbólica.
E. Y.
La ornamentación se emplea en islam en todo tipo de objeto y materia: utensilios de cerámica, vidrio y metal, edificios de piedra o ladrillo, decoraciones arquitectónicas de estuco o mosaico, libros, tejidos… Una de las características de la ornamentación islámica es la unidad de las decoraciones empleadas: los motivos, ya sean vegetales, geométricos, epigráficos o figurativos, se utilizan de manera indiferenciada, independientemente del soporte. Al poner en obra diversos medios, con el fin de decorar el soporte en su totalidad, el horror vacui también se definió como característica de la ornamentación islámica.
Si el islam se inscribe en la continuidad de las tradiciones antiguas, mediante el empleo de los motivos vegetales y geométricos, la ruptura se sitúa a la vez en la transformación de estos motivos, pero igualmente en la situación central que se les reserva. Dibujos geométricos, vegetales y epigráficos ya no son motivos menores, que adornan una representación cuya situación central se atribuye a una escena figurativa, sino ornamentos autónomos, exentos de cualquier exigencia figurativa. Aunque la ornamentación islámica no prohíbe la representación figurada, la destierra de los edificios u objetos de vocación religiosa.
Motivo vegetal
El arabesco, típico del mundo musulmán, es la consecuencia de una estilización extrema, que roza la abstracción, de motivos vegetales naturalistas procedentes del repertorio antiguo (palmetas, hojas de acanto, racimos de uva o follajes de viñas). Estas formas vegetales, sometidas a la curva y a la contracurva, se descomponen y, a continuación, se reorganizan. El tallo, con movimientos sinusoidales, puede reproducirse indefinidamente en combinaciones simétricas, según ejes horizontales o verticales. Los vacíos se rellenan con palmetas o semipalmetas. A partir de las invasiones mongolas, sin embargo, comienza una vuelta al naturalismo, iniciado en Irán con la representación de gavanzas, claveles y tulipanes, con largas hojas ligeramente perfiladas y dentadas.
Motivo geométrico
Las figuras geométricas alcanzan una sofisticación extrema, ya que ya no se consideran, como era el caso en la Antigüedad, como figuras perfectas, sino como formas abiertas susceptibles de generar otras figuras. Los motivos geométricos son muy a menudo fraccionados, recompuestos y entrelazados. Las tres figuras principales son el círculo, el cuadrado y el triángulo. Los cuadrados y los rombos, de tamaños variados, se combinan en diferentes direcciones para formar polígonos o estrellas. El círculo puede emplearse solo, como motivo único, o repetirse e imbricarse; algunas de sus secciones son a veces obliteradas, con el fin de formar motivos originales.
Motivo epigráfico
El uso de la epigrafía a título de ornamento es absolutamente original y se debe, sin duda, al prestigio asociado, en islam, a la práctica de la escritura – transcripción de la palabra divina. La caligrafía se convierte en un arte y una ciencia, ya que el Corán debe escribirse lo más a menudo posible y lo mejor posible. Los ornamentistas supieron explotar la elegancia y el valor decorativo de los caracteres árabes, inventando estilos muy variados, siendo los principales el cúfico, escritura angulosa y austera, y el naskhi, escritura cursiva. Contrariamente a los demás ornamentos, cuya significación es de naturaleza esotérica, el motivo epigráfico transmite un mensaje comprensible, al menos para todos aquellos que saben leer. No obstante, la lectura es a veces difícil, o incluso imposible. En realidad, el empleo de la epigrafía ornamental no responde solamente a una función de enunciación, sino que tiene igualmente una función visual, que manifiesta la palabra de Dios y, por extensión, su presencia.
Motivo figurado
A excepción de algunas representaciones del Profeta, con velo o representado más tarde con la cara descubierta, las escenas figurativas son profanas: príncipe como majestad, escenas de caza, de batalla, de borrachera con bailarinas y músicos… El bestiariomedieval es extremadamente variado: fieras, rapaces, dragones, esfinges o harpías son los animales representados más a menudo. De inclinación más bien naturalista originalmente, la representación va a evolucionar progresivamente hacia el dibujo semiabstracto. Así, si se conserva la forma general del animal, los detalles físicos, como las plumas o los pelos, se dejan de lado para sustituirlos progresivamente por ornamentos. La silueta del animal se adapta a menudo a la forma del objeto, induciendo un efecto de distorsión.
Según Oleg Grabar, la importancia primordial del ornamento constituye la especificidad del arte en islam, donde el «modo ornamental» es una manera de borrar el mensaje para dejar paso al placer sensual, así como confiar al espectador la decisión de su interpretación.
J. B.
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