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Píxide de Zamora

Comanditario: Al-Hakam II

  • Título / Denominación : Píxide de Zamora
  • Autor : realizado bajo la dirección del esclavo al-Durrî
  • Lugar de producción : al-Andalus, Córdoba
  • Lugar de hallazgo : España, catedral de Zamora
  • Fecha / Periodo : 353 H. / 964 d.C.
  • Material y técnica : marfil; decoración esculpida, plata dorada grabada y nielada
  • Dimensiones : Altura: 18 cm; Diámetro: 10,3 cm
  • Ciudad de conservación : Madrid
  • Lugar de conservación : Museo Arqueológico Nacional
  • Número de Inventario : 52113
  • Inscripción :

    En la base de la tapa, en grafía cursiva: “La bendición de Dios para el Imam Abd Allâh al-Hakîm al-Mustansir bi-llah, príncipe de los creyentes. Esto es lo que ordenó que se le hiciera a la señora madre de Abd al-Rahmân por mediación de al-Durri el Chico. Año 353”.

El marfil es un material utilizado desde la Antigüedad en el Mediterráneo. En época medieval fue empleado tanto en los reinos cristianos como en el imperio islámico. El marfil de al-Andalus, importado principalmente de África, era un material muy caro, de modo que estaba reservado a obras destinadas a personajes de la alta sociedad. Las producciones andalusíes están influenciadas por la importación de objetos de lujo bizantinos o persas. La época dorada de este arte en al-Andalus fue el siglo X y XI, debido al contexto político[1].

Este bote, que refleja la gran calidad eboraria de la época, está esculpido en un colmillo de elefante. De forma cilíndrica, tiene una tapa troncocónica coronada por un botón gallonado. La caja y la tapa están unidas por una bisagra de plata trabajada a buril y esmaltada en negro. Este tipo de botes, denominados píxides, eran frecuentes en la Grecia antigua, donde se realizaban en distintos materiales (bronce, madera, marfil, plata). En ellas se guardaban joyas, medicinas, incienso o cosméticos. Posteriormente las asimiló el arte bizantino, y a través de él pasaron al arte hispano-musulmán. Una característica de las píxides andalusíes es el botón gallonado que corona la tapa, que se ha venido interpretando como un fruto (una clementina o una granada).

Al igual que la mayor parte de las piezas de marfil realizadas en los siglos X y XI, su decoración tallada y muy ahuecada crea impresión de densidad en toda su superficie. Con la llegada de los Almorávides y Almohades esta técnica desaparece de al-Andalus y se sustituye por la taracea o por el marfil pintado. El repertorio decorativo comprende fundamentalmente motivos vegetales  en los que se insertan animales afrontados o espaldados (pavos reales, gacelas, pájaros) o escenas de descanso, bebida…

Esta píxide sigue la norma: longitud de los ejes verticales, tallos, palmas y hojas dispuestas en espejo. En esta vegetación exuberante y rigurosa se sitúan cuatro pares de gacelas adosadas, por encima de las que hay el mismo número de delicados pavos afrontados con penachos estilizados, sobre los que, a su vez, hay pájaros espaldados cuyas cabezas, vueltas hacia atrás, están afrontadas. Las florecillas de cuatro o seis pétalos, con botón central, son un elemento característico del clasicismo cordobés. Toda la decoración está ejecutada en una labor profunda, de corte a pico, estriados los tallos y biseladas las hojas. Este tipo de decoración en la que se mezcla ataurique y animales se empleaba en los objetos destinados a las mujeres de la familia del soberano o de los príncipes. La tapa, en cuya base hay una inscripción cúfica, tiene también decoración vegetal con pájaros afrontados. La inscripción nos informa de que esta pieza fue comandada por el califa al-Hakam II para su favorita, Subh, madre de los príncipes ‘Abd al-Rahmân y Hishâm. Al-Durrî, que está mencionado en el proceso de realización, era un esclavo de al-Hakam II de origen eslavo, encargado del control de la fabricación de algunos objetos suntuarios realizados en los talleres reales.

Esta pieza es un claro ejemplo del refinamiento de la alta sociedad y de los soberanos andalusíes en la época del califato de Córdoba, que no hacían sino emular e incluso sobrepasar el lujo de la sociedad abbasí, a su vez heredera de la magnificencia omeya y de las antiguas cortes de Persia, China o India.

Nota

[1] ‘Abd al-Rahmân III, frente a la expansión de los fatimíes en el norte de África, se hizo con el apoyo de varios gobernadores magrebíes. La empresa política y el control económico ejercido por el califato de Córdoba sobre los territorios magrebíes posibilitó el control del comercio de materias primas, principalmente de las de alto valor, entre las cuales se encontraban el marfil y el oro del oeste africano, cuyas vías de difusión pasaban por el norte de África.

Bibliografía del objeto

Ferrandis, J., Marfiles árabes de occidente, 1935, p. 56-8.

Galán y Galindo, A., Marfiles medievales del islam, Cajasur, 2005, 2 vols.

Gómez Moreno, M., « Los marfiles cordobeses y sus derivaciones », in Archivo Español de Arte y Arqueología, III (1927), p. 77-79, nº 164.

Kuhnel, E., Die islamischen Elfenbeinskulpturen, VIII.-XIII. Jahrhundert, Berlin, 1971, p. 35, n°22.

Martín Benito, J.I. ; Regueras Grande, F., « El Bote de Zamora: historia y patrimonio », in De Arte, 2, 2003, p. 203-223.

Montoya Tejada, B. ; Montoya Díaz, B., Marfiles cordobeses, Cordoue : Real Academia de Córdoba, de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes, 1979, p. 24-27.

Las Edades del Hombre. Remembranza, Iglesia de El Carmen de San Isidoro, Santa Iglesia Catedral, Zamora, 2001, p. 65.

Momplet Míguez, A., El arte hispano-musulmán, Madrid : Encuentro, 2004, p. 244-272 (Marfiles por Noelia Silva Santa-Cruz).

Zozaya, J., M.A.N., Guía General, 2ª ed., Madrid, 1996, p. 199.



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